viernes, 7 de diciembre de 2007

EN CARTELERA: MR. BROOKS * * 1/2

Kevin Costner regresa después de una larga ausencia (la cual, no me tenía muy preocupado que digamos) en Mr. Brooks (E.U., 2007), relato de suspenso psicológico que no acaba funcionando tanto como pretende. Estamos ante apenas el segundo largometraje de su realizador, Bruce A. Evans, su primer trabajo después de haber dirigido (hace poco más de 15 años) otro thriller, Kuffs (1992). Mientras, Evans se ha dedicado a la escritura de guiones, en donde se puede reconocer tiene buenas ideas, pero no la suficiente habilidad para dirigir y hacer más interesante un filme como Mr. Brooks.

Mr. Brooks (Costner) es un empresario exitoso, dueño de una fábrica de empaques, quien ha sido nombrado “hombre del año” por la comunidad empresarial en Los Ángeles. Una gran residencia, una esposa guapísima, dinero, aprecio, reconocimiento, una hija en apariencia intachable,... todo parece ser perfecto en la vida del Sr. Earl Brooks, hasta que descubrimos que este hombre, con facha de intelectual, en realidad lleva una doble vida como asesino serial. Es un personaje interesante, de tintes obsesivos compulsivos, esquizofrénicos, en esas alucinaciones que tiene de su alter ego, encarnado por un magnífico William Hurt, robándose por completo el filme en una sencilla pero intensa participación, como la presencia sólo visible para Brooks que lo acecha de manera constante, y le dirá cómo, cuándo y dónde cometer su siguiente crimen, e incluso, hasta cuándo podrá parar.

Sin embargo, la meticulosidad y cuidado que Brooks pone en cada uno de sus asesinatos, se verá alterada cuando, sin darse cuenta, sea observado por un "voyeur", después de asesinar a una pareja en pleno acto sexual. Por supuesto, la hitchcockiana trama -escrita por el mismo Evans- nos llevará al inevitable chantaje del que será objeto Brooks: el testigo pedirá observarlo asesinando a su próxima víctima, a cambio de no ir a denunciarlo. Lo malo es que Brooks está harto de esta doble vida, desea retirarse y dejar de matar. En tanto, una atractiva detective (Demi Moore) se encuentra tras la pista de Brooks, y lidiando con problemas personales.

Quizás la falla más evidente de la película, no sea tanto la floja historia concebida por Evans, que llega un momento a ponerse aburrida, sino el tratar de meter por la fuerza -de forma paralela- la inútil subtrama de la detective. Es verdad que todos los problemas maritales de Tracy, la detective, al final tendrán una justificación en la trama, de alguna manera se cruzarán en el camino de Brooks y entenderemos un poco más los móviles que lo llevan a matar. Pero hasta que no llega ese momento, la subtrama de Tracy estorba e impide que la historia de Brooks pueda ser más atractiva y desarrollarlo más como personaje.

El final es abierto, corta de tajo la historia, y esos créditos finales que emulan una antigua teleserie policiaca me gustaron. Sabemos que no hay salida para el torturante estado psicológico de Mr. Brooks, para esa espiral interminable de violencia y muerte que ha iniciado y de la que, por más que quiera, ya no podrá salir. Por más cuidado y limpieza que haya tenido siempre, lo peor será la pesadilla de ver a su familia manchada por la sangre que ha derramado.

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