domingo, 30 de junio de 2013

A DANGEROUS METHOD * * *

EL DOCTOR ESTÁ EN SESIÓN.
Michael Fassbender y Keira Knightley en plena sesión psicoanalítica.

Inusual película de David Cronenberg, quizás la menos cronenbergiana de toda su filmografía (todavía no he visto Cosmopolis, la última película de Cronenberg, que según he escuchado es una tediosa y monótona decepción para los seguidores de la filmografía del realizador canadiense). A Dangerous Method (2009) está basada en la obra teatral de Christopher Hampton, que narra la relación entre Carl Gustav Jung (sorprendente y contenida actuación de  Michael Fassbender), alumno de Sigmund Freud, y Sabina Spielrein (más sorprendente y genial Keira Knightley), su paciente ruso-judía. Estamos en Zürich, en 1905. Jung sometió a Spielrein a terapias freudianas para curar su histeria, sus sexopatologías y comportamientos obsesivos-compulsivos. Por otro lado, estuvo interesada en convertirse en psicóloga y proponer sus propias teorias sobre el comportamiento infantil. Asesinada por los nazis en 1942, la relación entre Sabina Spielrein y Jung pasó de ser de doctor-paciente a una sentimental-sexual, constituyendo un gran dilema ético, moral (nuestro doctor era casado) y profesional para Jung.

Cronenberg ha tenido la total intención de enjuagar de todo viso de emoción y sentimentalismo a su película. Es grisácea, seria y de una desconcertante sobriedad emocional entre sus personajes.  Aunque a Cronenberg le interesó más que nada hacer una exploración tanto física como mental de la sexualidad humana, es posible que al final dichas intenciones hayan quedado apagadas por el peso histórico de sus personajes, que cae casi en lo reverencial. Tenemos a un joven Sigmund Freud, con una imagen varonil y no excenta del sexappeal que, irremediable e involuntariamente, Viggo Mortensen acaba por imprimirle. Está alejada de la imagen clásica del Freud serio, viejo y con puro en mano a la que estamos acostumbrados. De todos modos, Viggo Mortensen ofrece una  muy buena actuación. Las actuaciones   son el principal sostén de un filme que parece, más que nada, una lección universitaria de psicología; un filme de carga didáctica. No importa que Vincent Cassel esté ahí, con su diabólica presencia, tentando como el mismo satanás a Jung, con teorías liberales sobre el sexo como principal impulso natural, que debe ser satisfecho sin importar las consecuencias. Es un filme perfecto para estudiantes de psicología.

Estudiantes y, por qué no, gente interesada en teorías freudianas del sueño, símbolos, el subconsciente, etc., los cuales encontrarán el filme sumamente interesante. Pero aquellos que buscan algo más, tal vez encuentren el filme poco menos que decepcionante. Es en extremo dialogado, sin mucho drama de por medio y, debido a su fuente principal, más cercano a una puesta teatral que a una experiencia cinematográfica. La actuación de Keira Knightley es de las mejores que he visto en su carrera. Visceral, en ocasiones perturbadora, inquietante y arriesgada. Es lo que salva un filme cuyo tema también fue retratado en Prendimi l'anima (2002), el polo opuesto de la película de Cronenberg, con la misma historia pero contada de una manera melodramáticamente más interesante y con un final sobrecogedor. 

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