viernes, 19 de abril de 2013

JACK THE GIANT SLAYER * *

Sigue la tendencia de Hollywood de retomar cuentos de hadas clásicos, succionarles todo el encanto que originalmente tienen, y acabar por estropearlos. En estas versiones postmodernas, los protagonistas lucen como superhéroes luchando contra el mal, como sucedió con Hansel & Gretel: Witch Hunters (que no he visto, pero se que ha sido un fracaso con la crítica). Otra afrenta a un cuento que, originalmente, es una agradable cuento de hadas, Jack and the Beanstalk, transformada en Jack the Giant Slayer (2013) dirigida por Bryan Singer. No hay nada por lo cual emocionarse al respecto, ya   que estamos quizás ante la peor película de su filmografía. Si se quiere ver a un grupo de aburridos y estúpidos cavernícolas gigantes perseguir y engullir humanos, vestidos en ridículas armaduras, esta película sin duda es para usted.

El trailer resultó engañoso. Nos trató de vender una película de fantasía que prometía mucha magia, acción y una atrayente revisión del cuento clásico escrito a principios del siglo XVIII. Lo peor, es que Jack (Nicholas "About a Boy" Hault) está lejos de ser el caza gigantes del título, un humilde granjero que hace el peor negocio de su vida, al cambiar un caballo por un puñado de, aparentemente, comunes y corrientes habichuelas (¿O eran frijoles? !Da lo mismo!). El cataclísmico problema vendrá cuando dichas semillas leguminosas hagan brotar un gigantesco árbol que crecerá hasta el cielo, una escalera al mundo de unos gigantes que han tomado prisionera a una hermosa princesa (Eleanor Tomlinson).

Ni Ewan McGregor, interpretando al "guardaespaldas" real de la princesa, ni Stanley Tucci, como el consejero y brazo derecho del rey (Ian Mcshane), salvan el show. Tucci tiene una buena actuación a pesar de todo y es quien se roba el filme. Pero toda la idea de agrandar la historia, con una tribu de gigantes neanderthalescos, se siente poco original y como tomada de los cíclopes de Wrath of the Titans. Ninguno da para uno o dos personajes interesantes (el gran Bill Nighy le da voz al líder bicéfalo). En general, una decepcionante película, aburrida más allá de su primera mitad, sin alma ni humor, y tan sólo ligeramente emocionante hasta su final.

"PEQUEÑO" PROBLEMA EN LAS ALTURAS.
Ewan McGregor, Eleanor Tomlinson y Nicholas Hoult.

miércoles, 17 de abril de 2013

TINKER TAILOR SOLDIER SPY * * * * *


SOSPECHOSOS COMUNES. Un traidor dentro de un equipo de espionaje
ha puesto en riesgo una importante misión. 

La novela de espionaje del prestigiado John le Carré, ya había sido adaptada en 1979 en la forma de miniserie televisiva, protagonizada por Alec Guinnes. Las riendas en la dirección en esta su primera adaptación al cine, sorpresivamente, no han sido asignadas a un británico, sino a un sueco, Tomas Alfredson (director de la original Let the Right One In). A pesar de todo, el filme se siente como dirigido por un realizador británico, además de demostrar una gran habilidad para conseguir una soberbia película  de espionaje . El logro de Alfredson va más allá de haberse sumergido plenamente en una historia de espías más británica que otra cosa, el cual es haber conseguido un filme de espias intrigante y lleno de suspenso,  con poca o nula acción genérica a lo Hollywood. 

El reparto es como un menú de lo más histriónicamente selecto del cine británico. A la cabeza está  John Hurt como Control, el jefe de un equipo de élite formado por Tobey Jones, Ciarán Hinds, Colin Firth y, el protagonista, Gary Oldman, a quien por fin se le hace justicia dándole un protagónico. Su actuación es otra muestra de su camaleónico talento. Oldman es George Smiley, agente que tendrá que investigar, más como deber moral que profesional, cuándo, cómo y dónde fue a infiltrarse un "topo" (o  espía infiltrado) dentro del equipo. Dicho traidor frustró una misión secreta, y causó que un agente (Mark Strong) cayera abatido en Budapest. Para Smyley todos son sospechosos.

Tinker Tailor... es la contraparte del cine de espionaje palomero a lo James Bond. Está más enfocada en un ritmo mesurado; en un enfoque y visión más artísticos. En ese sentido, el diseño de producción y dirección fotográfica son geniales, el primero cuidado al detalle y el segundo con una paleta y tratamiento cromático que dan a la película un look de cine de los 1970. Entre toda la galería de "sospechosos" comunes (cuyos nombres código son los que dan el largo título a la historia) acaba destacando Gary Oldman, en una actuación contenida y reservada pero fascinante. Sabe cómo esconder, detrás de su tranquilo e imperturbable rostro, una cascada de misterios y secretos. Ni la más mínima gota de whiskey podrá arrancar -o quizás sí, un poco- uno sólo de ellos.

Este juego de espías jugando a espiarse a sí mismos, en donde no hay lealtades sino un juego de sobrevivencia exquisito en la Guerra Fría, se mueve a contracorriente entre flash backs (constantes escenas de un baile y borrachera en una fiesta de Navidad muy reveladora) y uno que otro giro en la narración. La narración está un poco en la cuerda floja en cierto momento de la historia (tiene que ver con el personaje de Mark Strong), pero Alfredson rescata su fina soltura y coherencia. Tom Hardy demuestra que puede actuar en serio, en el papel secundario de un ex agente en pleno debate emocional. El desenlace está editado con habilidad, con un sólo objeto (un encendedor) uniendo todos los cabos sueltos en la historia.

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