miércoles, 2 de agosto de 2017

DUNKIRK * * * 1/2

Nolan narra un episodio poco conocido de la SGM.
Creo que estoy dentro de la minoría que quizás no considera Dunkirk la gran película de guerra que todos esperábamos del visionario Christopher Nolan. Como gran defensor y apasionado del formato IMAX, Nolan ha filmado Dunkirk en 70mm. Definitivamente, es un filme que debe de verse en una pantalla enorme. Gracias a la gran dirección fotográfica de Hoyten Van Hoytema, la película llega a ser visualmente impresionante. Las batallas aéreas, literalmente, te envuelven en una serena y sublime profundidad azul. Algo es cierto: Dunkirk está muy alejado del clásico filme de guerra patriotero Hollywoodense. Es de agradecerse. Es el relato sobre la defensa y evacuación de la región francesa que da título al filme, durante la Segunda Guerra Mundial, contado desde tres frentes (el aéreo, con Tom Hardy interpretando a un piloto británico, que ofrece momentos de pura adrenalina; en tierra, con la evacuación de miles de soldados y heridos al mando de Kenneth Branagh, encarnando a un comandante teniendo que lidiar con la falta de suficientes barcos para la operación; y el de un joven y silencioso soldado, quien trata de huir y sobrevivir los ataques). 

Nolan dirige al inicio con el mismo fervor realista con el que Spielberg lo hizo en su introducción de Saving Private Ryan (hay un par de escenas de bombardeos en la playa, llena de soldados, las cuales nos hacen pensar en el filme de Spielberg). Dunkirk no me retó tanto como sí lo hizo Inception o Interstellar. Si hay algo interesante y rescatable, es la "nolanezca" manera de narrar los eventos, en forma de piezas sueltas de un rompecabezas que hay que ir armando. Vemos algunas caras conocidas de habituales colaboradores de Nolan (además de Tom Hardy, también está Cillian Murphy, interpretando a un marino sobreviviente), y por supuesto, Hans Zimmer toma nuevamente las riendas en la composición de la banda sonora. El problema tal vez ha sido que Nolan se ha centrado demasiado en la parte visual, olvidándose de todo lo demás. Se nota más preocupado en ese aspecto técnico, relegando a un segundo lugar el guión. Faltan más diálogos, más ideas, y más desarrollo de sus personajes. Sin embargo, esto no evitará que sea una fuerte contendiente en los Oscares del próximo año.

NIEVE NEGRA * * 1/2

Ricardo Darín y Leonardo Sbaraglia esconden muchos secretos.
Ricardo Darín puede sostener una película él sólo sin mayor problema, de eso no hay duda. Su actuación en Black Snow (2017) es además una prueba de su probada versatilidad. Es una lástima que ahora su buena actuación no sea suficiente, para salvar una película con una premisa interesante, cierto, pero que no logra salir a flote de un letargo narrativo durante poco más de su primera mitad. Leonardo Sbaraglia y la catalana Laia Acosta cierran el triángulo protagónico, interpretando a un matrimonio, Marcos y Laura, de visita en Argentina, debido a que el padre del primero ha fallecido. Marcos desea enterrar sus cenizas en el lugar donde ocurrió una tragedia familiar durante su adolescencia: su hermano menor fue asesinado, accidentalmente, por el hermano mayor, Salvador (Darín), mientras se encontraban de cacería en el bosque. Dirigida por Martin Hodara, la narración intenta construir un suspenso que avanza demasiado lento. Pero la presencia de Darín, barbudo, de profunda mirada azul, y un afortunado pathos -que lo convierten en algo cercano a una bomba de tiempo a punto de estallar-, le agregan al asunto un aire enigmático más o menos rescatable. Las actuaciones del resto del reparto son buenas (ahí tenemos también a un ya avejentado Federico Luppi, quien guarda muchos secretos y respuestas sobre el desafortunado suceso familiar), pero las buenas ideas y la interesante premisa agarran vuelo y fuerza demasiado tarde. 

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