miércoles, 29 de junio de 2016

THE CONJURING 2 * * * *



INVOCANDO A MARILYN MANSON.
The Conjuring 2 prueba que James Wan no es un realizador que se ande mucho con rodeos. Desde el inicio, el realizador (originario de Malasia) nos sumerge de lleno en el obscuro, terrorífico, y espeluznante universo del matrimonio Warren, formado por Ed y Lorraine (Patrick Wilson y Vera Farmiga), cazafantasmas profesionales e investigadores de lo paranormal sacados de la vida real. Aunque se siente similar a la primer película (estrenada hace 3 años) al seguir su misma fórmula, es igual de buena y efectiva. La segunda parte plantea una que otra cosa nueva, así como una cuestión que puede cambiar la vida de los Warren: ¿desean seguir dedicándose a  exorcizar y limpiar casas de demonios y espíritus chocarreros? No mucho. La credibilidad de su trabajo se ha tornado frágil (con debates y confrontaciones en televisión), y las visiones de Lorraine se han ido poniendo más y más traumatizantes.

Quizás para ellos sea demasiado tarde. Tal vez este camino profesional sea difícil -si no imposible- de dejar. Prueba de ello, es que les ha caído un nuevo trabajo: la casa embrujada de Enfield, en Londres, el cual en 1977 se volvió famoso por ser el "poltergeist" más sonado e intenso de aquella época. Los Warren no están exactamente desocupados, ya que se encuentran desentrañando el misterio sobre si una fuerza diabólica fue responsable de la matanza en Amytiville. Lorraine (la psíquica del dúo) tiene visiones siniestras, en donde no nada más tendrá su primer encuentro con una entidad demoniaca (que luce como Marilyn Manson disfrazado de monja), sino con una visión sobre la posible muerte de Ed.

A pesar de estas señales y malos augurios, ambos deciden seguir, y en colaboración con la Iglesia Católica viajan a Londres para, simplemente, observar y reportear los fenómenos. No hace falta tener los poderes psíquicos de Lorraine para adivinar que las cosas no se quedarán simplemente ahí, y que acabarán involucrándose más de lo que quisieran. El motivo principal será una niña, Janet (impresionante Madison Wolfe), quien está siendo torturada y aterrada por el espíritu del hombre que falleció en la casa, y que quiere echarla a ella y a su familia de ahí.

Si en la pasada película una muñeca (que parecía la novia de Chucky), Annabelle, era el objeto que causaba terror, ahora ha hecho falta uno igual de memorable. En esta ocasión, sigue habiendo un juguete embrujado (un zootropo, propiedad del hermano de Janet), del cual sale un personaje espectral, pero no tiene el tiempo -ni protagonismo- que merece en pantalla. El personaje luce como una cruza entre el Babadook (del filme de horror del mismo nombre) y Jack Sckellington. Los contados instantes en los que aparece transforma al filme, por unos segundos, en un relato de horror infantil.

Wan no desperdicia un sólo segundo de metraje. Haciendo uso de una gran capacidad artesanal, llena cada espacio del filme con buenos sustos, sobresaltos, escalofríos, y delirantes secuencias que rozan lo surreal. Su diseño de producción está realizado con sumo cuidado en los detalles, a pesar de que en ocasiones se siente la necesidad de una narración un poco más sólida.  



















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