viernes, 26 de octubre de 2012

EL ESPÍRITU DE LA COLMENA * * * *

EL SUEÑO DE LA RAZÓN PRODUCE MONSTRUOS.
La pequeña Ana Torrent, de 7 años. 

Antes de El Laberinto del Fauno (2006), una de las mejores películas de Guillermo del Toro, El Espíritu de la Colmena (1973), de Victor Erice, se aventuró a explorar la sensibilidad infantil desde una perspectiva profunda, contemplativa y, sobre todo, más allá de toda inocencia. Ambas películas tienen mucha relación, puntos en común, y puede sentirse que Del Toro tomó como punto de referencia -si no de inspiración- la película de Erice. Por ejemplo, ambas están ambientadas en la campiña durante la Guerra Civil, escenarios para que la imaginación de unas niñas salga a volar; escapismo para una triste y complicada realidad. En la película de Erice, por el contrario, no hay mucha acción, al menos desde el punto de vista de una película más bélica y de suspenso como la de del Toro.

En general, la película de Erice es un sensible homenaje a la historia de Frankenstein, a través de los ojos de una adorable e inocente niña de 6 años, Ana (una muy linda Ana Torrent, en la segunda película de su carrera). Ana vive con su hermana mayor, Isabel (Isabel Tellería, en su única película), en el pueblito de Hoyuelos, en donde el tiempo transcurre lentamente y no pasa mucho. La llegada de una película es todo un suceso, y cuando Ana e Isabel vean el Frankenstein (1931) de James Whale, el clásico de la Universal, la película afectará a las niñas de maneras distintas. En Isabel, la menos inocente, y quien explica más tarde a su hermanita que en el cine nada es real y "todo es un truco", se despierta un lado obscuro que descontrolará a Ana. Isabel cuenta a Ana historias sobre un espíritu que vive en el campo, un espíritu algo elitista, según ella, ya que es muy selectivo para escoger a sus amigos. 

El sueño de Ana es que el espíritu la encuentre, como le sucede a la desafortunada niña en Frankenstein, por lo que irá a buscarlo incansablemente a una casa abandonada con un pozo, en medio de un fotogénico paisaje. La película, de hecho, es muy fotogénica, gracias a su extraordinaria fotografía. La paleta del filme en general está llena de ocres, amarillos, naranjas, una paleta muy cálida, en referencia a las colmenas que el padre de las niñas (Fernando Fernán Gómez, como anticipando su futuro papel en "La Lengua de las Mariposas") cría en casa, aunque poco se sabe el por qué de ello. ¿Vende la miel? ¿Es pura curiosidad de aficionado?

Casi todos los personajes de la película son un misterio, con excepción de la pequeña Ana e Isabel. Por ejemplo, nunca sabemos a qué se dedica el padre, un experto no nada más en abejas, sino en hongos.  Además, tiene una especie de jaula para abejas dentro de casa. Una cosa muy extraña de hacer, si me pregunta, un paso exagerado, tal vez cruel, al tratar de domesticar todavía más a las abejas. La mamá (Teresa Gimpera) es otro misterio que se resiste a ser abierto, quien abre la película escribiendo una carta a un personaje, del cual apenas y llegamos a saber algo.  ¿Es para un amigo o un antiguo amante? Más adelante, podemos ir atando cabos sobre su posible identidad, pero todo queda en suposiciones. Un misterioso fugitivo republicano aparece en escena casi entrando al tercer acto, por el cual Ana siente curiosidad. La niña lo cuida, lo procura, seguramente imaginando que tiene frente a ella al espíritu que busca. ¿Es este fugitivo el hombre al que la joven madre escribe? ¿El fugitivo se encuentra buscándola?

La película de Erice demanda del espectador ir llenando espacios con suposiciones. Tratamos de inferir  lo que posiblemente Ana siente, lo que imagina y sufre en silencio. Necesita el mundo que imagina dentro del tranquilo pueblo, hasta que cierto evento trágico la afecte completamente. Simbólicamente lo vive imaginando que el monstruo Frankenstein la ha encontrado. Es una película que necesita verse más de una vez, y en cada una intentar desentrañar los enigmas que la envuelven.


miércoles, 24 de octubre de 2012

BALLS OF FURY * 1/2

LA FURIA DE WALK-FENG.
Christopher Walken viendo la edición final de "Balls of Fury".

Hay una cosa, tan sólo una, por la que vale la pena -es un decir- ver esta película: Si se es fan de Christopher Walken, y se quiere ver, con curiosidad puramente científica, una más de sus creaciones.  El actor de ojos saltones y cabello electrificado, encarna a un mafioso llamado Feng, un psicópata aficionado al ping pong vestido estrafalariamente de chino. Fuera de eso, Balls of Fury (2007), es una total estupidez en celuloide; un burdo intento de comedia chatarra que puede llegar a ser indigesta si se paga por verla. Quizás estoy siendo implacable y destructivo. Hubo contados momentos en que, involuntariamente, sonreí. Me tomó fuera de guardia con algunos gags y cierto humor slapstick. Si fuera productor, la fórmula me haría dudar sobre su efectividad: el maestro y el aprendiz de películas de artes marciales, aplicado al ping pong. O como dirían los especialistas, el "tenis de mesa."

La película no es más que ver pelotas generadas digitalmente rebotar de un lado a otro, y personajes que nada más fingen estar jugando. Nada es auténtico aquí. El protagonista es un total desconocido, Dan Fogler (¿Habrá salido de Saturday Night Live?), quien interpreta a un personaje con un despistante nombre como de piloto de autos, Randy Daytona. El tipo es un prodigio del ping pong, con traumas  infantiles causados por los que hubieran sido sus antagonistas. El guión es tan desastrozo, que aparecen y desaparecen antagonistas a discreción. Un detestable jugador alemán (Thomas Lennon) humilla a   Daytona siendo un niño, durante un torneo frente a miles de espectadores. Su otro trauma es la muerte de su padre (Robert Patrick), a manos de una mafia de chinos. En fin, el caso es que todo esto provoca que la gran carrera de Daytona acabe truncada, ofreciendo espectáculos baratos en centros nocturnos. 

Daytona parece haber tomado clases de ping pong con Forrest Gump. De adulto, nuestro amigo acaba siendo adoptado como aprendiz por un maestro chino del ping pong (James Hong, como mandado a hacer para estos personajes). La broma, es que a pesar de su maestría, dicho maestro es ciego. El hombre será motivo de mil y un gags debido a su impedimento físico. No lo niego, son culposamente graciosos. Pero en esta bodriezca película, este humor negro parece pertenecer siempre a otra película,  una mucho mejor. Uno pensaría "¿De qué me río si la película está fatal?" El atractivo visual es Maggie Q, una fenómeno del ping pong e interés amoroso de Daytona (sólo Dios sabe por qué se enamora de él). En tanto, George López acompleta el reparto, interpretando a un frustrado agente del FBI, riéndose de sí mismo con bromas raciales y poca cosa más. La gran pregunta al final: ¿Qué demonios hace Christopher Walken en esta película? Pagando la renta, sin duda alguna.   

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