jueves, 8 de noviembre de 2012

CASINO ROYALE * * * *

BLONDIE BOND. Daniel Craig es el nuevo agente 007.

Esta es la segunda vez que se adapta "Casino Royale", primera novela de Ian Flemming (publicada en 1953) sobre el agente 007. Bueno, primera vez en plan serio. En 1954 se intentó una adaptación para TV; para años después, en 1967, tener la primera adaptación al cine, un experimental -y no muy del todo logrado- intento por darle a la novela un tono totalmente paródico. Bond presentaba varios "rostros" (los de David Niven, Woody Allen y Peter Sellers), en tanto el villano, Le Chiffre, era interpretado por un obeso Orson Welles. 

La nueva Casino Royale (2006) introduce a un nuevo James Bond, Daniel Craig, un actor de rostro adusto, de granito; ojiazul y que, hasta ese momento, no era muy conocido. El primer Bond rubio en la historia de la franquicia. Sin duda, su interpretación de James Bond lo acabó por catapultar a la fama. Los que hasta ese momento lo conocíamos, era más por películas británicas de corte independiente, y de moderada distribución en América. Lo que ayudó a Craig a ser el nuevo Bond, fueron quizás sus trabajos en Layer Cake (2004), una película de gángsters a lo Guy Ritchie, y Munich (2005), en donde interpretó, precisamente, a un agente secreto del Mossad. De ser un actor más de soporte y secundario, Craig tuvo la oportunidad de proyectarse internacionalmente, dando vida a un ícono del cine de espionaje.

El reciente estreno de Skyfall, nos deja con una trilogía que establece a Daniel Craig como un magnífico James Bond. Tiene el mismo porte elegante de sus antecesores, al mismo tiempo que dota al personaje de un aire más rudo, de "hombre-sin-nombre", a lo Steve McQueen. Aunque se sacrifica mucho el humor que otros actores le dieron al personaje (como Sean Connery, Roger Moore, o incluso, Pierce Brosnan), Craig está más cerca de ser un completo héroe de acción del siglo XXI. Uno a tono con el Jason Bourne interpretado por Matt Damon en la trilogía "Bourne". Craig sabe lucir el smoking y pedir el famoso martini. Sin embargo, no se preocupa mucho por su imagen luego de una pelea. Los puristas tienen mucho de que quejarse, pero el cambio es bien recibido.

Casino Royale es una especie de precuela, que nos lleva hacia la primera misión de Bond como el agente 007, antes de obtener su "licencia para matar". No es la clásica película del 007 con Money penny y Q, el especialista en crear los gadgets, armas, autos, y demás tecnología a disposición de nuestro agente secreto. Martin Campbell dirige y la historia tiene el sello de garantía de Paul Haggis como coguionista. Campbell cuenta con la experiencia previa de haber dirigido una película Bond,  Goldeneye (1995). Sabe los terrenos que está pisando. Por ejemplo, la pimera secuencia, en blanco y negro, casi con una cualidad cercana a la de un sueño-recuerdo, está instalada en Praga, y establece la clase de James Bond que tendremos en adelante. La secuencia de créditos (el tema musical es interpretado por Chris Cornell) es una animación muy colorida (al estilo de la secuencia de créditos de  Mad Men), con el tema de la iconografía de las barajas. La puedo colocar como una de las mejores secuencias de créditos de un filme Bond.

La película está llena de acción y adrenalina, dirigida con suma intensidad y editada con maestría. En la  primera persecución en África, Bond persigue a un tipo pasando por callejones, techos de casas, hasta el tope de un edificio en construcción (hay una vertiginosa pelea en unas vigas), terminando en una embajada, donde el agente causa toda clase de desastres imaginables. Esto para mayor preocupación de M (Dame Judy Dench, repitiendo invicta en el papel), ya que lo más interesante de este Bond es su total anarquía. Es un rompe-reglas, y no hay jefe o poder humano que le pueda poner límites. Es un Bond que se manda solo.

La misión de Bond es rastrear a Le Chiffre (Mads Mikkelsen, ese buen actor danés), un millonario que se dedica a financiar organizaciones terroristas - para luego, por alguna misteriosa razón que jamás se explica en la historia (las historias de James Bond siempre están lejos de ser perfectas y claras)  acaba debiéndoles y siendo perseguido por ellos. James viajará desde África hasta Las Bahamas, pasando luego por la República Checa, Italia, y luego Montenegro, en donde se enfrenta con Le Chiffre (a petición de M, ya que Bond es el mejor jugador de poker en todo el MI6) en un torneo internacional de poker. Habrá toda clase de artimañas y juego sucio.

En su viaje, lo acompañará la chica Bond en turno (Eva Green), quien es la encarnación de lo que debe ser una perfecta chica Bond: bella, inteligente, y con agallas. El juego nos lleva a otra gran secuencia, emocionante, en donde James se encuentra entre la vida y la muerte, a punto de morir de un paro cardiaco. ¿Podrá salvarse a sí mismo, usando un mini kit de supervivencia para cardiacos? Es pura emoción, una gran lección de cine de suspenso, dirigida con el timing preciso. Hay una escena en Venecia, de un edificio antiguo colapsándose (gracias a unos efectos digitales de primera), a donde Bond llega para intentar un rescate claustrofóbico y, por qué no, hidrofóbico, luego de cruzar la laberíntica ciudad.

Puede parecer el inicio de una nueva franquicia (¿o subfranquicia?) el estar frente una película de James Bond que rompe con todo lo visto anteriormente en estas películas. Es cierto, cada nuevo James Bond trae muchos elementos renovados consigo. Es una película más densa dramáticamente, más preocupada por el desarrollo del 007 como personaje, y más profunda emocionalmente. Bond se enamora, pero no como antes, sino de una forma más trágica, al punto de poner en juego su carrera como agente secreto.  Estamos ante el inicio de una nueva era para el 007.

Ver también la reseña de Quantum of Solace.

lunes, 5 de noviembre de 2012

NIGHT AT THE MUSEUM: BATTLE OF THE SMITHSONIAN * *




NO HAY ABURRIMIENTO EN ESTE MUSEO.
Ben Stiller y Amy Adams forman una frenética y acelerada pareja.
 
El único pretexto para producir esta secuela, tan inútil y tan mala, fue aumentar bestialmente la galería de personajes, así como los efectos especiales. En la primera Night at the Museum (2006), tal vez el presupuesto no les alcanzó para todo esto. En Night at the Museum: Battle of the Smithsonian (2009), según parece, tuvieron más presupuesto para dar vida a más piezas de museo, incluyendo ahora obras de arte. No nada más tenemos a las mismas figuras de cera de famosos personajes de la Historia, como Teddy Roosevelt (Robin Williams), Atila, Sacajawea, etc., sino que ahora, estándo la trama ambientada en el famoso Museo Smithsoniano de Washington, tenemos pinturas y esculturas animadas. Es decir, una experiencia museística interactiva más allá de toda proporción.

Ben Stiller vuelve a ponerse el uniforme de guardia de museo y a tomar su lámpara pórtatil, luego de una insatisfactoria carrera como manufacturador de inventos. El museo en dónde trabajó se encuentra en renovaciones, y el nuevo director (Ricky Gervais) ha instalado una tecnología que ofrece versiones digitales e interactivas de las antiguas piezas. Las viejas figuras de cera serán empaquetadas y llevadas a Washington. El problema, es que nuevamente la tableta egipcia ejercerá su poderosa magia, trayendo a la vida a un nuevo villano, Kahmunrah (Hank Azaria), quien tendrá secuestrados a los viejos amigos del exguardia Larry (Stiller). Además, Kahmunrah tiene planes de dominar al mundo, formando su pandilla con históricos malosos, como Al Capone (John Bernthal), Iván el Terrible (Christopher Guest) y Napoleón (Alain Chabat).

Aunque la película tiene algunas escenas con atractivos efectos especiales, con las pinturas y esculturas cobrando vida (que le dan además un pequeño sabor surrealista y algunos gags graciosos, como ver al "Pensador" de Rodin coquetear con una escultura femenina griega, o ver la famosa fotografía de "El Marino Besando a la Enfermera", de Alfred Eisenstaedt, transformarse en un "portal del tiempo" hacia 1945), en general, no es más que ver a Ben Stiller y a Amy Adams , quien hace una muy buena interpretación cómica de la famosa Amelia Earhart, correr frenéticamente de un lugar a otro. Los dos huyen, corren y recorren cada rincón del museo, sin oportunidad jamás de un decente desarrollo de personajes, o del mínimo desarrollo de una trama interesante.

Amy Adams está genial, dotando sus diálogos de una gran vivacidad y mucho slang de los años 1920-1930. Llega a haber cierta química entre Adams y Stiller durante estos cortos diálogos, aunque no la suficiente, ya que este último se queda siempre corto frente a ella. Hank Azaria está gracioso, Bill Hader tiene un vehículo de lucimiento en su histérica encarnación del general Custer; Owen Willson y Steve Coogan siguen tratando de funcionar como dupla cómica en sus personajes de vaquero y romano. Los demás personajes nada más están de relleno. En resumen, una caótica y desastroza película, todavía con la pretensión de ser una odisea didácticá y estrambótica, con un final decepcionante.



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