viernes, 4 de diciembre de 2015

SPECTRE * * *

Daniel Craig en su, posiblemente, última
encarnación del 007.
El agente 007 regresa con todo y licencia para matar en Spectre. Skyfall, la anterior película, dejó la barra muy alta para superarse, y esta última entrega se ha quedado a dos o tres pasos de igualarla. La sensación, en general, es de que no hay mucho nuevo qué ofrecer, del "pan con lo mismo"; de tener una película de James Bond común y corriente. Daniel Craig, en su cuarta encarnación del espía más icónico del cine, todavía con mirada azul celeste asesina y certera, se puede decir que sigue bien, aunque quizás visiblemente cansado. Sam Mendes vuelve a tomar las riendas en la dirección, demostrando que si de acción se trata, sigue siendo el indicado para ello, ahora con una historia que tiene una interesante idea detrás: en el mundo del siglo XXI estamos bajo constante vigilancia, no hay ser humano que se salve de ser monitoreado. Ni el mismo James se salva de ello. Vivimos en un Big Brother descomunal, dirigido, creado y producido por el villano en turno, el jefe de la organización Spectre, para cometer crímenes y actos terroristas. Por otro lado, el programa Bond está bajo la amenaza de desaparecer y ser desmantelado, debido a las constantes faltas a la autoridad, desobediencias, y arbitrariedades del 007. 

La primera secuencia abre en la Ciudad de México, durante la celebración del "Día de Muertos," en medio de un pandemonium carnavalesco. Bond tiene que abrirse camino entre un desfile de carros alegóricos y gente maquillada. Desde un plano secuencia en el interior de un hotel, hasta una vertiginosa y adrenalínica persecución, que empieza en una azotea y acaba dentro de un helicóptero sobrevolando la plaza central, Spectre abre prometedoramente, con emoción, acción y buen ritmo.  James tiene que detener los planes de un ataque terrorista en un estadio de fútbol, y lo hace poniendo fuera de juego a un malhechor italiano, no sin provocar una hecatombe de alcances políticos y diplomáticos a nivel internacional.

M (Ralph Fiennes) no está muy contento, por lo que le da un ultimátum a Bond sobre su futuro profesional. Ahora, Q (Ben Whishaw) tiene que monitorear y rastrear cada movimiento de James, usando nanotecnología inyectada en su torrente sanguíneo. Como en cada película de la franquicia, el tour turístico nos lleva de la Ceca a la Meca. Seguimos al espía de México hasta Roma, y de ahí a Austria y Tanger. En Roma, James se podrá presentar como "mi nombre es Bond, James Bond" con una viuda (Monica Belluci) que acaba de perder a su marido, y además conocerá al líder de la organización Spectre (Christoph Waltz, muy bien, luciendo toda su carismática malignidad).

Spectre es una película de James Bond de fórmula. Contrario a Skyfall -e incluso Casino Royale-, no traspasa los límites de la verdadera emoción que se espera en un filme de Bond. Sí tiene buenas escenas de acción, a las que no les falta humor (la persecución en Roma), o una pelea en el tren entre Bond y el maloso en turno (Dave Bautista), con unos repentinos cambios de vestuario que no tienen mucha explicación, considerando que James no lleva equipaje, pero no alcanzan lo extraordinario, el mismo nivel de impacto de películas previas. Lea Seydoux es la nueva chica Bond, interpretando a la hija de un exmiembro de Spectre, vulnerable y de un inegable atractivo, pero que no está a la altura de otras actrices de películas previas. Andrew Scott (Sherlock), como C, entra a escena con su característica vibra villanezca, como un alto mando que promueva la desaparición del programa 007.

¿La regla será una película muy buena de James Bond, seguida de otra no tanto? Spectre se queda en una zona de comfort algo decepcionante, de ser un común y corriente entretenimiento palomero de fin de semana. Lo malo es que prefiere quedarse ahí, sin tratar de alcanzar el status de memorable, o de ofrecer momentos de antología. Se siente algo cercano a un epílogo de Skyfall, de esa clase de secuelas hechas por Daniel Craig (también funge como productor ejecutivo) por puro compromiso contractual. Que mal sería si, como dicen, esta es su última película interpretando al 007, sin cerrar este ciclo con broche de oro.

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