miércoles, 23 de noviembre de 2011

THE EXPENDABLES * * 1/2


Sly Stallone regresa al cine con "The Expendables".


Sería inútil, una pérdida de tiempo, ponerse a pensar el por qué Sly Stallone, a estas alturas, sigue dirigiendo churros. The Expendables (2010) es su más reciente entrega como realizador y guionista, una en extremo genérica película de acción, palomera y sin ninguna otra pretensión que ofrecer entretenidas  escenas de acción y una historia que no demanda mucho trabajo mental  del espectador. Faltaría más. Bueno, tal vez sí pida algo del espectador: identificar las varias notas cinéfilas con las que Stallone adorna el filme. Esas pequeñas excusas para reunir a icónicas figuras del cine de acción de los años 1980, 1990 y 2000. Su némesis en “Rocky IV”, Dolph “Ivan Drago” Lundgren; o Arnold Schwarzenegger, su “rival” en popularidad en los 1980, en un cameo en el que casi lo glorifica. El “governator” entra a una iglesia, rodeado de una celestial luz en la puerta. “Su problema es que quiere ser presidente”, le contesta irónico Sly a Bruce Willis (otro de los cameos infaltables), cuando éste le pregunta cuál es su problema.

Además de Bruce Willis, otros cameos extendidos incluyen a Mickey Rourke, lleno siempre de altibajos en su carrera, que no hace gran cosa que el ser un artista tatuador. Mientras, Eric Roberts (hermano de Julia), otra figura del cine televisivo de acción y otras actuaciones secundarias serie B, hace del engreído villano (¿Hay otro papel que sepa hacer mejor y sin mucho esfuerzo?), un corrupto agente de la CIA traficando droga en cierto país latinoamericano no identificado. Hasta ahí irá Sly con su equipo de mercenarios, una especie de “caza recompensas”, con armamento de primera y habilidades militares, para intentar liberar al país del yugo dictatorial. Es decir, lo más trillado de lo trillado que a Stallone pudo ocurrírsele. Estrellas más modernas del cine de acción participan, como Jet Li y Jason Statham, quien, como siempre, tiene en sus manos escenas de peleas impecablemente coreografiadas y ejecutadas. No nos queda otra cosa más que dejarnos llevar por la adrenalínica acción y nada más. De todas formas, la secuela ya viene el próximo año. 

lunes, 21 de noviembre de 2011

THE DEBT * * * *


Helen Mirren.


Un thriller de espionaje poco convencional, empezando por su narrativa. John Madden (Shakespeare in Love, Proof) sabe combinar, en su justa medida, no nada más buenas dosis de acción sino también de suspenso psicológico. La película abre con la escena del suicidio de un personaje, sin saber las causas del hecho inmediatamente. La historia se ambienta tanto en 1997 como en 1966, y en ambas vemos a su trío de protagonistas, primero en sus sesenta y tantos años, y luego en su juventud como agentes israelíes del Mossad. El atractivo en la realización será el equilibrio en sus narraciones paralelas, en un tiempo y otro, presentando dos versiones distintas –la imaginada y la real- de un mismo hecho: el secuestro, cautiverio y posterior intento de escape de un médico ex nazi (Jesper Christensen) por los tres jóvenes agentes del Mossad.

La película recuerda tanto a “Munich” (2005), como a “Torn Curtain” (1966). El suspenso es sostenido de una forma casi magistral, empezando con nuestra protagonista, la agente Rachel Singer (Jessica Chastain en 1966, Dame Helen Mirren en 1997), yendo a consultas con el doctor para luego, ella sola, someterlo. Toda esta secuencia, que culmina con el intento de Rachel y los otros dos agentes, David (Sam Worthington de joven, Ciarán Hinds en su madurez) y Stephan (Marton Csokas de joven, Tom Wilkinson a los 60) pasar la línea entre las dos Alemanias, es intrigante y dirigida con suma solvencia.

Sin embargo, aunque estas escenas son emocionantes cada segundo que las conforma, el centro de la película está en todo lo que ocurre dentro de ese apartamento en Berlín, en 1966, donde los tres mantendrán secuestrado al doctor. Es en donde se cometerán muchos errores por parte de los agentes, dejándose llevar, especialmente David y Rachel, por emociones y sentimientos, además de dejarse manipular por el más frío, inteligente y calculador doctor, quien da en el clavo con una frase filosa: “Ese es el problema con los judíos, no saben cómo matar, sino cómo morir”. Hay otra secuencia, esta en 1997, que si bien sucumbe ante lo inverosímil que todo thriller tiene, en mayor o menor medida (un anciano, mínimo en sus 90 años, pelea con la extraordinaria fuerza física de alguien en sus 40) es estupenda y me vuelve a recordar el por qué Helen Mirren es la gran actriz que es.   

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