jueves, 21 de noviembre de 2013

THE COUNSELOR * 1/2


¿BRAD, QUÉ ESTAMOS HACIENDO AQUÍ?
Brad Pitt y Michael Fassbender.

Bardem está a un paso de que sus actuaciones se reduzcan a un simple cambio de su siempre excéntrico peinado, y poco más. The Counselor (2013), filme dirigido por Ridley Scott después de Prometheus (2012), estará entre lo peor del año. Una película holgazana, hecha con la mayor flojera del mundo, y escrita en modo de pleno-bloqueo-creativo por Cormac MacCarthy. La película es soporífera, aburrida, confusa, y sin muchos pies ni cabeza. No nada más creo que Bardem puede estar en peligro de dañar su carrera con esta película, sino Cameron Díaz, quien tiene una pésima y fetichista escena de sexo con---  un Ferrari.  Si no me gustara tanto la Diaz, ya me hubiera levantado y retirado del cine. 

Al menos, esperaba algo palomero, pero nada más lejos de la realidad. Con serios problemas de estructura y guión; así como de ritmo (es tan lenta, que a los 30 minutos, todavía no sabía de que trataba) y de avance en la historia, The Counselor tiene un final de esos "rasca cabezas". Ridley Scott   te deja que saques tus propias conclusiones. Yo no me molestaría tanto. A la mitad, la pésima historia de tráfico de drogas en la frontera de Texas y Chihuahua, ya no importaba en lo absoluto.

Tenemos un casting completamente desperdiciado, que se siente arrojado al mar sin salvavidas. En especial, por que los diálogos no llevan a nada y no hacen avanzar la historia en absoluto. Ahí tenemos, por ejemplo, a un Michael Fassbender, el abogado del título, involucrado con traficantes de droga,  empezando con brio (la escena que abre el filme es una escena de sexo oral, en la cama, y con Penélope Cruz), pero que acaba sintiéndose pasmado y estancado. Brad Pitt, igualmente, lucha por sobresalir en un obscuro papel de traficante, y con un look texano que en nada le favorece, al menos, histriónicamente. Para empeorar el asunto, Bruno Ganz, Rosie Perez, John Leguizamo y Ruben Blades (este último con un discurso medio aburrido y sin mucho sentido), tienen cameos que te dejan sin saber para qué o por qué están ahí. Son nada más puro relleno de algo destinado a fallar desde el principio.

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