martes, 17 de abril de 2012

THE HUNGER GAMES * * 1/2


Jennifer Lawrence como Katniss Everdeen. 
No me entusiasmó tanto como a muchos. Sin duda, a The Hunger Games, basada en una   popular serie de novelas escrita por Suzanne Collins, mucho le ha ayudado la polémica  publicidad respecto a la violencia exhibida en la historia. Tanto en E.U. como en el Reino Unido, hubo polémica respecto a sus clasificaciones y ediciones censuradas para ganar más taquilla. El filme exhibe violencia extrema, en donde niños y adolescentes aparecen matándose entre sí (algo parecido a lo que sucede en Lord of the Flies). La premisa es interesante: en un reality show futurista, un grupo de jóvenes son puestos en un bosque, con el único objetivo de aniquilarse, sobrevivir, y ganar. Hay varios equipos, cada uno proveniente de distintos estratos sociales. Katniss (la oscarizada Jennifer Lawrence, en gran forma) viene de una comunidad rural pobre, como estancada en el siglo XIX. Diestra con el arco y la flecha, Katniss se ofrece a concursar en nombre de su hermana menor, salvándola de una muerte segura, aventurándose en un juego arreglado y manipulado por los propios organizadores. Todo instalado en un mundo fascistoide gobernado por el presidente Snow (Donald Sutherland).

Dirigida por Gary Ross (cuyas películas Pleasantville y Seabiscuit me gustaron), The Hunger Games  es como una mezcla de The Truman Show, Lord of the Flies, y The Running Man. Los organizadores del juego pondrán toda clase de trampas, desafios y obstáculos a los chicos (bolas de fuego, perros mutantes, etc.). El problema con The Hunger Games, es que su crítica a la violencia mediática, el sensacionalismo, y especialmente, los reality shows, no te deja reflexionando mucho sobre el tema al salir del cine. Su mensaje no resuena, ni quiere ser más profundo.

¿Están lo suficientemente afectados Katniss y Peeta (Josh Hutcherson), su interés romántico, por toda la violencia vivída? No mucho. The Hunger Games no es más que un palomero entretenimiento desechable de fin de semana. Adolece el no tener personajes más interesante. ¿Su violencia realmente afectará a niños y adolescentes del siglo XXI, quienes se encuentran todo el tiempo viendo violencia más sangrienta en videojuegos?

Por otro lado, el diseño de producción es fatal, rayando en lo ridículo y risible. Es como ver a los diseñadores de vestuario de The Fifth Element trabajando con un presupuesto más bajo.  Nota aparte merecen los peinados, de risa loca (Toby Jones y Stanley Tucci se llevan la palma al respecto). Donald Sutherland y Woody Harrelson apenas y tienen algo que hacer en la historia, en tanto que Lenny Kravitz está de adorno completando el excéntrico cuadro.  

lunes, 16 de abril de 2012

RIO BRAVO * * * *



Dean Martin como un alcohólico en el lejano Oeste.

Es extraño, pero bienvenido, el hecho de que John Wayne no sea del todo la estrella en Rio Bravo (1959),  sino Dean Martin. Dino interpreta un alcohólico luchando por regenerarse, asistiendo al sheriff en turno (Wayne). Es de los mejores trabajos en la filmografía de Dino, y la elección de Howard Hawks para que encarne al conflictivo personaje no podía haber sido más apropiada. Como audiencia merece toda nuestra atención. Y no es por demeritar el trabajo de Wayne. Sobra decir lo bien que está en su icónica figura de autoridad como sheriff, en todo western por el que haya pasado, sea por quien sea dirigido (Howard Hawks, John Ford, etc.) Es más ¿El Duke necesitaba ser dirigido en los westerns? Casi nunca. Pero de todas formas, siempre es un deleite observarlo enfrentar al crimen, disparar en coreografiados movimientos, mientras su imponente figura ocupa todo el cuadro. Si en algo se mantendrá Wayne ocupado en este western, ambientado en algún pueblo fronterizo de Texas, será en mantener constante vigilancia, no nada más de un asesino (Claude Akins, de voz imponente), a quien a puesto en prisión, sino de una atractiva chica (Angie Dickinson), que ha llegado a perturbar la rutinaria calma de un hotel y de las hormonas del mucho mayor cheriff.

Es notorio lo bien preparado que Dean Martin llegó al proyecto. Su estudiado retrato de un alcohólico era, incluso, digno de una nominación al Oscar (cosa que no sucedió). El personaje de Dean, "Dude", no se cree ya capaz de llevar a cabo su trabajo eficientemente. Lucha por demostrar cómo todavía puede disparar con precisión y observar bandidos sospechosos a distancia. Los mexicanos lo llaman "borrachín", mientras soporta humillaciones, burlas y provocaciones de los demás. Por su parte, el parlanchín Walter Brennan, con su personaje del anciano cojo Stumpy, pone la nota cómica, mientras que Ricky Nelson llega más tarde para unirse al equipo del sheriff y así vengar el asesinato de su jefe ganadero. De no ser por el cliché del mexicano bajito, que habla hasta por los codos, que suena como Speedy González y que sigue a Wayne para todos lados (interpretado por Carlos Arredondo), así como del anacrónico número musical, en donde Nelson canta una "balada-rock", este western hubiera terminado por alcanzar la suma perfección.

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