martes, 4 de diciembre de 2007

DVD: TAKING SIDES * * * 1/2

En Taking Sides (Reino Unido-Francia-Alemania-Austria, 2001), el director judeo-húngaro István Szabó presenta una propuesta polémica: ¿Aquellos que trabajaron dentro o muy cercanamente al partido nazi, son también culpables directos de los crímenes contra la humanidad cometidos en el Holocausto? La película nos da la impresión de estar viendo una puesta en escena teatral, y es que precisamente, el guión está escrito por Ronald Harwood, adaptando al cine su propia obra teatral. Tenemos a un pequeño cuadro de actores, todos ellos excelentes. Harvey Keitel (muy en su papel), es el mayor del ejército estadounidense Steve Arnold y Stellan Skarsgärd interpreta a Wilhelm Furtwängler, ex director de la Filarmónica de Berlín durante el Tercer Rëich.

Estamos en 1945, en una Berlín bombardeada y bajo el control del ejército estadounidense. Al mayor Arnold se le asigna la tarea de entablar un juicio en contra de Furtwängler, por órdenes del gobierno de Washington, con la finalidad de encontrar sus posibles conexiones y colaboración, la mínima, con el régimen de Hitler. El propósito de Arnold es encontrarlo culpable a como de lugar. La mayor parte de la trama transcurre dentro del despacho de Arnold, instalado en un edificio de gobierno en reconstrucción. En materia musical y artística, Arnold se declara, simplemente, como un ignorante, y citará a varios músicos de la Orquesta berlinesa para que declaren acerca de las supuestas simpatías de Furtwängler hacia Hitler, tomando como evidencia el concierto que ofreció al Fürher en su cumpleaños, donde el director, incluso, lo saludó de mano para felicitarlo.

David (Moritz Bleibtreu), joven teniente judío que huyó con su familia a los E.U. y admirador de Furtwängler, fungirá como asistente de Arnold durante el juicio, pero también como defensor del director alemán. Junto con Emmy, la secretaria alemana de Arnold, David representa el lado romántico e idealista que defenderá (cada uno desde su propia perspectiva) a Furtwängler de las acusaciones que se le imputan.

El filme plantea preguntas y dilemas éticos sobre la manipulación política, en la cultura y el arte, jugando un poco con los recursos del suspenso psicológico, en los diálogos hostigantes y las torturas mentales que Arnold ejercerá sobre Furtwängler. La realización de Szabó es más que funcional, sencilla, en una narración lineal, todo rozando los terrenos del telefilme, destacando la fotografía de Lajos Koltai (cinefotógrafo de cabecera de Szabó), haciendo gala de un magistral uso de la luz natural dentro del despacho de Arnold, una luz que se mantiene intacta todo el tiempo y que será un elemento ambiental determinante, teniendo como fondo la Berlín ruinosa vista por las ventanas.

La consigna de Furtwängler, más utópica que realizable, no puede echarse en saco roto: La separación de la política y el arte, ideal que fue su perdición y la causa de una gran lluvia de reproches y críticas a lo largo de la carrera musical de un hombre que en lugar de exiliarse prefirió quedarse en su país, porque veía en el arte la mejor vía para sacarlo adelante. Al final, Szabó nos regala un testimonio audiovisual, las imágenes documentales del verdadero Furtwängler saludando de mano Hitler, la imagen del escándalo donde la actitud del artista ante el dictador se presta a varias interpretaciones, cuando lo vemos después limpiarse la mano en su smoking. Saque sus propias conclusiones.

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