viernes, 30 de diciembre de 2011

MIDNIGHT IN PARIS * * * *


Marion Cotillard y Owen Wilson.


Quienes seguimos de cerca la filmografía de Woody Allen, sabemos que cuando  se encuentra exclusivamente detrás de la cámara dirigiendo, deja a otro la responsabilidad de interpretar a su “alter ego”. Midnight in Paris (2011) pone a Owen Wilson en los zapatos de Allen interpretando ese “alter ego”. Wilson me ha sorprendido con una buena actuación. Aunque hace una imitación de la voz y algunos movimientos característicos de Allen, Owen Wilson logra conservar mucho de su propia personalidad en pantalla, de su propio estilo. Es un Owen Wilson en pleno control de sí mismo, en una faceta distinta, en otro universo humorístico: el de Woody Allen. Sólo él podía sacarle a Wilson una actuación así.

Midnight in Paris es un regreso a los delirios intelectuales de Allen, en donde mezcla fantasía con realidad, al estilo de The Purple Rose of Cairo (1985). Es una visión romántica y bohemia de Paris, donde Woody Allen filma por primera vez una película, con el mismo amor y cariño con que lo ha hecho en Nueva York. La “Ciudad Luz” es el escenario de una nostálgica galería de personajes, pertenecientes a la crema y nata de la intelectualidad parisina de los años 1920. Gil (Owen Wilson), un guionista de cine, se encuentra de vacaciones en Paris con su prometida, Inez (Rachel McAdams), incluidos sus futuros suegros (Kurt Fuller y Mimi Kennedy). Gil e Inez son como el agua y el aceite, el día y la noche. El primero, con problemas para seguir dando forma a su primera novela, sueña con vivir en el Paris romántico plasmado por Degas en sus cuadros o imaginado por Hemingway en “A Moveable Feast”. Inez, con un aire más frívolo, prefiere vivir en Malibu, e idolatra a un pedante tipo que se cree experto en todo (Michael Sheen), decidido a darles un muy instructivo tour por la ciudad.

El cuento de hadas comienza para Gil cuando, justo a la media noche, perdido en alguna calle, un auto antiguo pasa a recogerlo para llevarlo en un viaje al pasado, a la década de los 1920. Ahí revivirá, con total incredulidad al principio, la música de Cole Porter, y conocerá a escritores como F. Scott Fitzgerald (Tom Hiddleston) y Ernest Hemingway (Corey Stoll); a pintores como Dalí (cameo de Adrien Brody) y Picasso; a Buñuel y Man Ray, así como a la más grande mecenas e intelectual de la época, Gertrude Stein (Kathy Bates). Pero el gran encuentro para Gil será con Adriana (Marion Cotillard), amante de Picasso y diseñadora de modas, de la cual quedará prendado. Adriana, por su parte, compartirá su propia visión anhelada, nostálgica e idealizada de Paris, la de la Belle Époque.

Me gustó la idea del auto como el medio de transporte de Gil hacia el pasado. Sin embargo, creo que Woody Allen tuvo algunos problemas imaginando la manera en que Gil regresa de los 1920 al 2010. Con caminar unas calles, Gil ya está de vuelta al presente, sin que sepamos muy bien cómo. La idea de todas formas me pareció muy buena, sin alcanzar la genialidad de The Purpure Rose of Cairo. ¿Todo es producto de la imaginación de Gil? ¿Se sueña a sí mismo dentro de la novela que escribe? Lo más interesante, es cuando este aparente sueño se convierte en un “sueño dentro del sueño”, justo durante ese corto viaje a la Belle Époque. Prefiero pensar que todo es producto de una magia inexplicable (hay un personaje que acaba viajando también al pasado, uno más lejano, en cierto momento del filme), y es mejor que permanezca así: inexplicable.



miércoles, 28 de diciembre de 2011

MISSION: IMPOSSIBLE - GHOST PROTOCOL * * * *


Tom Cruise en otra acrofóbica escena
en "Mission: Impossible - Ghost Protocol".


La franquicia “Mission Impossible” (empezada en el ya lejano 1996 por Brian de Palma), tal vez sea una de las más estables a la fecha. Prácticamente las 4 películas que la conforman han sido éxitos de taquilla, gracias a que son thrillers de espionaje sumamente efectivos, cargados de impresionantes y adrenalínicas escenas de acción, muchas de ellas vertiginosas. Su poderosa estrella protagonista, Tom Cruise, es capaz de atraer audiencias de manera masiva desde su primer día del estreno. En la cuarta película, Mission: Impossible -  Ghost Protocol (2011), a pesar de su título poco imaginativo y algo ridículo, Tom Cruise sigue demostrando que tiene energía de sobra, condición física (a pesar de un constante gesto de cansancio que no lo deja en casi toda la película) y que es capaz de seguir haciendo que nuestra respiración se detenga por algunos minutos en otra escena acrofóbica. Dicha escena está situada en el que es considerado el edificio más alto del mundo, el Burj, en la ciudad de Dubai (2,000 pies de altura).

Lo más curioso, es que ahora el mando en la dirección está a cargo del realizador menos esperado, Brad Bird (J J Abrams, director de la anterior película, así como Tom Cruise, son productores), curtido mucho más en el mundo de la animación que otra cosa. Bird puede presumir de haber dirigido joyas como “The Iron Giant”, y películas para la Pixar, como “The Incredibles”, “Ratatuille” y “Up”. Ahora puede presumir de haber dirigido una película “Mission Impossible”, y lo hace de una manera admirable. Bird no sólo ofrece escenas de acción emocionantes (al menos nadie puede quejarse de que el filme no tiene acción), sino también un sentido del humor que no se había visto en las 3 películas anteriores. Esto es, en mayor medida, gracias al actor británico especializado en comedia Simmon Pegg, quien regresa como el nerd pero gracioso especialista en tecnología de punta, Benji. Además, el toque femenino viene ahora en la curvilínea forma de Paula “Precious” Patton.

La historia es muy al estilo de las películas de espionaje de la “Guerra Fría”, sólo que ahora los terroristas son suecos. Los rusos y americanos puede ser que unan fuerzas para detenerlos. Luego de escapar de una prisión en Rusia, Ethan Hunt (Cruise) y su equipo, tienen la misión –si deciden aceptarla- de detener a un terrorista sueco, Hendricks (Michel Nyqvist), quien quiere conseguir los códigos ultrasecretos de unas armas nucleares rusas para atacar E.U. La escena en la que Ethan y Benji logran infiltrarse en el Kremlin es graciosa y muy original (el dispositivo del pasillo para crear la ilusión de perspectiva). Una parte del famoso edificio de Moscú es destruido y colapsa majestuosamente, gracias a la tecnología digital.

El equipo de Ethan es culpado por el hecho, por el que este y sus colegas decidirán probar su inocencia yendo tras Hendricks, desde Dubai hasta Bombay. En tanto, una asesina sumamente letal, Sabina (Léa Seydoux), responsable de la muerte de un agente americano en Budapest, está en medio de la operación, y le  dará varios dolores de cabeza a nuestro equipo. Así, “Ghost Protocol” es puesto en marcha por el presidente, en donde no dará apoyo alguno al equipo IMF.

Ghost Protocol, la película, funciona en muchos niveles. No tiene el toque romántico de las anteriores películas. Ethan no se da mucho tiempo para aquello. Es frío, rápido en la toma de decisiones, border y se siente a cada momento la pesadez emocional por la pérdida -¿o simple ausencia?- de su esposa. Su gesto casi nunca cambia, serio y de mirada concentrada. Jeremy Renner se agrega también al reparto, como un jefe analista del gobierno con un par de ases bajo la manga (su escena suspendido en un túnel de ventilación es también de tenerte  pegado a la butaca). La música es buena y con un sonido muy “The Incredibles” (nada de extrañarse), y el final tiene un par de sorpresas, interesantes, aunque inverosímiles, clásicas de final feliz (Cameo de Ving Rhames incluído). Esto, de todas formas, no demerita el producto en total: una intensa película de acción y espionaje que no se toma en serio a sí misma. ¿Habrá quinta película?

viernes, 23 de diciembre de 2011

JOURNEY TO SHILOH * * *


James Caan y sus amigos buscan unirse al ejército confederado
en "Journey to Shiloh".


Si se quiere ver a James Caan en una extraña faceta de vaquero, entonces hay que verlo en Journey to Shiloh (1969). Con botas, chaleco, sombrero y una no muy favorecedora melena, James Caan es el líder de un grupo de amigos texanos, dispuestos a enrolarse como soldados durante la Guerra Civil. Harrison Ford lo acompaña, en uno de sus primeros papeles en cine de su época “pre-Han-Solo”. Su jornada los lleva por distintas aventuras, en la que descubrirán tanto la crudeza de la esclavitud como la discriminación social. Ah, claro, y el amor, al menos nada más para Buck (James Caan), cuando lleve a cabo el romántico deber de defender a una bella camarera en un casino, nada menos que de unos soldados confederados. Y será bien recompensado por ello.

Cuando consigan enlistarse en el primer batallón que pueden, los problemas comienzan cuando los manden a infantería en lugar de caballería, justo como deseaban. No será más que el comienzo de una serie de desilusiones y tragedias, donde descubrirán que la guerra está lejos de ser la aventura épica que pensaban. Aunque está más cercano a un western televisivo de matineé (nada extraño, al estar dirigido por el realizador televisivo William Hale), la película es muy visible y entretenida, el tema musical es pegajoso y el tercer acto, durante las batallas, llega a ser conmovedor. 

jueves, 22 de diciembre de 2011

LA PIEL QUE HABITO * * 1/2


Antonio Banderas y Elena Anaya.


Pedro Almodóvar sigue siendo uno de mis favoritos. No importa que su más reciente película, La piel que habito (2011) no me haya gustado tanto como su anterior trabajo, Los abrazos rotos (2010). El director manchego sigue teniendo el poder de llevarme al cine a ver sus películas, a no perderme una sola. No importa lo predecible que pueda ser el casting de sus actores, que sus “chicas almódovar” siempre estén presentes, ahí estaré para dejar que mi pupila se deleite con el explosivo colorido de su diseño de producción y que mis oídos se dejen acariciar con la música de su eterno colaborador, Alberto Iglesias. Es más, un par de excusas por las cuales vale la pena ver La piel que habito, es Antonio Banderas, antiguo colaborador del director manchego en filmes como Matador, La Ley del deseo, Mujeres al borde de un ataque de nervios y Átame, quien vuelve a ponerse a sus órdenes frente a las cámaras luego de 20 años. Además, una nueva “chica almodóvar” se agrega a la lista, Elena Anaya, en una actuación demandante y notable, casi todo el tiempo vestida en trajes ajustados color carne.

Escrita en colaboración con su hermano, Agustín Almodóvar, basada en la novela “Tarántula” de Thierry Jonquet, el guión fue uno de los mayores problemas de la película. No me creí el enfermizo relato transexual, cargado del erotismo típico de Almodóvar, obsesiones y venganzas. Pedro sigue tomando como fuente de inspiración géneros clásicos de Hollywood, ahora en películas de horror serie B, con todo y científico loco incluido. Antonio Banderas es Robert Ledgard, un prestigiado cirujano plástico, que se percibe muy cercano a una especie de Doctor Frankenstein,  o al doctor loco interpretado por Bela Lugosi en “The Body Snatcher”. Uno de los atractivos del filme, además del -como siempre- buen diseño de arte (sinceramente no tan bueno como en anteriores películas), es la engañosa narrativa. Al principio, Almodóvar nos va contando la historia de Robert y el cautiverio en el que mantiene a una bella chica, de nombre Vera Cruz (buen nombre, peculiarmente gracioso si vives en México). Empezamos en Toledo, año 2012. Lo que sabemos, es que Robert se encuentra realizando experimentos en Vera, en lo que pueden ser injertos de piel creada artificialmente, más resistente y fuerte que la piel humana. La piel es capaz de soportar incluso altas temperaturas. A los ojos de la comunidad científica, puede ser polémico e ilegal, por el simple hecho de estar experimentando en un humano.

El detonante de la historia, es la llegada a la residencia de Robert del hijo de su ama de llaves (Marisa Paredes, quién mejor que ella), brasileño, disfrazado de tigre y buscando un escondite. Todo se complicará a un grado inimaginable, lo que conducirá a varios flashbacks para contarnos los antecedentes. ¿Cómo llegó Vera a la casa de Robert? ¿Quién es realmente la chica? ¿Por qué Robert experimenta con ella? Robert, como el protagonista de “Vertigo”, parece estar construyendo una mujer a imagen y semejanza de un ser de su pasado. También será una suerte de mirón, constantemente vigilando a Vera a través de cámaras, encarnando el clásico tema del vouyerismo en las películas de Almodóvar.

El problema, es que la historia acaba siendo un “culebrón” (vamos, una historia más telenovelera que otra cosa), fantasioso e inverosímil. Me creí más el personaje transexual de “Transamerica”, interpretado por Felicity Huffman, que el de “La piel que habito”, que debe ser el trabajo de cirugía plástica  más perfecto del mundo y llevado a cabo en un quirófano doméstico. Los diálogos a ratos parecen, igualmente, de telenovela de la tarde (o de radionovela o novela de bolsillo barata, da lo mismo) y buena parte del filme Marisa Paredes luce sobreactuada. La resolución es de esos finales en puntos suspensivos, que más bien me dejó con la idea de que a Pedro, justo aquí, se le acabó el combustible. 

miércoles, 21 de diciembre de 2011

IMMORTALS * * 1/2


Teseo, el mítico fundador de Atenas, es el protagonista en "Immortals".


Una película como Immortals (2011), a pesar de estar publicitada como “de los productores de ‘300’ ”, está más cerca de ser una consecuencia de “Clash of the Titans”, el remake. Su historia está basada en la mitología griega, específicamente en la leyenda de Teseo, fundador de Atenas y considerado como un semidios, al tener tanto un padre humano (Aegeus), como uno divino, Poseidón. Teseo es interpretado por el atlético pero verdaderamente desconocido y no muy buen actor Henry Cavill. El filme es dirigido por otro nombre relativamente desconocido, Tarsem Singh, realizador de origen indio. Si “Mirror, mirror”, su adaptación del clásico cuento de Blancanieves, tiene éxito el próximo año, su nombre empezará a sonar más. Ya vi el trailer y no me entusiasmó mucho.

Singh es un realizador preocupado más por la estética y diseño de sus películas. Immortals no es la excepción.  Acabé considerando el filme un trabajo con muchas contradicciones. Es decir, mientras su diseño de producción es atractivo, rozando lo kitsh y haciendo una mezcla de elementos modernos (muy teatrales, a lo Julie Taymor) con otros más griegos, la mayor parte del vestuario luce fatal. El vestuario de los dioses parece de 3 dólares y casi risible. Por otro lado, tiene un diseño conceptual atractivo, que está entre lo surrealista y algo próximo a la novela gráfica. Lo malo, es que a pesar de sus raíces mitológicas, la historia se queda corta. El villano, el rey Hyperion, interpretado por un risible Mickey Rourke, luce acartonado, por no decir, caricaturizado. Es difícil seguir tomando en serio a Mickey Rourke como actor, si sigue haciendo esta clase de personajes. Es una lástima, ya que por un momento pensé que en “The Wrestler” ya había vuelto a sus cabales.

En ese sentido, la película es un desbalance total. Si por algo la disfruté un poco,  fue por sus momentos de verdadera inspiración visual, su espíritu de película antigua de matineé y aventuras. Hay dos presencias rescatables: John Hurt, como el viejo mentor de Teseo, Frieda Pinto, como una bella pitonisa, y Luke Evans, como un juvenil y enérgico Zeus, el cual prohíbe a los dioses dar cualquier ayuda a los mortales. Los dioses están vestidos como para el carnaval de Río de Janeiro, lejos de verse como viejos barbados y apostando más por una imagen juvenil. Teseo se dispone a pelear por su pueblo contra Hyperion, quien tiene sitiada Grecia para encontrar el  poderoso arco Epiro. El arco es como un arma de alta precisión, capaz de disparar un número infinito de flechas mágicas sin necesidad de apuntar.

Las peleas están coreografiadas y fotografiadas con el mismo estilo de las peleas vistas en 300. Tracking shots en cámara lenta, con la cámara siguiendo a Teseo mientras este elimina a sus oponentes sistemáticamente con la espada. La batalla final es una decepción, toda dentro de un largo pasillo, un desastre. En tanto, esa pelea final de los dioses contra los titanes, que son como dioses caídos, salvajes y primitivos, prisioneros en una jaula dentro del Monte Tartaros, es mucho mejor. Sigue el mismo estilo “300”, con una inspiración “Matrix”. Los dioses y los titanes flotan, vuelan y pelean suspendidos, en gravedad cero prácticamente. De no ser por sus defectos, Immortals bien hubiera podido pasar como un redondo entretenimiento palomero.  

THE AMERICAN * * * 1/2


George Clooney interpreta a un obscuro y silencioso personaje en
"The American".


El segundo largometraje del director holandés Anton Corbijn, es un thriller hollywoodense con un toque artístico y de autor en extremo marcado. Tiene como protagonista a George Clooney, una estrella de Hollywood, en un obscuro papel, totalmente alejado de sus personajes dentro del mainstream comercial. Esta película sigue hablando mucho del interés de Clooney por el cine independiente, a través de “Smoke House”, su casa productora. El resultado, es una película que podría calificarse como un thriller, pero que irónicamente, no tiene mucha acción. Se puede calificar como una película de suspenso, que aunque bien establecido, se toma su tiempo necesario, sin prisas. En resumidas cuentas, no es una película palomera, sino una más preocupada por su estética y dirección fotográfica. En “Control”, primer largometraje de Corbijn, sucedía lo mismo, un recordatorio de la antigua profesión de fotógrafo del realizador. Martin Ruhe es el director de fotografía en ambas, aunque puede adivinarse una colaboración mutua, profunda, entre ambos.

Basada en la novela “A Very Private Gentleman”, de Martin Booth, The American (2010) es como un western ambientado en un pueblito italiano. Ahí llega el asesino a sueldo interpretado por George Clooney, para ocultarse de un grupo de asesinos suecos que le han dado un “susto” mientras descansaba con su novia en una cabaña. No sabemos si su nombre es Jack o Edward. Es de pocas palabras (Clooney tiene la oportunidad de presumir unas 4 o 5 palabras en italiano), un agudo observador, desconfía hasta de su propia sombra (casi al borde de un delirio de persecución), tiene una peculiar fascinación por las mariposas (incluso tiene una tatuada en la espalda)  y es un hábil constructor de armas. Todos lo miran como un forastero en el laberíntico pueblito, en donde conocerá a un curioso y preguntón sacerdote (Paolo Bonacelli) y a una guapa prostituta (Violante Placido), con la cual trata de llenar sus momentos de soledad. Además, otra mujer atractiva y misteriosa entra en su vida (Thekla Reuten), quien le encarga construir una arma de alta precisión.

No es una película con muchas sorpresas. Quienes hayan visto suficientes thrillers y películas de espionaje, no tardarán en ir adivinando los eventos que se irán sucediendo. Es la clásica historia del matón a sueldo que encuentra, sin esperarlo, tranquilidad y redención en el amor, pero que descubrirá –si no es que ya lo sospechaba- lo difícil que es huir del submundo de la mafia. El pueblito, con su enredijo de callejuelas en el que se pierde Jack, puede verse como un símbolo de ello. Es una telaraña en la que para Jack será difícil ocultarse de sus enemigos. Hay un homenaje a Sergio Leone (en un restaurante Jack observa “Once Upon a Time in the West”) y el inevitable duelo final. El filme de Corbijn es visualmente atractivo, con paisajes bellos y cuidadosamente compuestos. En otras tomas, sabe cómo fotografiar muy estéticamente la espera e inactividad de su personaje (las escenas en el restaurante), enmarcándolo en grandes ventanas. No es para un público buscando el entretenimiento de fin de semana, sino para uno más preocupado en la psicología y estado emocional de sus personajes. En este sentido, George Clooney sabe cómo conseguirlo con una buena actuación, basada más en gestos, semblantes y silencios. 

lunes, 19 de diciembre de 2011

TOWER HEIST * * * 1/2


¿Cómo sacarías un Ferrari rojo de un rascacielos? Este grupo
de inexpertos ladrones tendrá la respuesta.


¿La mejor película de Brett Ratner a la fecha? Un crítico así lo afirma. He visto la mayoría de sus películas, y me parece un realizador irregular. Si bien lo peor de sus películas es “After the Sunset” y la saga de “Rush Hour” (entretenidas gracias a las acrobacias de Jackie Chan, pero insoportables debido al insoportable Chris Tucker), por otro lado, me gustaron “The Family Man”, “Red Dragon” y “X Men: Last Stand”. Aún tengo que ver “Horrible Bosses”, que en general he escuchado   está “pasable”. Tower Heist (2011) es una buena comedia, redonda, con humor bien dosificado, así como una ridícula y vertiginosa escena de un robo a miles de pies de altura. Lo más sorprendente, es que trae de vuelta (como en una cápsula de tiempo) al mejor Eddie Murphy. No al de los churros que empezó con su remake de “The Nutty Professor”, sino al Murphy que fue gracioso en los 1980. Cómico, verborreíco sin ser insufrible y en plena forma, para mantener su humor intacto de principio a fin. Eddie Murphy casi acaba robándose la película.

Como el título indica, tenemos una “heist movie” (es decir, película de grandes-y-casi-imposibles robos) en clave de comedia. Puede verse como una especie de parodia de la trilogía de “Ocean’s Eleven”, con todo y música jazzy-groovy-funky. No por nada Casey Affleck, protagonista de todas las películas “Ocean’s”, actúa en la película. Un grupo ecléctico, pero con una cosa en común, planea llevar a cabo un gran robo. Casi todos han sido estafados por un millonario hombre de negocios (Alan Alda), por lo que buscan venganza planeando el robo de su caja fuerte, en donde creen oculta una cuantiosa suma de dinero.

El grupo está encabezado por Josh (Ben Stiller), gerente de “The Tower”, un lujoso edificio en Nueva York, en donde vive lo más selecto, incluyendo nuestro estafador. Un pobre tipo al que ha dejado su esposa (Matthew Broderick, genial en toda la inocencia y habilidad numérica de su personaje), también residente del edificio, se unirá a ellos. El grupo se completa con el recepcionista de la torre (Affleck), un elevadorista latino (Michael Peña) y un ladrón de cuarta (Eddie Murphy), vecino de Josh y reclutado por éste como principal asesor.

Sería un crimen revelar aquí los giros inesperados que toma la historia. Basta decir que en el robo acaba involucrado un valioso Ferrari rojo, que según se afirma, perteneció a Steve McQueen. ¿Cómo sacarías un Ferrari rojo de un rascacielos, en pleno desfile de “Día de Acción de Gracias”, sin que nadie se de cuenta de ello? Esa será una de las aventuras en la película, por las que vale la pena la entrada. Ben Stiller actúa bien en su personaje habitual del tipo torpe al que las cosas no le salen como espera, aquí con un aire inesperado de importancia y grandeza, que va acorde con la misión. Es decir, su Josh está decidido a ser una especie de “Robin Hood” de la “Gran Manzana”, dispuesto a hacer justicia por su cuenta y en favor de su staff. Tea Leoni luce guapa de morena ojiverde, en su personaje de agente de FBI, seria la mayor parte del tiempo, pero con un logrado tono de suma autoridad. Mientras, otra de las sorpresas es ver de vuelta a Gabourey “Precious” Sidibe, como una empleada de limpieza jamaiquina (su acento es de lo más convincente). Un poquitín más de romance entre Josh y la agente, no le hubiera venido mal a la historia.
 

miércoles, 14 de diciembre de 2011

WINNING * * 1/2


Paul Newman, apasionado de los autos de carreras.


La pasión de Paul Newman, hasta el día de su muerte, fueron los autos de carreras. Winning (1969) es una película –quizás la única- en donde expresó dicha pasión con toda clase de emociones: alegría, frustración, miedo, etc. Y tal vez nadie (con excepción de Steve Moqueen), se veía mejor en cine conduciendo  en la pista de carreras que Paul Newman. Por eso, lo mejor y más rescatable del filme son las carrera. James Goldstone, el realizador, hace un gran trabajo editándolas, con una sensibilidad casi documental y una buena dosis de realismo. Hay una escena impresionante de un accidente en plena pista, la cual es difícil saber si son imágenes de archivo, si fue recreada, o una combinación de ambas. La historia es lo de menos. Frank Capua (Newman), un espíritu libre y conductor profesional de autos de carrera, decide sentar cabeza y casarse con una madre soltera (muy guapa Joanne Woodward), convirtiéndose además en el padre que el hijo de ésta (Richard Thomas) nunca tuvo. Todo va bien hasta que la mujer le pone el cuerno al pobre de Frank. El problema es el guión, muy flojo y con  diálogos muy sosos. 

martes, 13 de diciembre de 2011

EVAN ALMIGHTY * *


Steve Carell, un moderno "Noe" y Morgan Freeman como Dios.


En esta secuela se rescata el personaje muy secundario de Evan Baxter, (interpretado por Steve Carell), presentado en Bruce Almighty (2003). Es una secuela que se siente por demás inútil y sin mucho sentido. Para empezar, el personaje de Evan en la primera película no era muy carismático que digamos.  Estaba ahí para hacerle la competencia a Bruce (Jim Carrey) dentro del canal de noticias en el que ambos trabajan. Para ser honestos, fuera de las caras locas y rutinas de comedia física de Carrey, tampoco fue muy graciosa Bruce Almighty.  La única sorpresa fue ver un Dios negro, encarnado por el siempre efectivo Morgan Freeman, con su acostumbrada facilidad para este tipo de personajes. De hecho, la única cosa realmente graciosa que hacia Steve Carell en aquella lejana película, era cuando, estando al aire en su programa, se ponía a hacer caras locas a lo Jim Carrey, poniéndose en ridículo frente a todos los televidentes.

Freeman vuelve a interpretar a Dios, y Tom Shadyac repite en la dirección. Dios ha vuelto y le tiene una tarea a Evan, quien está tratando de iniciar una carrera política como congresista en Washington. La idea aquí es adaptar la historia bíblica del arca de Noe a la era moderna, y darle un giro político que no funciona en absoluto. No funciona ni como parodia política, ni como nada en absoluto. Evan quiere “cambiar al mundo”. Que empiece construyendo un arca. Las pocas risas que me sacó el filme, fue ver cómo el pobre Evan padece su transformación física en Noe. Su barba y cabello crecen, y se tornan canoso. Dios le proveerá con sus bíblicos ropajes y nada más le falta hablar en arameo o algo así.

Se lo que está pensando: es la idea de The Santa Clause (1994) pero versión Arca de Noe, más un toque Jumanji.  El problema es que, mientras en The Santa Clause sí funciona la idea, en Evan Almighty no mucho, ya que hay cosas sin lógica. ¿Quién puede creer que Evan, con la ayuda de su familia, construirá una titánica arca en escasos 3 meses antes de que venga el nuevo diluvio? Por cierto, cuando llega el famoso diluvio es tan frustrante que uno piensa ¡¿Tanto para esto?! 

sábado, 10 de diciembre de 2011

ANONYMOUS * * * * 1/2


¿Qué tal si hubiera sido este hombre el verdadero autor
de las tragedias de Shakespeare?


Anonymous puede incluirse en el género “what if…” (qué tal si…), películas que, si bien están basadas en hechos históricos reales, dan un giro de 360 grados a ciertos eventos. Plantean –y juegan con- teorías sobre el curso que hubiera podido tomar la historia escrita en los libros, si algún suceso hubiera tomado otro curso. Un ejemplo, “Inglourious Basterds”, de Tarantino. En Anonymous, la tesis que se plantea es interesante: ¿Qué tal si William Shakespeare no fuera el autor de las obras teatrales que lo han hecho un personaje inmortal de la literatura, no nada más inglesa, sino universal? No es una teoría nueva. Ya varios estudiosos del dramaturgo de la época isabelina se lo han planteado, aunque nada se ha concluido al respecto. Incluso, muchos se han dado a la tarea de probar que Shakespeare era homosexual.

La película es sorprendente, especialmente porque está dirigida por el más improbable de todos los realizadores para una película “de época” de este tipo, con el tema de la literatura y el teatro. Roland Emmerich (si, el que dirigió Independence Day, The Day After Tomorrow, Godzilla y la odiada, que no he visto aún, 2012), logra una excepcional película ambientada en la corte de la reina Isabel I (magistralmente interpretada por Vanessa Redgrave en sus últimos años, y por Joely Richardson, su hija en la vida real, en su juventud), con una ambientación que superó todas mis expectativas. La producción combina un diseño de arte al nivel de una película “de arte”, con una recreación digital soberbia y de nivel hollywoodense del Londres de finales del siglo XVI. La tecnología que en su momento “reconstruyó” el Coliseo romano en “Gladiator”  hace poco más de 10 años, aquí consigue una ambiciosa reconstrucción de sitios clave de Londres, como la Torre, la abadía de Westminster y el legendario Globe Theatre, en donde Shakespeare representó casi la totalidad de sus obras.

La teoría de Anonymous, es que Shakespeare (Rafe Spall, hijo de Timothy Spall) no fue más que un ignorante, oportunista y vulgar actor de teatro. Shakespeare  aprovechó la propuesta de un joven dramaturgo, Ben Johnson (Sebastian Armesto) para usar su nombre en las obras teatrales escritas por un noble intelectual, Edward, Earl de Oxford (Rhys Ifans). ¿La causa? Las obras eran controversiales, por lo que Edward necesitó usar un pseudónimo. Sir Derek Jacobi, actor shakespeareano, hace una pequeña participación, dándonos una introducción desde un escenario teatral sobre esta teoría. “Shakespeare nunca escribió una sola palabra en su vida”. ¿Por qué habría de ser de otra forma? Shakespeare no era más que un hombre iletrado nacido en un pueblito de provincia.

No llamaría un punto débil en la película el hecho de que su narración sea de una complejidad casi enredosa, al menos, para cualquiera que esté distraído. La estrategia es el flashback dentro del flashback. En el primero, Johnson recuerda, mientras es interrogado brutalmente por Robert Cecil (Edward Hogg), cómo inició todo el plan urdido por Edward, en donde se ilustra luego el éxito que sus obras (Enrique V, Julio César, Romeo y Julieta, Ricardo III, etc.) tuvieron bajo el nombre de “William Shakespeare”. Más tarde, eso nos lleva a un flashback más, en el que se narra la adolescencia de Edward (Jamie Campbell Bower) como un atormentado chico genio, de espíritu renacentista, poliglota y aficionado a la poesía.

No soy un experto. No sé qué tanto sea real e inventado históricamente hablando, pero otra de las bases que sostiene la teoría, es que muchos personajes y situaciones planteadas en las obras teatrales están basados en personas y vivencias de Edward, durante su estancia en la corte de la reina. Por ejemplo, el jorobado Enrique III pudo haber estado basado en el jorobado y obscuro Robert Cecil, y el asesinato de Polonio en “Hamlet” puede estar basado en un asesinato llevado a cabo por el mismo Edward. El mismo Edward parece un Hamlet en su etapa juvenil.

He escuchado quejas sobre la compleja narración. Podría haberse resuelto poniendo el año durante cada cambio abrupto entre una época y otra. Aficionados a devorar cine religiosamente, no tendrán problemas en seguir la historia. Aquellos que gustan de ver cine ocasionalmente, cada fin de semana, tal vez sí. Una segunda revisión del filme lo resolvería. Por fortuna, no acabé perdido en la narración. Aún así, encontré el filme tan fascinante, intrigante y bellamente fotografiado (de nuevo tenemos el antiguo uso de las velas como principal fuente de iluminación, estilo “Barry Lyndon”), que, como aficionado a Shakespeare (y a Joely Richardson) que soy, lo veré por segunda vez. 

miércoles, 7 de diciembre de 2011

RANGO * * * *


Johnny Depp exhibe sus "camaleónicas" habilidades como actor en "Rango".


Algún crítico ha afirmado que Rango (2010) es el mejor filme de Gore Verbinski  hasta el momento. Puede que sea cierto. Hasta ahora he visto todas las películas de Verbinski, excepto The Mexican (2001).  Por los comentarios negativos que he escuchado, creo que no me pierdo de mucho todavía. Verbinski tiene una sensibilidad casi infantil en algunas de sus películas. Por ejemplo, Mousehunt (1997), su primer largometraje, me gustó y está dedicado más que nada al público infantil. Sin olvidar las tres primeras películas que dirigió de la franquicia de “Pirates of the Caribbean”, que sin ser nada extraordinario cinematográficamente, han funcionado como palomeros entretenimientos familiares. Además, iniciaron una colaboración entre Gore Verbinski y Johnny Depp, que dudo mucho llegue a trascender como la que el extravagante y camaleónico actor ha tenido por 20 años con Tim Burton.

De hecho, Johnny Depp regresa a colaborar con Verbinski en Rango (2011),  primera incursión del director en el género animado. La película es una bizarra aproximación a lo que sería un moderno western, en el que hace un homenaje a los “spaghetti western” de Sergio Leone y a los westerns protagonizados por John Wayne. El único detalle, es que está protagonizado por un elenco de animales que parecen diseñados por Ralph Steadman, con un estilo entre lo grotescamente cómico y lo tradicionalmente caricaturesco. Si bien fueron extraídos de la fauna típica del desierto, hay varios que uno ve y piensa “¡Qué demonios es eso!”

El Rango del título (voz de Johnny Depp), es un camaleón de bosque tropical, aficionado a la actuación y que vive en una pecera. Accidentalmente, Rango acaba en medio del desierto, con el peligro de ser arrollado hasta por el mismo escritor Hunter S. Thompson (quien fuera amigo en la vida real de Johnny Depp), quien hace un “cameo” conduciendo su Cadillac convertible. Rango deberá arreglárselas para adaptarse y sobrevivir el calor y los numerosos peligros del desierto. Con la ayuda de una especie de lagartija, Beans (voz de Isla Fisher), Rango llega a un pueblo que parece haberse detenido en los 1880s, en dónde, como es clásico en los westerns, no verán con buenos ojos a los forasteros. Rango está lejos de ser algo que hayan visto antes los animales que habitan el pueblo, gobernados por una tortuga (voz de Nedd Betty) y afectados por la escasez del agua, un tema de varios westerns, así como la llegada abrupta de la industrialización.

El camaleón toma el nombre de “Rango” de “Durango”, un estado mexicano en donde John Wayne filmó varios westerns y tuvo un rancho, que en estos días sirve de atracción turística. Como sea, la película narra la travesía existencial de Rango, la búsqueda de sí mismo. Vamos, el reptil no sabe exactamente ni siquiera qué es. Acepta que todos le llamen lagartija así sin más. El pueblo para él es como un enorme escenario teatral. Ahí interpretará uno más de los personajes que gusta crear, presumiendo e inventando historias que lo pondrán en aprietos, hasta acabar como el nuevo sheriff del pueblo y tener que enfrentarse con una serpiente de cascabel (voz de Bill Nighy), quien es como la versión escamosa y rastrera de Lee Van Cleef. 

Y hablando de Lee Van Cleef, Rango trata de encontrar lo que un shamánico armadillo (voz de Alfred Molina) califica como “el espíritu del oeste”. Cuando nos sea revelado qué -o quién- es el espíritu del oeste será, además de delirantemente surrealista, como un respiro cinéfilo para los amantes no nada más del cine, sino del género western.

En cuestiones más técnicas, la película es impresionante. Para ser producida por una compañía “menor”, o algo más televisiva, como Nickelodeon, Rango tiene una animación de altos estándares. Los animales, si bien están lejos de lucir  ternuras tipo Disney, están caprichosamente creados en términos visuales, donde las texturas y los pelajes parecen rozar nuestras pupilas. No se diga de los paisajes desérticos, que recuerdan a los valles de Utah. Icónicos en toda su aridez, es otro logro que habla de la ambición con la que se documentaron los artistas para lograr un realismo apabullante.

jueves, 1 de diciembre de 2011

ESTRENO: REAL STEEL * * 1/2


Hugh Jackman es el "manager" de un robot en "Real Steel".


Tal vez Real Steel (2011) sea la película menos original del año. Se pueden encontrar un sin fin de referencias cinematográficas a películas sobre robots y, especialmente, de boxeo. En pocas palabras, es la historia de “Rocky” (1976) robotizada. Si a esto le agregamos una premisa inspirada en “Over the Top” (1987), también protagonizada por Sly Stallone, sobre un padre conductor de camiones viudo y que trata de reconstruir un vínculo paterno-filial con su hijo, mezclada con robots tan realistas como los vistos en Transformers, ya tenemos Real Steel. Claro, la relación del precoz e inteligente niño Max (interpretado por Dakota Goyo, con look del niño Anakin Skywalker) con un destartalado y viejo robot, abandonado en un depósito de chatarra, puede rastrearse en la cinta animada “The Iron Giant” (1999). En pocas palabras, Shawn Levy, realizador especialista en entretenimientos familiares (A Night in the Museum), no nos está contando nada nuevo.

La película plantea una premisa interesante, futurista, sobre el qué seria si en lugar de boxeadores, fueran robots las que estuvieran arriba del ring haciéndose todo el daño posible. ¿El box como deporte acabaría como tal? ¿Quiénes deberían estar manejando a los robots debajo del ring? ¿Nerds expertos en informática y tecnología? ¿Boxeadores profesionales o retirados? El protagonista, Charlie Kenton (Hugh Jackman, usando su acento australiano sin alguna razón aparente), entra dentro de esa última categoría.

Charlie es un ex boxeador, que ahora se dedica a desarrollar robots manejados a control remoto, a los que pone a prueba en rodeos enfrentando toros, así como en peleas de box donde se corren apuestas. Un buen día le llega la noticia de que tiene un hijo de 11 años, Max, cuya madre ha muerto. Charlie decidirá que es mejor “ofrecer” la custodia del niño a la tía de este (Hope Davis) a cambio de una cuantiosa suma de dinero, que puede sacarlo de muchas deudas. Honestamente, el tipo lleva una vida relajada, lejos de ser la de un padre. Sin embargo, Charlie y Max tendrán que pasar el verano juntos, un gran pretexto para que los dos descubran que los genes son poderosos y que tienen mucho en común.

La película no se pone a hurgar mucho en las cuestiones deportivas sobre el futuro del box, ni nada por el estilo. Real Steel es tan predecible como lo era “Rocky”, en donde ya sabíamos quién ganaría, sin importar que el contrincante sea un gigantesco ruso o el gorilón Mr. T. Por cierto, el guión esta lleno de clichés. Los “villanos” son una rusa (Olga Fonda) y un japonés (Karl Yune). No son tanto villanos como tal, sólo personajes que simbolizan el lado “frío” y mercadológico  de la tecnología. Son dueños de un poderoso robot negro (el “Mike Tyson” de los robots) de nombre Zeus, invencible y a quien Atom, nuestro robot de hojalata y que parece tener alma propia, debe enfrentar al final.

Atom será la extensión de Charlie, donde el primero imita todos los movimientos que haga quien lo maneje. De hecho, Sugar Ray Leonard, boxeador retirado, fue quien asesoró a Jackman para las escenas del boxeo. Charlie regresa al ring a través de Atom, a quien dotará de sus mejores ganchos al hígado, derechazos e izquierdazos.  Las peleas son entretenidas, los robots impresionantes y animados con el “motion capture”. Pero sinceramente, a este filme le hubiera venido mejor tener más alma y menos metal; el ser más entrañable, ya sea en la relación padre-hijo o en la de hijo-robot. Su atractivo depende enteramente de los robots, que si no están arriba del ring no tienen otra que hacer en la película.  

miércoles, 30 de noviembre de 2011

THE RUINS * * *


Unos turistas americanos encuentran el horror en una pirámide maya.


Una película más inscrita dentro del género “pobres turistas norteamericanos en tierras extranjeras”. Un ejemplo: Hostel (2005). Luego de un tiempo de sana diversión, un grupo de “spring breakers” en México (algún punto del caribe mexicano), se aventura a explorar la jungla. Ahí se encontrarán con una pirámide  maya y un grupo de aldeanos, flechas y pistolas en mano, con intenciones nada amigables. Pero el principal problema, es que nuestros exploradores (Jena Malone, Jonathan Tucker, Laura Ramsey, Shawn Ashmore y Joe Anderson), una vez refugiados en lo alto de la pirámide, se encontrarán con el más extraño suceso paranormal: una enorme planta carnívora, capaz de moverse y sumamente letal. Vale advertir que el 90 por ciento del filme ocurre en lo alto de dicha pirámide, pero lo interesante será ver todo el horror que tiene lugar en ese diminuto espacio, así como ver qué planearán los chicos –o al menos, los que sobrevivan- para escapar. Además, las actuaciones son muy buenas.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

THE EXPENDABLES * * 1/2


Sly Stallone regresa al cine con "The Expendables".


Sería inútil, una pérdida de tiempo, ponerse a pensar el por qué Sly Stallone, a estas alturas, sigue dirigiendo churros. The Expendables (2010) es su más reciente entrega como realizador y guionista, una en extremo genérica película de acción, palomera y sin ninguna otra pretensión que ofrecer entretenidas  escenas de acción y una historia que no demanda mucho trabajo mental  del espectador. Faltaría más. Bueno, tal vez sí pida algo del espectador: identificar las varias notas cinéfilas con las que Stallone adorna el filme. Esas pequeñas excusas para reunir a icónicas figuras del cine de acción de los años 1980, 1990 y 2000. Su némesis en “Rocky IV”, Dolph “Ivan Drago” Lundgren; o Arnold Schwarzenegger, su “rival” en popularidad en los 1980, en un cameo en el que casi lo glorifica. El “governator” entra a una iglesia, rodeado de una celestial luz en la puerta. “Su problema es que quiere ser presidente”, le contesta irónico Sly a Bruce Willis (otro de los cameos infaltables), cuando éste le pregunta cuál es su problema.

Además de Bruce Willis, otros cameos extendidos incluyen a Mickey Rourke, lleno siempre de altibajos en su carrera, que no hace gran cosa que el ser un artista tatuador. Mientras, Eric Roberts (hermano de Julia), otra figura del cine televisivo de acción y otras actuaciones secundarias serie B, hace del engreído villano (¿Hay otro papel que sepa hacer mejor y sin mucho esfuerzo?), un corrupto agente de la CIA traficando droga en cierto país latinoamericano no identificado. Hasta ahí irá Sly con su equipo de mercenarios, una especie de “caza recompensas”, con armamento de primera y habilidades militares, para intentar liberar al país del yugo dictatorial. Es decir, lo más trillado de lo trillado que a Stallone pudo ocurrírsele. Estrellas más modernas del cine de acción participan, como Jet Li y Jason Statham, quien, como siempre, tiene en sus manos escenas de peleas impecablemente coreografiadas y ejecutadas. No nos queda otra cosa más que dejarnos llevar por la adrenalínica acción y nada más. De todas formas, la secuela ya viene el próximo año. 

lunes, 21 de noviembre de 2011

THE DEBT * * * *


Helen Mirren.


Un thriller de espionaje poco convencional, empezando por su narrativa. John Madden (Shakespeare in Love, Proof) sabe combinar, en su justa medida, no nada más buenas dosis de acción sino también de suspenso psicológico. La película abre con la escena del suicidio de un personaje, sin saber las causas del hecho inmediatamente. La historia se ambienta tanto en 1997 como en 1966, y en ambas vemos a su trío de protagonistas, primero en sus sesenta y tantos años, y luego en su juventud como agentes israelíes del Mossad. El atractivo en la realización será el equilibrio en sus narraciones paralelas, en un tiempo y otro, presentando dos versiones distintas –la imaginada y la real- de un mismo hecho: el secuestro, cautiverio y posterior intento de escape de un médico ex nazi (Jesper Christensen) por los tres jóvenes agentes del Mossad.

La película recuerda tanto a “Munich” (2005), como a “Torn Curtain” (1966). El suspenso es sostenido de una forma casi magistral, empezando con nuestra protagonista, la agente Rachel Singer (Jessica Chastain en 1966, Dame Helen Mirren en 1997), yendo a consultas con el doctor para luego, ella sola, someterlo. Toda esta secuencia, que culmina con el intento de Rachel y los otros dos agentes, David (Sam Worthington de joven, Ciarán Hinds en su madurez) y Stephan (Marton Csokas de joven, Tom Wilkinson a los 60) pasar la línea entre las dos Alemanias, es intrigante y dirigida con suma solvencia.

Sin embargo, aunque estas escenas son emocionantes cada segundo que las conforma, el centro de la película está en todo lo que ocurre dentro de ese apartamento en Berlín, en 1966, donde los tres mantendrán secuestrado al doctor. Es en donde se cometerán muchos errores por parte de los agentes, dejándose llevar, especialmente David y Rachel, por emociones y sentimientos, además de dejarse manipular por el más frío, inteligente y calculador doctor, quien da en el clavo con una frase filosa: “Ese es el problema con los judíos, no saben cómo matar, sino cómo morir”. Hay otra secuencia, esta en 1997, que si bien sucumbe ante lo inverosímil que todo thriller tiene, en mayor o menor medida (un anciano, mínimo en sus 90 años, pelea con la extraordinaria fuerza física de alguien en sus 40) es estupenda y me vuelve a recordar el por qué Helen Mirren es la gran actriz que es.   

martes, 15 de noviembre de 2011

MEPHISTO * * *


Klaus Maria Brandauer como Hendrik "Mephisto" Höefgen.


“Mephisto” (1981) es una película que narra el ascenso de un actor de teatro a la fama, la riqueza y el poder político. Previo al ascenso del nazismo, Hendrik Höefgen (el actor austriaco Klaus Maria Brandauer) es un actor talentoso, con arranques de divo y un poco bipolar debido a sus cambios repentinos de humor. A pesar de ser un comunista confeso y orgulloso de serlo, Hendrik trata a sus colegas con frialdad y altanería. Su mayor sueño, es fundar lo que él llama un “Teatro Revolucionario” en Hamburgo, lugar donde reside. Lo peor que podría pasarle a Hendrik –y en sí a  Alemania- es la llegada de un dictador fascista como Hitler y del partido Nazi al poder, pero confía en que eso no sucederá, gracias a los partidos de oposición. Y si eso sucediera puede estar tranquilo, ya que está seguro de tener fuertes, puras e incorruptas raíces alemanas. A pesar de todo, Hendrik tiene una amante mulata, Juliette (Karin Boyd), su “Princesa Tebab”, la cual afirma descender de la nobleza africana y ser de madre alemana, con quien el actor lleva una relación sadomasoquista, con juegos que involucran bailes humillantes y castigos con látigo.

Un poco de lo arriba descrito lo podemos ver en la adaptación que el húngaro István Szabó hizo al cine de la novela homónima de Klaus Mann, hijo del gran escritor alemán Thomas Mann. Una magistral obra a la que la película apenas y hace justicia. Con todo, “Mephisto” ganó el Oscar a “Mejor Película Extranjera”, un premio inexplicable para mí, ya que si bien no es una mala película, está lejos de ser digna merecedora de dicho premio. La encarnación de Brandauer de Hendrik “Mephisto” Höefgen es notable. Hendrik adquiere dicho sobrenombre  una vez que ha triunfado en Berlín, literalmente, vendiéndose al gobierno nazi del Tercer Reich, por su exitosa interpretación de Mefistófeles en el clásico “Fausto”, de Goethe. En efecto, todo un “pacto con el diablo”, traicionando todos sus ideales. Una obra de teatro vista por los nazis como la más representativa de los ideales del pueblo alemán.

La película carece de la fuerza y, especialmente, el humor e ironía de la verdadera parodia política que es el libro de Klaus Mann. El libro también es un magnífico estudio de un personaje contradictorio, inestable, cambiante e impredecible. El enfoque de Szabó es más tranquilo, sin efectismos, melodramatismos e, incluso, más romántico. Por ejemplo, la relación entre Hendrik y Juliette está lejos de la crudeza ilustrada en el libro. Es más romántica y erótica en el filme, lejos de las intenciones de Mann en su libro. El destino de Juliette es más dramático en el libro que el visto en la película.

Los oficiales nazis, en especial Oskar Kroge (Tamás Major), el primer ministro y protector de Hendrik, son vistos aquí con un ojo muy amable y condescendiente por Szabó. Oskar está lejos de ser la risible caricatura regordeta que Mann creó en el libro. Otra cosa, mientras en el libro Hans Miklas (György Cserhalmi), un fanático del nazismo, es el gran antagonista de Hendrik, en el filme acaba siendo un buen compañero sin mayor justificación. En definitiva, una película más que correcta, que si bien tiene un atractivo cuadro de actores, luego de leer el libro recientemente me dejó con ganas de haber visto algo mucho mejor. No esperaba una adaptación religiosamente fiel al libro, pero sí algo que pudiera poner a la misma altura.   

miércoles, 9 de noviembre de 2011

THE CANDIDATE * * * *


Robert Redford. 


Esta película se encuentra dentro de ese subgénero cinematográfico tan norteamericano como lo es el de las “campañas políticas”. The Candidate (1972) tiene una de las mejores actuaciones de Robert Redford (entre sus actuaciones en Butch Cassidy & Sundance Kid, The Great Gatsby o incluso All The President’s Men). En ella vemos a su personaje convertirse –o al menos intentarlo- en un político. Redford interpreta a un exitoso abogado, quien por sentir demasiado pesada la carga moral de tener un padre (el gran Melvin Douglas) con una famosa carrera política, decide aceptar postularse como candidato para senador  de California por el partido demócrata. La invitación viene de Marvin Lucas (Peter Boyle), y su apuesta parecería difícil de creer, de no ser por la gran determinación y convencimiento que tiene de que Bill puede triunfar. Es una confianza ciega y estuve tan expectante como Marvin durante toda la película sobre si Bill realmente podría hacerlo. En específico, luego de la condición principal que pone Bill: poder decir lo que quiera.

Podemos imaginar los problemas y dificultades que esta condición traerá con los asesores de imagen, publirrelacionistas y, en especial, con Marvin como presidente de campaña. ¿Cuáles son las posibilidades de Marvin de ganar? Inexperto e inseguro al principio, está preocupado por cosas que pueden parecer no muy políticas, como la ecología. Además, Bill tiene como contrincante a un más experimentado político republicano, el senador Crocker Jarmon (Don Porter), quien sabe cómo moverse y desempeñarse en toda situación y territorio, frente a las cámaras y sobre el escenario.

Sin embargo, la mejor confrontación no será entre el viejo político y el joven abogado liberal, sino entre éste y su presidente de campaña. La película ganó el Oscar a “Mejor Guión”, y su punto fuerte es el realismo que tiene en su retrato de la campaña política. Esto sin mencionar los diálogos en los mítines, en el debate que tienen Crocker y Bill, las respuestas con las que Bill salva algunas situaciones tensas y, especialmente, su último discurso. Su atractivo, juventud y carisma, al final, no parecen ser suficientes. El final me dejó perplejo, un final casi abierto y con una pequeña línea estupenda que dice Bill, con su gesto de incredulidad y miedo ante los resultados de las votaciones: “¿Qué vamos a hacer ahora Marvin?”. Buena pregunta. 

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