miércoles, 14 de diciembre de 2011

WINNING * * 1/2


Paul Newman, apasionado de los autos de carreras.


La pasión de Paul Newman, hasta el día de su muerte, fueron los autos de carreras. Winning (1969) es una película –quizás la única- en donde expresó dicha pasión con toda clase de emociones: alegría, frustración, miedo, etc. Y tal vez nadie (con excepción de Steve Moqueen), se veía mejor en cine conduciendo  en la pista de carreras que Paul Newman. Por eso, lo mejor y más rescatable del filme son las carrera. James Goldstone, el realizador, hace un gran trabajo editándolas, con una sensibilidad casi documental y una buena dosis de realismo. Hay una escena impresionante de un accidente en plena pista, la cual es difícil saber si son imágenes de archivo, si fue recreada, o una combinación de ambas. La historia es lo de menos. Frank Capua (Newman), un espíritu libre y conductor profesional de autos de carrera, decide sentar cabeza y casarse con una madre soltera (muy guapa Joanne Woodward), convirtiéndose además en el padre que el hijo de ésta (Richard Thomas) nunca tuvo. Todo va bien hasta que la mujer le pone el cuerno al pobre de Frank. El problema es el guión, muy flojo y con  diálogos muy sosos. 

martes, 13 de diciembre de 2011

EVAN ALMIGHTY * *


Steve Carell, un moderno "Noe" y Morgan Freeman como Dios.


En esta secuela se rescata el personaje muy secundario de Evan Baxter, (interpretado por Steve Carell), presentado en Bruce Almighty (2003). Es una secuela que se siente por demás inútil y sin mucho sentido. Para empezar, el personaje de Evan en la primera película no era muy carismático que digamos.  Estaba ahí para hacerle la competencia a Bruce (Jim Carrey) dentro del canal de noticias en el que ambos trabajan. Para ser honestos, fuera de las caras locas y rutinas de comedia física de Carrey, tampoco fue muy graciosa Bruce Almighty.  La única sorpresa fue ver un Dios negro, encarnado por el siempre efectivo Morgan Freeman, con su acostumbrada facilidad para este tipo de personajes. De hecho, la única cosa realmente graciosa que hacia Steve Carell en aquella lejana película, era cuando, estando al aire en su programa, se ponía a hacer caras locas a lo Jim Carrey, poniéndose en ridículo frente a todos los televidentes.

Freeman vuelve a interpretar a Dios, y Tom Shadyac repite en la dirección. Dios ha vuelto y le tiene una tarea a Evan, quien está tratando de iniciar una carrera política como congresista en Washington. La idea aquí es adaptar la historia bíblica del arca de Noe a la era moderna, y darle un giro político que no funciona en absoluto. No funciona ni como parodia política, ni como nada en absoluto. Evan quiere “cambiar al mundo”. Que empiece construyendo un arca. Las pocas risas que me sacó el filme, fue ver cómo el pobre Evan padece su transformación física en Noe. Su barba y cabello crecen, y se tornan canoso. Dios le proveerá con sus bíblicos ropajes y nada más le falta hablar en arameo o algo así.

Se lo que está pensando: es la idea de The Santa Clause (1994) pero versión Arca de Noe, más un toque Jumanji.  El problema es que, mientras en The Santa Clause sí funciona la idea, en Evan Almighty no mucho, ya que hay cosas sin lógica. ¿Quién puede creer que Evan, con la ayuda de su familia, construirá una titánica arca en escasos 3 meses antes de que venga el nuevo diluvio? Por cierto, cuando llega el famoso diluvio es tan frustrante que uno piensa ¡¿Tanto para esto?! 

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