viernes, 23 de diciembre de 2011

JOURNEY TO SHILOH * * *


James Caan y sus amigos buscan unirse al ejército confederado
en "Journey to Shiloh".


Si se quiere ver a James Caan en una extraña faceta de vaquero, entonces hay que verlo en Journey to Shiloh (1969). Con botas, chaleco, sombrero y una no muy favorecedora melena, James Caan es el líder de un grupo de amigos texanos, dispuestos a enrolarse como soldados durante la Guerra Civil. Harrison Ford lo acompaña, en uno de sus primeros papeles en cine de su época “pre-Han-Solo”. Su jornada los lleva por distintas aventuras, en la que descubrirán tanto la crudeza de la esclavitud como la discriminación social. Ah, claro, y el amor, al menos nada más para Buck (James Caan), cuando lleve a cabo el romántico deber de defender a una bella camarera en un casino, nada menos que de unos soldados confederados. Y será bien recompensado por ello.

Cuando consigan enlistarse en el primer batallón que pueden, los problemas comienzan cuando los manden a infantería en lugar de caballería, justo como deseaban. No será más que el comienzo de una serie de desilusiones y tragedias, donde descubrirán que la guerra está lejos de ser la aventura épica que pensaban. Aunque está más cercano a un western televisivo de matineé (nada extraño, al estar dirigido por el realizador televisivo William Hale), la película es muy visible y entretenida, el tema musical es pegajoso y el tercer acto, durante las batallas, llega a ser conmovedor. 

jueves, 22 de diciembre de 2011

LA PIEL QUE HABITO * * 1/2


Antonio Banderas y Elena Anaya.


Pedro Almodóvar sigue siendo uno de mis favoritos. No importa que su más reciente película, La piel que habito (2011) no me haya gustado tanto como su anterior trabajo, Los abrazos rotos (2010). El director manchego sigue teniendo el poder de llevarme al cine a ver sus películas, a no perderme una sola. No importa lo predecible que pueda ser el casting de sus actores, que sus “chicas almódovar” siempre estén presentes, ahí estaré para dejar que mi pupila se deleite con el explosivo colorido de su diseño de producción y que mis oídos se dejen acariciar con la música de su eterno colaborador, Alberto Iglesias. Es más, un par de excusas por las cuales vale la pena ver La piel que habito, es Antonio Banderas, antiguo colaborador del director manchego en filmes como Matador, La Ley del deseo, Mujeres al borde de un ataque de nervios y Átame, quien vuelve a ponerse a sus órdenes frente a las cámaras luego de 20 años. Además, una nueva “chica almodóvar” se agrega a la lista, Elena Anaya, en una actuación demandante y notable, casi todo el tiempo vestida en trajes ajustados color carne.

Escrita en colaboración con su hermano, Agustín Almodóvar, basada en la novela “Tarántula” de Thierry Jonquet, el guión fue uno de los mayores problemas de la película. No me creí el enfermizo relato transexual, cargado del erotismo típico de Almodóvar, obsesiones y venganzas. Pedro sigue tomando como fuente de inspiración géneros clásicos de Hollywood, ahora en películas de horror serie B, con todo y científico loco incluido. Antonio Banderas es Robert Ledgard, un prestigiado cirujano plástico, que se percibe muy cercano a una especie de Doctor Frankenstein,  o al doctor loco interpretado por Bela Lugosi en “The Body Snatcher”. Uno de los atractivos del filme, además del -como siempre- buen diseño de arte (sinceramente no tan bueno como en anteriores películas), es la engañosa narrativa. Al principio, Almodóvar nos va contando la historia de Robert y el cautiverio en el que mantiene a una bella chica, de nombre Vera Cruz (buen nombre, peculiarmente gracioso si vives en México). Empezamos en Toledo, año 2012. Lo que sabemos, es que Robert se encuentra realizando experimentos en Vera, en lo que pueden ser injertos de piel creada artificialmente, más resistente y fuerte que la piel humana. La piel es capaz de soportar incluso altas temperaturas. A los ojos de la comunidad científica, puede ser polémico e ilegal, por el simple hecho de estar experimentando en un humano.

El detonante de la historia, es la llegada a la residencia de Robert del hijo de su ama de llaves (Marisa Paredes, quién mejor que ella), brasileño, disfrazado de tigre y buscando un escondite. Todo se complicará a un grado inimaginable, lo que conducirá a varios flashbacks para contarnos los antecedentes. ¿Cómo llegó Vera a la casa de Robert? ¿Quién es realmente la chica? ¿Por qué Robert experimenta con ella? Robert, como el protagonista de “Vertigo”, parece estar construyendo una mujer a imagen y semejanza de un ser de su pasado. También será una suerte de mirón, constantemente vigilando a Vera a través de cámaras, encarnando el clásico tema del vouyerismo en las películas de Almodóvar.

El problema, es que la historia acaba siendo un “culebrón” (vamos, una historia más telenovelera que otra cosa), fantasioso e inverosímil. Me creí más el personaje transexual de “Transamerica”, interpretado por Felicity Huffman, que el de “La piel que habito”, que debe ser el trabajo de cirugía plástica  más perfecto del mundo y llevado a cabo en un quirófano doméstico. Los diálogos a ratos parecen, igualmente, de telenovela de la tarde (o de radionovela o novela de bolsillo barata, da lo mismo) y buena parte del filme Marisa Paredes luce sobreactuada. La resolución es de esos finales en puntos suspensivos, que más bien me dejó con la idea de que a Pedro, justo aquí, se le acabó el combustible. 

miércoles, 21 de diciembre de 2011

IMMORTALS * * 1/2


Teseo, el mítico fundador de Atenas, es el protagonista en "Immortals".


Una película como Immortals (2011), a pesar de estar publicitada como “de los productores de ‘300’ ”, está más cerca de ser una consecuencia de “Clash of the Titans”, el remake. Su historia está basada en la mitología griega, específicamente en la leyenda de Teseo, fundador de Atenas y considerado como un semidios, al tener tanto un padre humano (Aegeus), como uno divino, Poseidón. Teseo es interpretado por el atlético pero verdaderamente desconocido y no muy buen actor Henry Cavill. El filme es dirigido por otro nombre relativamente desconocido, Tarsem Singh, realizador de origen indio. Si “Mirror, mirror”, su adaptación del clásico cuento de Blancanieves, tiene éxito el próximo año, su nombre empezará a sonar más. Ya vi el trailer y no me entusiasmó mucho.

Singh es un realizador preocupado más por la estética y diseño de sus películas. Immortals no es la excepción.  Acabé considerando el filme un trabajo con muchas contradicciones. Es decir, mientras su diseño de producción es atractivo, rozando lo kitsh y haciendo una mezcla de elementos modernos (muy teatrales, a lo Julie Taymor) con otros más griegos, la mayor parte del vestuario luce fatal. El vestuario de los dioses parece de 3 dólares y casi risible. Por otro lado, tiene un diseño conceptual atractivo, que está entre lo surrealista y algo próximo a la novela gráfica. Lo malo, es que a pesar de sus raíces mitológicas, la historia se queda corta. El villano, el rey Hyperion, interpretado por un risible Mickey Rourke, luce acartonado, por no decir, caricaturizado. Es difícil seguir tomando en serio a Mickey Rourke como actor, si sigue haciendo esta clase de personajes. Es una lástima, ya que por un momento pensé que en “The Wrestler” ya había vuelto a sus cabales.

En ese sentido, la película es un desbalance total. Si por algo la disfruté un poco,  fue por sus momentos de verdadera inspiración visual, su espíritu de película antigua de matineé y aventuras. Hay dos presencias rescatables: John Hurt, como el viejo mentor de Teseo, Frieda Pinto, como una bella pitonisa, y Luke Evans, como un juvenil y enérgico Zeus, el cual prohíbe a los dioses dar cualquier ayuda a los mortales. Los dioses están vestidos como para el carnaval de Río de Janeiro, lejos de verse como viejos barbados y apostando más por una imagen juvenil. Teseo se dispone a pelear por su pueblo contra Hyperion, quien tiene sitiada Grecia para encontrar el  poderoso arco Epiro. El arco es como un arma de alta precisión, capaz de disparar un número infinito de flechas mágicas sin necesidad de apuntar.

Las peleas están coreografiadas y fotografiadas con el mismo estilo de las peleas vistas en 300. Tracking shots en cámara lenta, con la cámara siguiendo a Teseo mientras este elimina a sus oponentes sistemáticamente con la espada. La batalla final es una decepción, toda dentro de un largo pasillo, un desastre. En tanto, esa pelea final de los dioses contra los titanes, que son como dioses caídos, salvajes y primitivos, prisioneros en una jaula dentro del Monte Tartaros, es mucho mejor. Sigue el mismo estilo “300”, con una inspiración “Matrix”. Los dioses y los titanes flotan, vuelan y pelean suspendidos, en gravedad cero prácticamente. De no ser por sus defectos, Immortals bien hubiera podido pasar como un redondo entretenimiento palomero.  

THE AMERICAN * * * 1/2


George Clooney interpreta a un obscuro y silencioso personaje en
"The American".


El segundo largometraje del director holandés Anton Corbijn, es un thriller hollywoodense con un toque artístico y de autor en extremo marcado. Tiene como protagonista a George Clooney, una estrella de Hollywood, en un obscuro papel, totalmente alejado de sus personajes dentro del mainstream comercial. Esta película sigue hablando mucho del interés de Clooney por el cine independiente, a través de “Smoke House”, su casa productora. El resultado, es una película que podría calificarse como un thriller, pero que irónicamente, no tiene mucha acción. Se puede calificar como una película de suspenso, que aunque bien establecido, se toma su tiempo necesario, sin prisas. En resumidas cuentas, no es una película palomera, sino una más preocupada por su estética y dirección fotográfica. En “Control”, primer largometraje de Corbijn, sucedía lo mismo, un recordatorio de la antigua profesión de fotógrafo del realizador. Martin Ruhe es el director de fotografía en ambas, aunque puede adivinarse una colaboración mutua, profunda, entre ambos.

Basada en la novela “A Very Private Gentleman”, de Martin Booth, The American (2010) es como un western ambientado en un pueblito italiano. Ahí llega el asesino a sueldo interpretado por George Clooney, para ocultarse de un grupo de asesinos suecos que le han dado un “susto” mientras descansaba con su novia en una cabaña. No sabemos si su nombre es Jack o Edward. Es de pocas palabras (Clooney tiene la oportunidad de presumir unas 4 o 5 palabras en italiano), un agudo observador, desconfía hasta de su propia sombra (casi al borde de un delirio de persecución), tiene una peculiar fascinación por las mariposas (incluso tiene una tatuada en la espalda)  y es un hábil constructor de armas. Todos lo miran como un forastero en el laberíntico pueblito, en donde conocerá a un curioso y preguntón sacerdote (Paolo Bonacelli) y a una guapa prostituta (Violante Placido), con la cual trata de llenar sus momentos de soledad. Además, otra mujer atractiva y misteriosa entra en su vida (Thekla Reuten), quien le encarga construir una arma de alta precisión.

No es una película con muchas sorpresas. Quienes hayan visto suficientes thrillers y películas de espionaje, no tardarán en ir adivinando los eventos que se irán sucediendo. Es la clásica historia del matón a sueldo que encuentra, sin esperarlo, tranquilidad y redención en el amor, pero que descubrirá –si no es que ya lo sospechaba- lo difícil que es huir del submundo de la mafia. El pueblito, con su enredijo de callejuelas en el que se pierde Jack, puede verse como un símbolo de ello. Es una telaraña en la que para Jack será difícil ocultarse de sus enemigos. Hay un homenaje a Sergio Leone (en un restaurante Jack observa “Once Upon a Time in the West”) y el inevitable duelo final. El filme de Corbijn es visualmente atractivo, con paisajes bellos y cuidadosamente compuestos. En otras tomas, sabe cómo fotografiar muy estéticamente la espera e inactividad de su personaje (las escenas en el restaurante), enmarcándolo en grandes ventanas. No es para un público buscando el entretenimiento de fin de semana, sino para uno más preocupado en la psicología y estado emocional de sus personajes. En este sentido, George Clooney sabe cómo conseguirlo con una buena actuación, basada más en gestos, semblantes y silencios. 

lunes, 19 de diciembre de 2011

TOWER HEIST * * * 1/2


¿Cómo sacarías un Ferrari rojo de un rascacielos? Este grupo
de inexpertos ladrones tendrá la respuesta.


¿La mejor película de Brett Ratner a la fecha? Un crítico así lo afirma. He visto la mayoría de sus películas, y me parece un realizador irregular. Si bien lo peor de sus películas es “After the Sunset” y la saga de “Rush Hour” (entretenidas gracias a las acrobacias de Jackie Chan, pero insoportables debido al insoportable Chris Tucker), por otro lado, me gustaron “The Family Man”, “Red Dragon” y “X Men: Last Stand”. Aún tengo que ver “Horrible Bosses”, que en general he escuchado   está “pasable”. Tower Heist (2011) es una buena comedia, redonda, con humor bien dosificado, así como una ridícula y vertiginosa escena de un robo a miles de pies de altura. Lo más sorprendente, es que trae de vuelta (como en una cápsula de tiempo) al mejor Eddie Murphy. No al de los churros que empezó con su remake de “The Nutty Professor”, sino al Murphy que fue gracioso en los 1980. Cómico, verborreíco sin ser insufrible y en plena forma, para mantener su humor intacto de principio a fin. Eddie Murphy casi acaba robándose la película.

Como el título indica, tenemos una “heist movie” (es decir, película de grandes-y-casi-imposibles robos) en clave de comedia. Puede verse como una especie de parodia de la trilogía de “Ocean’s Eleven”, con todo y música jazzy-groovy-funky. No por nada Casey Affleck, protagonista de todas las películas “Ocean’s”, actúa en la película. Un grupo ecléctico, pero con una cosa en común, planea llevar a cabo un gran robo. Casi todos han sido estafados por un millonario hombre de negocios (Alan Alda), por lo que buscan venganza planeando el robo de su caja fuerte, en donde creen oculta una cuantiosa suma de dinero.

El grupo está encabezado por Josh (Ben Stiller), gerente de “The Tower”, un lujoso edificio en Nueva York, en donde vive lo más selecto, incluyendo nuestro estafador. Un pobre tipo al que ha dejado su esposa (Matthew Broderick, genial en toda la inocencia y habilidad numérica de su personaje), también residente del edificio, se unirá a ellos. El grupo se completa con el recepcionista de la torre (Affleck), un elevadorista latino (Michael Peña) y un ladrón de cuarta (Eddie Murphy), vecino de Josh y reclutado por éste como principal asesor.

Sería un crimen revelar aquí los giros inesperados que toma la historia. Basta decir que en el robo acaba involucrado un valioso Ferrari rojo, que según se afirma, perteneció a Steve McQueen. ¿Cómo sacarías un Ferrari rojo de un rascacielos, en pleno desfile de “Día de Acción de Gracias”, sin que nadie se de cuenta de ello? Esa será una de las aventuras en la película, por las que vale la pena la entrada. Ben Stiller actúa bien en su personaje habitual del tipo torpe al que las cosas no le salen como espera, aquí con un aire inesperado de importancia y grandeza, que va acorde con la misión. Es decir, su Josh está decidido a ser una especie de “Robin Hood” de la “Gran Manzana”, dispuesto a hacer justicia por su cuenta y en favor de su staff. Tea Leoni luce guapa de morena ojiverde, en su personaje de agente de FBI, seria la mayor parte del tiempo, pero con un logrado tono de suma autoridad. Mientras, otra de las sorpresas es ver de vuelta a Gabourey “Precious” Sidibe, como una empleada de limpieza jamaiquina (su acento es de lo más convincente). Un poquitín más de romance entre Josh y la agente, no le hubiera venido mal a la historia.
 

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