jueves, 12 de junio de 2014

SUPER 8 * * *

AMENAZA INVISIBLE. Unos jóvenes amantes del cine enfrentan una amenaza alienígena.

Super 8 es como el encuentro de E.T. con War of the Worlds. Al ser producida por Steven Spielberg, la influencia de este es notoria. Se nota que Spielberg es uno de los héroes cinematográficos de J. J. Abrams, director del filme. Super 8 puede verse como un homenaje al cine con el que Abrams (en el que ahora todos nosotros, fans de Star Wars, tenemos nuestra fe depositada en que rescatará la franquicia) creció en su infancia. Sin embargo, en toda esa admiración de Abrams al cine de Spielberg está el pie del cual cojea la película. Casi todo el tiempo sentí que esto ya lo había visto antes y mucho mejor llevado por Spielberg años atrás.

Un niño, Joe Lamb (Joel Courtney), vive en el núcleo de una familia fragmentada. Su padre es el sheriff del pueblo (Kyle Chandler), y su madre murió en un accidente. Joe tiene una especial habilidad para construir figuras de monstruos y para el maquillaje cinematográfico. Con su grupo de amigos, se encuentra en la filmación de una película en rudimentario formato súper 8 para un concurso, dirigida por su mejor amigo amante del cine (Riley Griffiths). El mejor momento de la película, ocurre cuando se encuentran filmando una escena en una estación de tren, en donde Abrams demuestra no nada más su gran habilidad para la espectacularidad en las escenas de acción, sino sensibilidad cinematográfica. De pronto, un aparatoso accidente de tren los sorprende, descarrilándose a toda velocidad. Los chicos, únicos testigos del suceso, corren a refugiarse, mientras su pequeña cámara de cine filma todo.

Fuera de la escena del accidente, ya no hay mucho de memorable en la película. Después de construir un buen suspenso durante la primera mitad, con las extrañas desapariciones de los habitantes del pueblo por una criatura extraterrestre, de la cual no vemos casi nada (al estilo Cloverfield), incluyendo la llegada de militares al lugar sin explicar lo que ocurre, todo se viene abajo casi al final. Abrams resuelve todo al estilo E.T., de una forma ni muy conmovedora ni muy climática.

La historia tiene su parte emotiva bien puesta. Nos lleva a 1979 con pequeños detalles en su diseño de arte (el cuarto de Joe, por ejemplo, lleno de pósters de cine y juguetes de aquel año) y las actuaciones son buenas. Pero Super 8 acaba centrándose más en el lado emocional-romántico de la historia, el del amor platónico entre Joe y su amiga, Alice (Elle Fanning), que nunca toma forma debido a circunstancias reveladas al final. Como película de ciencia ficción es algo decepcionante, resultando más pasable como nostálgica historia infantil de maduración. 



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