miércoles, 31 de octubre de 2012

EL CRISTO DEL OCÉANO * * *

Básicamente, es Marcelino Pan y Vino en el mar. Si el escritor Anatole France tomó como inspiración  aquella novela de José María Sánchez Silva (adaptada al cine en 1955), para, a su vez, escribir la historia en la que está basada esta película, es un misterio.  Son muchas las coincidencias y puntos en común entre ambas historias. El Cristo del Océano (1971) es un entretenido melodrama, conmovedor y muy sentimental; con muchos toques humorísticos. Además, es un disfrutable retrato sobre los tradicionalismos de un tranquilo pueblo pesquero en la costa de Asturias. Tranquilo, al menos, cuando no hay alguna festividad religiosa (se ve que saben pasarla bien) o una tormenta. Nino Del Arco hace un gran trabajo interpretando al niño protagonista, Pedrito, gracias a esa mirada de tristeza que sabe proyectar en sus close ups, y también a su energía y simpatía. El niño no tiene a nadie en el mundo más que a un amigo, un pescador de nombre Juan Aguirre (el italiano Paolo Gozlino), quien es la figura paterna ausente que necesita. De su madre sólo sabe que un día lo dejó siendo un bebé, y sueña con un día volver a encontrarla. 

Sin embargo, una tormenta traerá dos cosas: una tragedia y el Cristo del título. Este último es arrastrado por la marea hacia la playa, para ser encontrado por Pedrín. El milagro ocurre cuando Jesucristo baje de la cruz y haga amistad con el niño. Todos sabemos de quién se trata, menos Pedro (muy simbólico el nombre, por cierto), quien creerá que se trata de un trotamundos de nombre Manuel (interpretado por el norteamericano Leonard Mann). Pedro será como el vocero de Manuel ante el pueblo y el sacerdote local, mientras se van produciendo milagros a diestra y siniestra. No se necesita ser muy religioso o creyente para disfrutar el filme. Si bien no tiene muchas virtudes cinematográficas, es la fe y fuerza vital del noble Pedro, esperanzado en que algún día volverá a ver a su amigo y a su madre, la base emocional y emotiva de la película. 

PEDRITO, PESCADO Y VINO. Nino del Arco y "El Cristo del Océano".


lunes, 29 de octubre de 2012

AWAY WE GO * * *


ECHANDO RAÍCES. Maya Rudolph y John Krasinski.

Para Sam Mendes, Away we Go (2009) es la contraparte cómica de Revolutionary Road (2008), su anterior película. La realización de aquella fue "terapéutica", según afirma, luego de realizar un melodrama más pesado emocionalmente. Away we Go es una road movie que tiene a Maya Rudolph y a John Krasinski encarnando a una pareja pasando por crisis existenciales, debido a la llegada de su primer hijo. La película está basada en las experiencias personales de Vendela Vida, quien coescribió el guión junto a Dave Eggers. Aunque es un trabajo menor de Sam Mendes, la experiencia en carretera en la que se involucran nuestros personajes es bastante pasable, gracias a la química entre los dos actores principales. La pareja que forman es muy creíble: Krasinski con su desaliñado look estilo Shaggy, y Rudolph sabiendo cómo expresar la pesadumbre e incertidumbre de la experiencia que le espera. 


Todo comienza cuando los padres de Burt (Krasinski), interpretados en cameos extendidos por Catherine O'Hara y Jeff Daniels, tienen la no muy sensible idea de emprender un viaje alrededor del mundo durante dos años, justo cuando faltan dos o tres meses para la llegada del bebé. Burt y su novia, Verona (Rudolph), deciden por ello hacer un tour por varias ciudades, con el objetivo de encontrar un nuevo lugar en dónde vivir y criar a su hijo. Él es un agente de seguros, en camino a una entrevista de trabajo, ella una ilustradora, especializada en ilustraciones médicas. 

Durante sus escalas en ciudades, como Tucson, Phoenix e incluso Montreal, se encontrarán con una galería variopinta de personajes, entre viejos amigos y familiares. Unos irán desde lo verdaderamente irritante (la mujer interpretada por Allison Janney, cuyo personaje es una pésima madre y no mejor esposa), lo ridículamente estrafalario (la "extravagante" hippie interpretada por Maggie Gyllenhaal, con revolucionarios métodos para criar niños), hasta lo más moderno y extremo, como aquellos padres (Chris Messina y Melanie "Two and a Half Men" Lynskey), quienes han optado por adoptar niños de varias razas.


El viaje de Verona y Burt los lleva a descubrir y analizar diferentes tipos de maternidad, todo desde una perspectiva cómica, sensible y, como en la última escala en Canadá, conmovedora. También los lleva a preguntarse otras cosas: si ambos serán buenos padres y si deberían casarse. Algo es seguro, la película tiene ciertos desbalances en cuanto al tono que Sam Mendes intenta imprimir. No creo que la comedia sea lo más indicado para él como realizador, estando más especializado en el melodrama duro, de alto calibre (American Beauty, Road to Perdition o la misma Revolutionary Road). Es comprensible que los mejores y más valiosos momentos en Away We Go sean aquellos cuando el melodrama más profundo se hace presente. 

Entiendo que el filme está más en la línea de la comedia arty, independiente, alejada de los cánones comerciales de Hollywood. Si bien tiene una fotografía muy atractiva y pintoresca, y que el reparto está muy bien, las partes que supuestamente debían ser cómicas no me lo parecieron tanto. Las escenas cuando Burt trata de acelerar el pulso del bebé con gritos tienen su gracia, aunque, por el contrario, toda la secuencia de la prima hippie me pareció irrespirable y eterna. 

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