miércoles, 9 de noviembre de 2011

THE CANDIDATE * * * *


Robert Redford. 


Esta película se encuentra dentro de ese subgénero cinematográfico tan norteamericano como lo es el de las “campañas políticas”. The Candidate (1972) tiene una de las mejores actuaciones de Robert Redford (entre sus actuaciones en Butch Cassidy & Sundance Kid, The Great Gatsby o incluso All The President’s Men). En ella vemos a su personaje convertirse –o al menos intentarlo- en un político. Redford interpreta a un exitoso abogado, quien por sentir demasiado pesada la carga moral de tener un padre (el gran Melvin Douglas) con una famosa carrera política, decide aceptar postularse como candidato para senador  de California por el partido demócrata. La invitación viene de Marvin Lucas (Peter Boyle), y su apuesta parecería difícil de creer, de no ser por la gran determinación y convencimiento que tiene de que Bill puede triunfar. Es una confianza ciega y estuve tan expectante como Marvin durante toda la película sobre si Bill realmente podría hacerlo. En específico, luego de la condición principal que pone Bill: poder decir lo que quiera.

Podemos imaginar los problemas y dificultades que esta condición traerá con los asesores de imagen, publirrelacionistas y, en especial, con Marvin como presidente de campaña. ¿Cuáles son las posibilidades de Marvin de ganar? Inexperto e inseguro al principio, está preocupado por cosas que pueden parecer no muy políticas, como la ecología. Además, Bill tiene como contrincante a un más experimentado político republicano, el senador Crocker Jarmon (Don Porter), quien sabe cómo moverse y desempeñarse en toda situación y territorio, frente a las cámaras y sobre el escenario.

Sin embargo, la mejor confrontación no será entre el viejo político y el joven abogado liberal, sino entre éste y su presidente de campaña. La película ganó el Oscar a “Mejor Guión”, y su punto fuerte es el realismo que tiene en su retrato de la campaña política. Esto sin mencionar los diálogos en los mítines, en el debate que tienen Crocker y Bill, las respuestas con las que Bill salva algunas situaciones tensas y, especialmente, su último discurso. Su atractivo, juventud y carisma, al final, no parecen ser suficientes. El final me dejó perplejo, un final casi abierto y con una pequeña línea estupenda que dice Bill, con su gesto de incredulidad y miedo ante los resultados de las votaciones: “¿Qué vamos a hacer ahora Marvin?”. Buena pregunta. 

martes, 8 de noviembre de 2011

A NIGHT AT THE OPERA * * * *


¿Cómo pudieron caber todos en un diminuto camarote?
Sólo viendo la película se puede atestiguar la gran hazaña.


Muchos consideran a Duck Soup (1933) como la mejor película de los hermanos Marx. Otros creen que A Night at the Opera (1935) es superior, o que se encuentra en segundo lugar en su filmografía. Lo que es cierto es que, como es característico en sus películas, es que A Night at the Opera es otro más de sus excéntricos ejemplos de humor surrealista, en donde pasan cosas inesperadas, sin mayor explicación o razón aparente, pero que por alguna endemoniada causa siempre acaban teniendo sentido. El humor de los hermanos Marx es la coherencia de la incoherencia. Una de las mejores escenas que ilustran esto, es aquella del diminuto camarote, en donde Groucho, Chico y Harpo, viajan como polizontes en un crucero de Italia a Nueva York. Ahí empiezan a recibir gente que les traen toda clase de servicios, sin que lo hayan pedido. Groucho ordenó antes la comida. ¿Pero de dónde han salido los demás? ¡Qué importa! El caso es que están ahí, y Groucho se las ingeniará para meterlos a todos en el diminuto espacio, con no muy cómodas consecuencias.

Groucho es un agente en una compañía de ópera, el cual intenta promover a una joven promesa del canto, Ricardo (Allan Jones). Sólo que el director de la compañía no le hace mucho caso. El mudo Harpo es el asistente de un insufrible tenor, quien siempre se encuentra maltratándolo. Mientras, Chico no es más que un empleado en el teatro, metiendo las narices donde no lo llaman. Ricardo está enamorado de una guapa soprano (Kitty Carslile), sólo que el tenor insufrible se encuentra cortejándola insistentemente. El resto del filme es un musical en la mejor tradición de la MGM, con números entretenidos como el del baile en el barco, un gran vehículo de lucimiento para el talento musical tanto de Harpo (increíble lo que podía hacer con un arpa) como de Chico.

Es una serie de ingeniosas hazañas humorísticas de los hermanos, y durante el clímax que ocurre justo cuando “Il Trovatore” está en escena tiene más de la comedia surreal de los hermanos, capaces de estar (de nuevo sin alguna causa racional) en 2 o 3 lugares al mismo tiempo. De lo mejor, es ese gag que Groucho y Chico sostienen por 5 minutos, en donde tienen una práctica manera de deshacerse de las cláusulas de un contrato que no les convence mucho.

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