jueves, 1 de agosto de 2013

SCARY MOVIE 5 * 1/2


Llega la quinta entrega de esta franquicia, en donde se parodian algunas películas de horror del 2013, y una que otra que no pertenecen precisamente al género. En Scary MoVie 5 (2013) no se salvan de la burla películas como Mama (que provee la columna vertebral de la historia), Evil Dead, Paranormal Activity, Sinester, además de colarse otras como Inception, Black Swan, y Rise of the Planet of the Apes.

La estructura sigue siendo una sucesión interminable de gags, unos funcionales que proveen algunas risas, y otros que, en el otro extremo, son muy malos. Además, tiene un número de referencias cinéfilas, que para ser detectadas se necesita estar moderadamente versado en el género de horror. Charlie Sheen y Lindsay Lohan abren la película, dan el chispazo inicial a la historia en plena burla de sí mismos, aunque acaban cayendo en lo peor que puede haber en un sketch televisivo.

Narrada por Morgan Freeman (o más bien, una aceptable imitación), la historia narra como un joven matrimonio adopta un trío de niñas, que viven  abandonadas en una cabaña en el bosque. Una de ellas es una bebé, que será el objeto de un sin fin de gags culposamente graciosos, de puro humor negro; otra es una niña que se cree perro, y la mayor está traumatizada por un ente paranormal a la que llama “mamá”.

Las niñas son adoptadas por un investigador (Simon Rex) y una bailarina de ballet (Ashley Tisdale), quienes junto a una estereotípica sirvienta mexicana (Lidia Porto), habitan una casa llena de cámaras y afectada por  fenómenos paranormales. Como sus predecesoras, el filme no es más que otro subproducto del mainstream hollywoodense. Su receta  incluye lo mejor, pero también lo peor de cualquier comedia promedio. A esperar de todo, desde el humor más surrealista (las aspiradoras divirtiéndose en la alberca), y el más negro (la escena de Evil Dead es graciosa con la mentalidad apropiada), hasta el más descerebrado, vulgar y escatológico. Nada nuevo bajo el sol. 

ACTIVIDAD SUBNORMAL. Simon Rex y Ashley Tisdale.



miércoles, 31 de julio de 2013

IN A BETTER WORLD * * * 1/2

PEQUEÑO GUARDAESPALDAS. Markus Rygaard y William Johnk Nielsen,
forman una sólida amistad.

Algo que muestra In a Better World (2010), de Susanne Bier, -ganadora del Oscar a Mejor Película Extranjera en 2011- es que el bullying no nada más puede darse entre niños, sino también entre adultos. La película tiene un par de escenas inquietantes, en donde un niño es testigo de cómo su padre es golpeado y humillado frente a él por otro hombre. De manera optimista (quizás también inocentemente) el padre quiso razonar con el violento y explosivo hombre de manera civilizada. No nada más Haevnen (su título original en danés) es un filme sobre el bullying y sus detonantes consecuencias, sino sobre la xenofobia que puede darse en países de la Europa Nórdica. En dichas escenas, el padre (Mikael Persbrandt) trata de razonar con un hombre que se ha puesto a la defensiva, sólo porque el primero trató de mediar una discusión entre sus hijos en un parque. El padre, un doctor que trabaja haciendo labor humanitaria en África (en dónde se dará una circunstancia similar de abusos entre paramilitares y humildes aldeanos), es abofeteado y avergonzado ruínmente frente a sus dos niños.

En su escuela, Elias (Markus Rygaard), un niño sueco, es diariamente insultado por un bravucón y su pandilla. Un día, Christian (William Johnk Nielsen), su único amigo, decide temerariamente tomar el asunto en sus manos y cobrar venganza. Algo valiente, considerando su baja estatura. Sin embargo, Christian es un pequeño misterio que no puede juzgarse por su tamaño. Al principio, nos deja  intrigados por los métodos poco ortodoxos que tiene para resolver los problemas de su amigo. Detrás de su temeridad, se encuentra el sufrimiento debido a que su madre falleció de cáncer (hecho que vemos en las primeras escenas) y su padre (Ulrich Thomsen, que hemos visto en Brothers, también de Susanne Bier), quien también viaja mucho por trabajo, no tiene éxito tratando de acercarse a él, al menos cuando tiene tiempo para ello.

Contrastando los dos ambientes familiares, Bier tiene un claro vehículo para dirigir un buen melodrama, tal vez convencional en su estructura, pero que, además de estar atractivamente fotografiado, permite asomarnos y ver un poco el estado actual de la sociedad danesa. No es de extrañarse que haya ganado el Oscar, ya que da en el clavo al tocar el tema del bullying, en varios niveles y de manera inteligente, y además tiene una sensible manera de afrontar un filme de tintes humanistas que apela, sin problemas, a las audiencias americanas.

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