jueves, 9 de febrero de 2012

DIE FÄLSCHER * * * 1/2


La más ambiciosa operación de falsificación de dinero por los nazis
es narrada en "The Counterfeiters".


La ganadora del Oscar por “Mejor Película en Lengua Extranjera” en 2008. The Counterfeiters (Die Fälscher, 2007) está basada en hechos reales, y aunque su título remita a un thriller o heist movie,  su historia no podría estar más lejos de una película de este género. La trama está basada en una de las más grandes operaciones de falsificación llevadas a cabo por los nazis en la Segunda Guerra Mundial. En ella, los nazis explotaron a judíos para laborar en la falsificación de dinero, en 1936. Su protagonista es fascinante, Salomon “Sally” Sorowitsch (Karl Markovics), que de lejos luce y habla como una especie de Jason Statham de europa oriental. De origen ruso e inclinaciones comunistas,  Salomon es el falsificador con más prestigio en la Alemania de la preguerra, con encargos que van  desde pasaportes falsos hasta dinero. Vive una vida lujosa de apostador, con mujeres y popularidad, hasta que es aprehendido por el detective de policía Friederich Herzog (David Striesow). Pronto, Salomon es enviado a un campo de concentración a trabajos forzados, y una muerte segura, hasta que los oficiales nazis empiezan a ver que sus habilidades artísticas (porque Salomon no sólo es un gran falsificador, sino que también tiene habilidades artísticas, al ser un buen dibujante y pintor) pueden ser de utilidad. Su suerte cambiará drásticamente al ser enviado a otro campo de concentración, más “amigable”, con ciertas comodidades y en donde los prisioneros tienen algunos privilegios.

Salomon es asignado como el jefe del equipo de falsificadores que laboran secretamente en el campo de concentración, en donde (cosas del destino) tendrá como supervisor a Herzog. Los privilegios tendrán un precio, que será el de cumplir con el exhaustivo trabajo de falsificar millones de libras esterlinas y dólares, para las operaciones bancarias secretas que los nazis llevan a cabo en bancos de Suiza. Como personaje, Salomon es un auténtico perfeccionista en su trabajo. Ningún detalle puede pasar desapercibido en los billetes y notas bancarias que falsifica y da el visto bueno final. Tendrá varios obstáculos: no será únicamente la constante presión de Herzog, sino la falta de material de calidad, los abusos y maltratos de un oficial nazi, así como otra clase de presión, la que viene de uno de sus compañeros de trabajo, Adolf Burger (August Diehl), para unirse y organizar en una rebelión (de hecho, el filme está basado en el libro que éste escribió). Sin embargo, Salomon no se ve muy interesado en sublevarse. Es un tipo tranquilo, sin intenciones de meterse en problemas y que piensa –y siente- que lo mejor es cumplir con su trabajo y sortear la muerte.

La realización es del austriaco Stefan Ruzowitzky. Lo mejor en su dirección es haber sabido cómo transmitir la presión psicológica que se siente y respira en el pequeño espacio donde se llevan a cabo las falsificaciones, con imprentas y artistas gráficos laborando día y noche. La tensión es constante. El equipo que encabeza Salomon es eficiente pero complicado. Habrá confrontaciones y rencillas, nerviosismo entre los trabajadores por la expectación de ver la guerra finalizada, o de pensar que en cuento todo acabe y ya no los necesiten los nazis los ejecuten. No nada más es lograr una perfecta falsificación, es conocer y documentarse sobre cada tipo de moneda, con una precisión casi científica. Estos son algunos aspectos que hacen de esta película un buen trabajo, aunque siento que al filme le hubiera venido bien, en algunos momentos, un alivio y relajación en toda esta tensión. Sé que el propósito no fue producir una película típica sobre el Holocausto, pero hubiera venido bien una mayor integración entre los personajes, alguna subtrama que hablara más de la amistad entre algunos de ellos, sin necesariamente convertir todo en un melodrama. 

martes, 7 de febrero de 2012

AUSTRALIA * * * *

Nicoles Kidman y Hugh Jackman.

Enfrentar una película de Baz Luhrmann, es saber de antemano la clase de espectáculo visual que puede ofrecer. Su corta filmografía lo demuestra, con películas como Romeo + Juliet (1996), Moulin Rouge (2001), y ahora Australia (2008). Además, si algo demuestran estos filmes también es lo hábil que es el realizador para renovar géneros con mucha inventiva, sea con una total reinvención de la clásica historia romántica de Shakespeare, o en un musical con un explosivo diseño de producción y un sabor pop, rescatando canciones clásicas de los 1980. Australia es la respuesta del realizador australiano al melodrama romántico-épico, con un atractivo reparto de estrellas australianas de corte internacional (nada más faltó Russell Crowe y Eric Bana). Es cierto, la película es “Out of Africa” llevada a Australia, pero con un tono épico irresistible, mezclado con otro más de fábula que es, a su vez, un homenaje al cine en sus referencias a un clásico como The Wizard of Oz (1939).

Ambientada a finales de los años 1930, la película tiene a Nicole Kidman (quien ya había trabajo con Lurmahnn en Moulin Rouge), en el primer acto de la película, encarnando algo muy cercano a una parodia de Katherine Hepburne (viene a la mente “The African Queen”, por ejemplo), en su personaje de refinada mujer aristrocrática, quien viaja de Inglaterra a Australia, donde su marido tiene un negocio ganadero. Hugh Jackman no está tampoco muy alejado de ser algo como un Humphrey Bogart versión “cocodrilo dundee”, con aire de héroe de acción. Lady Sarah (Kidman) encuentra que su esposo ha fallecido, siendo la única heredera del descuidado negocio y propiedades, en donde vive Nullah (Brandon Walters), un niño mitad aborigen mitad blanco, con su madre. El niño es cuidado de lejos por su espiritual y chamánico abuelo, King George (David Gulpilil), quien representa el lado tradicional al cual el chico se siente atraído, como si la sangre le llamara a vivir en las montañas y praderas.

Si ya se ha visto “Out of Africa”, más o menos se puede ir adivinando el camino del filme: Lady Sarah, al vivir en un ambiente inhóspito, desértico y salvaje, irá cambiando. Cabalgará y, con rifle en mano, defenderá las 2,000 cabezas de ganado de su propiedad, al enterarse que King Carney (Bryan Brown), otro ganadero, y su empleado (David Wenham), lo están robando. Además, formará una relación maternal con Nullah, a quien de alguna forma adopta y tendrá bajo su cuidado cuando cierto hecho trágico sobrevenga en la historia. La travesía por el desierto, donde Sarah, Drover (Jackman) y Nullah guían el ganado para venderlo, es todo un espectáculo portentoso. Por unos minutos no parece que estamos en Australia, sino en el desierto de Utah, inmersos en la trama de algún western clásico. Lo que recuerda lo bien que las historias de vaqueros pueden encajar en Australia. Western, más melodrama romántico al más puro estilo de Hollywood, más un tema bélico agregado, como lo es Australia durante la Segunda Guerra Mundial (el bombardeo de Japón en la ciudad de Darwin) es la fórmula que sigue Bazh Luhrmann. Australia puede sentirse algo tonta y sobreactuada en su comedia en la primera parte, pero en sus casi 3 horas de duración poco a poco va enderezando su camino. De parodia se convierte en un gran espectáculo cinematográfico, en donde tanto su fotografía como su magnífico diseño de producción son un deleite.

Ver también reseña de The Proposition. 

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