sábado, 9 de enero de 2016

MACBETH * * * 1/2

¡DIOS SALVE AL REY MACBETH ! Michael Fassbender
y Marion Cotillard.
Si contáramos las veces que el clásico de Shakespeare ha sido adaptado al cine y la televisión, los dedos de las manos no serían suficientes. Aunque quizás sean pocas las versiones que nos vienen a la mente de manera inmediata. Una de ellas, tal vez sería la adaptación de Roman Polanski (de 1971),   de la cual esta nueva versión (dirigida por Justin Kursel) parece haber tomado su inspiración directa.  Se siente así, especialmente, por su manera de filmar en locaciones reales, y darle así una ambientación más cruda, real, y atmosférica. Si algo llama la atención, es una verdadera intención de alejarse de un tratamiento clásico teatral, para darle uno más cinematográfico, sobretodo, en la manera en que los actores dicen sus diálogos. Es cierto, hay momentos en que nuestros oídos parecen vibrar con los actores recitando en modo de verso shakespereano, pero con una cualidad más natural, más suelta y relajada. La película cuenta en su reparto con un espectacular Michael Fassbender, encarnando al tiránico rey Macbeth, luciendo más como un Mel Gibson en Brave Heart, que como un limpio y reluciente Lawrence Olivier; así como a una inmejorable Marion Cotillard, como Lady Macbeth, su esposa. Cotillard está magnífica, y se las arregla excelentemente para decir sus diálogos como si por sus venas corriera sangre británica, con intensidad emocional, pasión (esa escena en donde reza en la capilla) y, claro, villanía. El resultado, es una versión que sobresale más por su poder visual, gracias a una magnífica dirección fotográfica de Adam Arkapaw, quien convierte los extraordinarios paisajes de la campiña escocesa en el mejor escenario posible para esta tragedia de Shakespeare, incluyendo unos actores que sobresalen por su intensidad, que por una narración interesante. Después de los primeros veinte minutos, la narración empieza a sentirse algo plana, sin suficiente profundidad emocional. La historia es más que conocida (si recordamos bien nuestros años escolares): Macbeth recibe la profética noticia, por parte de tres brujas, que está destinado a convertirse en rey de Escocia. Consumido por la obsesión y ansiedad, e impulsado por la ambición de su manipuladora esposa, Macbeth acaba asesinando al rey Duncan (David Thewlis), para así tomar posesión del trono. Fassbender y Cotillard forman una mancuerna actoral excepcional, con escenas en donde la tensión psicológica prevalece por encima de cualquier cosa. 

martes, 5 de enero de 2016

VICTOR FRANKENSTEIN * * *


¡ESTÁ VIVO, VIVOOO! Daniel Radcliffe y James McAvoy.
No está lejos de ser un spinoff de Igor, personaje clave en el imaginario de la monstruosa galería de la Universal y su clásico Frankenstein. Igor no existirá en el clásico de la literatura Frankenstein, o el Moderno Prometeo, de Mary Shelley, pero está en nuestra memoria como el leal y jorobado asistente del doctor Victor Frankenstein. Daniel Radcliffe, en un admirable ejercicio histriónico, sigue buscando quitarse de encima la etiqueta "potteriana", y hace una encarnación del jorobado con un toque trágico, más cercano a El Hombre Elefante. Es notable lo que Radcliffe invierte aquí, no nada más vigor emocional, sino también físico, al emular la encorvada fisonomía del personaje. Frankenstein es interpretado por un impresionante James McAvoy, con tortura emocional, dolor, así como la característica obsesión y locura del científico que quiso ser Dios y crear vida con su famoso monstruo. Lo que tal vez acabe  apagando un poco el asunto, es el hecho de que -sin ánimos de revelar nada crucial-, si bien tenemos la historia que cualquier cinéfilo conoce al derecho y al revés, con algunos giros, adiciones, cambios y licencias artísticas, no es un filme sobre el monstruo, el cual apenas y aparece algunos minutos. Victor Frankenstein, dirigida por Paul McGuigan, acaba apostando, con cierto éxito, por contarnos la "historia jamás contada" sobre cómo Frankenstein e Igor se conocieron, y formaron una tortuosa amistad, al ser rescatado este último de un circo por el científico. Igor es convertido en el protegido, aprendiz y asistente del doctor, así como en un caballero victoriano, con talento para la anatomía y la medicina. Es la enésima reimaginación del relato, y entre sus problemas es lo mucho que se siente la influencia de Van Helsing, Sherlock Holmes, From Hell, y otros filmes de corte gótico-victoriano, además de que a la historia le falta un verdadero centro dramático alrededor del cual sus personajes giren. Andrew Scott está bien como un obsesivo inspector, y Jessica Brown Findlay (de Downton Abbey) pone la nota femenina, como el interés romántico de Igor. Como pura diversión hollywoodense el filme pasa la prueba, sin que deje  de lado los temas imprescindibles de "el hombre queriendo ser Dios".

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