viernes, 21 de septiembre de 2007

EN CARTELERA: NO RESERVATIONS * *

No hace daño ver, de vez en cuando, una comedia romántica de Hollywood, insulsa e inofensiva. En la recta final de la temporada veraniega, una comedia del tipo de No Reservations (E.U.-Australia, 2007) corre el peligro de acabar perdida entre los éxitos de taquilla, pero más bien porque no tiene nada memorable qué ofrecer, nada nuevo en el panorama, y cuyos problemas son el ser demasiado amable, demasiado inofensiva y, para colmo, su trama de lo más predecible.

La película es un remake copiado al pie de la letra de Bella Martha (2001), filme italio-germano dirigido por Sandra Nettelbeck, y protagonizado por Sergio Castellito y Martina Gedeck (de La Vida de los Otros). Al menos el público masculino, tendrá el pretexto perfecto (como yo) de ver el filme nada más para apreciar a la guapísima Catherine Zeta-Jones, muy convincente en su papel de chef adicta al trabajo, sin vida social ni sentimental, asistiendo a terapias psicológicas por consejo de su jefa (Patricia Clarckson, guapa y efectiva como siempre), al no poder controlar sus arranques de ira ante clientes quisquillosos.

Kate, nuestra chef en cuestión, tendrá que enfrentar de la noche a la mañana demasiados frentes, que pondrán de cabeza su pequeño mundo gastronómico, en la cocina que día a día dirige con precisión. La bella chef se convertirá en madre postiza, al tener que hacerse cargo de su sobrina Zoe (la nominada al Óscar Abigail Breslin, de Little Miss Sunshine), al quedarse huérfana por la muerte de su madre, hermana de Kate, situación que afectará su desempeño en el restaurante.

Por si fuera poco, verá amenazado su trabajo cuando llegue un nuevo cocinero (Aaron Eckhart), carismático y especialista en cocina italiana, que por supuesto, ayudará a condimentar (en más de un sentido) la vida de la triste Kate, dándole más sabor a su existencia.

Dirigida por Scott Hicks (que en su haber tiene la inspiradora Shine/1996), a estas alturas, ya sabemos para dónde se irá encauzando la trama. Dentro de su calculado esquema, la película resulta visible por el buen trabajo de Eckhart en su desaliñado y abierto personaje, la buena actuación de la pequeña Abigail Breslin y -vale decirlo de nuevo- la atractiva presencia de Catherine Zeta-Jones. El grave problema, es que la pretendida química entre Eckhart y Zeta-Jones nunca toma forma y se nota forzada, al grado de que, como posible pareja romántica, jamás resultarán creíbles.

Por ello, la película es de una tibieza total, siendo lo más rescatable el auténtico y natural esfuerzo de Kate por acercarse a su deprimida sobrina. En ese sentido, es la jovencita Breslin, con su natural tristeza, la que imprime alma y calidez al filme, no el gris romance que Kate trata de construir, un tono que Hicks guarda en casi toda la película.

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