miércoles, 19 de septiembre de 2007

EL HOLLYWOOD DE AYER: 5 FINGERS * * * *

Este filme de espías, comenzaba de una manera contundente. Su director, Joseph L. Mankiewicz, abría con una pequeñísima escena en el parlamento inglés, pocos años después de terminada la Segunda Guerra Mundial, donde se daba a conocer una situación crítica: durante la guerra se filtró información secreta hacia el enemigo. De ahí, unos titulares anuncian que “todo lo que se verá realmente ocurrió... se utilizaron las locaciones originales para recrear, de una forma más realista, el problema de espionaje dentro de la embajada de Inglaterra en Turquía”.

Basada en el libro de L.C. Moyzisch –cuyo apellido da nombre a uno de los nazis de la trama-, 5 Fingers (Estados Unidos, 1952) narra la crisis vivida en la sede diplomática de Inglaterra en la ciudad de Ankara, Turquía, cuando su embajador tuvo que enfrentar el problema de la fuga de información ultrasecreta, que tenía que ver con los planes de los Aliados para el ataque del día D., las de contraatacar a través del Mediterráneo y, la que quizás era la información más reveladora, el ingreso de Turquía -un país neutral- a la guerra por la parte aliada.

El británico James Mason (Lolita, Julio César,...), hacía una magnífica interpretación de Cicero, nombre clave del famoso espía que daba la información al gobierno del Tercer Reich, a cambio de cuantiosas cantidades de dinero, las cuales exigía fueran siempre en libras esterlinas. En realidad, Moyzisch fue este espía y su libro contenía todas las memorias de sus andanzas. Aparentemente, el verdadero nombre de Cicero era Diello, y trabajaba dentro de la embajada británica como el valet –o asistente- del embajador, una posición privilegiada que le permitía acceder a conversaciones privadas e información confidencial del gobierno británico en Turquía.

El guión de Michael Wilson avanzaba de una forma muy segura. Mankiewicz supo imprimir un particular suspenso a una trama que, en cualquier momento, corría el peligro de tornarse rutinaria, en las constantes visitas de Cicero/Diello a la oficina de la embajada alemana en Ankara, donde negociaba con un nervioso oficial nazi, precisamente llamado Moyzisch (una buena actuación de Oscar Karlweis), que se encargaba de revelar los rollos fotográficos que Cicero le daba –a 15 mil libras esterlinas cada uno-, y que contenían las fotografías de los documentos secretos.

Como en todo buen filme de espías, estaba el personaje femenino en discordia, aquí la condesa Anna (la guapa actriz Danielle Darrieux, aquella mamá en silla de ruedas en 8 Mujeres/2002, de Francois Ozon), una mujer de la nobleza sin oficio ni beneficio, que estaba en la ruina y que ofrece al embajador de Alemania sus servicios como espía. Cicero, de todas formas, entraba en contacto con Anna, de la cual el estirado valet/espía terminaba enamorándose. La condesa en su “humilde” casa, ayudaba a que Cicero hiciera sus negociaciones con los nazis.

En la resolución de este entramado de espías, nazis y traidores, se agregaba un investigador –ya un poco tarde en el desarrollo de la trama- para dar con el traidor espía, cayendo como un golpazo no nada más en la conciencia del prófugo Cicero en Río de Janeiro, sino en nosotros -desprevenidos espectadores-, que asqueados creemos observar el triunfo de un fríamente calculador personaje, quien no estaba del lado de nadie (“sólo del lado del dinero”, dirá en algún momento del filme). La oscura personalidad de este sujeto, se revelaba sin concesión en esa plática que sostenía con un desconfiado diplomático nazi, quien lo interroga sobre qué era lo que ganaba revelando toda esta información “si la guerra la ganaría Alemania” y quedarían inservibles las libras esterlinas como moneda. “¿Y cómo sabe que ganarán la guerra?”, le contesta Cicero, todo un témpano de seguridad y exagerada confianza en sí mismo.

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