miércoles, 19 de diciembre de 2007

DVD: HATUNA MEUHERET * * * 1/2

La Mujer de mi Vida (Hatuna Meuheret; Israel-Francia, 2001); magnífica y brillantemente resuelta película israelí, trata temas como el amor, la dependencia emocional, los lazos afectivos, los prejuicios, etc., en una historia sencilla, directa, con personajes que destilan mucha fuerza. Su protagonista, Zaza (Lior Ashkenazi, de Caminar sobre el Agua), joven estudiante de filosofía georgiano, padece por el hecho de que sus padres están buscándole una pareja para casarlo, sin que éstos sepan que mantiene una relación en secreto con una mujer divorciada, mayor que él y con una hija.

Las dificultades para Zaza vendrán cuando entre en el debate moral de decidir si obedece a sus padres o defiende su actual relación, tal vez no la ideal o la más perfecta a los ojos de su familia, pero al final, con la que es más feliz. Sin embargo, Zaza no podrá evitar el verse manipulado por sus tradicionalistas padres, soportando los arranques histéricos y melodramáticos de su madre, el férreo apego a las tradiciones de su estricto padre.

Dirigida por el realizador georgiano Dover Koshashvili, la película tiene tintes de humor que sirve para relajar la tensa situación de Zaza. A través de una gran galería de personajes: ancianos que representan el apego a las tradiciones, en tanto los jóvenes están ahí para tratar de romperlas y evolucionar, el director transmite cómo se vive el amor en cada una de estas etapas, y no siempre será miel sobre hojuelas, ya que si algo tiene en común el amor sin importar la edad de quienes lo experimentan, es que siempre se llora, se sufre, no siempre se acepta al ser amado como tal, se le necesita a cada momento. En ese sentido, la escena que abre el filme es muy enfática al respecto, dónde una esposa baña a su anciano marido, en medio de las quejas y groserías de éste.

A través de un guión sin muchas complicaciones, tenemos una película muy humana en toda la extensión de la palabra, sobre la complejidad de las relaciones familiares y románticas. La resolución está lejos de ser el happy-end que pudiera predecirse, dejando ver que el peso de las tradiciones fue el que pudo más en Zaza. En la penúltima escena, el padre de Zaza se lava las manos en el baño y entrega a su hijo, mientras este, confundido, se mira al espejo con la corbata desanudada, minutos antes de salir a enfrentar un destino que no era el que tenía planeado. No nos queda más que desearle lo mejor.

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