viernes, 16 de noviembre de 2007

EN CARTELERA: WU JI * * * 1/2

En la cinematografía china, el género del wu xia (películas donde se mezclan las artes marciales y la fantasía, con guerreros y espadachines que vuelan y tienen enfrentamientos por los aires) es el más comercial y famoso internacionalmente del país asiático. El realizador chino Chen Kaige ingresa en el género con The Promise (Wu ji, China-Hong Kong-Japón-Corea del Sur, 2005), aunque no es la primera vez que acaricia un filme de corte épico, ya que en The Emperor and the Assassin (Jing ke ci gin wang,1998), película que no he podido ver, se abocó a la dirección de un melodrama romántico de corte histórico.

Dentro de la filmografía de Kaige ha cabido casi de todo, desde enormes melodramas románticos como Farewell my Concubine (Ba wan bie ji, 1993), hasta sensibles historias de corte más familiar, como Together with you (He ni zai yi qi, 2002), conocida también como “El Violinista”. The Promise es la película más comercial en la carrera de Kaige, palomera, llena de efectos digitales, entretenida la mayor parte del tiempo, y con un relato épico en el que cabe de todo: desde el melodrama romántico, aventuras, acaloradas batallas a sablazo limpio, guerras y tragedia, todo en una narración de bellas imágenes, aunque caótica, debido al gran interés que pone el cineasta en ofrecer un espectáculo basado en los efectos digitales.

Sin embargo, el resultado no es tan malo como parecería. La película tiene partes intensas e impresionantes, como aquella batalla inicial que, literalmente, nos introduce en la frenética acción de una desbocada manada de toros, con todo y que muchas tomas se notan robadas del El Señor de los Anillos. En contraste a estas escenas monumentales, hay otras de una particular belleza, como las del climax final o antes, cuando el esclavo Kunlun (el surcoreano Dong-Kung Jang), libera a la princesa Qingcheng (la hongkonesa Cecilia Cheung) llevándola como si fuera una cometa a la gran velocidad que es capaz de correr el primero, capacidad que llamará la atención del general Guangming (el japonés Hiroyuki Sanada), jefe del ejército imperial.

El general Guangming porta una poderosa armadura, y luego de tomar a Kunlun como su esclavo, le pedirá llevarla puesta para ir por ayuda hasta el palacio del emperador, luego de ser atacado por sus propios soldados creyéndolo un traidor. La situación generará una gran confusión, ya que Kunlun se verá en la necesidad de matar al emperador para salvar a la princesa de ser golpeada por el mismo soberano, creyendo todos que ha sido Guangming el asesino. En tanto, un colaborador cercano al emperador, Wuhuan (Nicholas Tse), el villano de la historia, busca quedarse con el poder y el amor de la princesa.

Esto apenas es una parte pequeña del relato narrado en Wu ji, dándose con el paso del tiempo revelaciones y giros inesperados, propios de todo buen melodramón épico oriental. Por extraño que parezca, el guión del mismo Kaige evita los azotes melodramáticos, centrándose más en la acción y en el soberbio tratamiento visual del filme, con otras partes que vale la pena mencionar como en la que vemos esa “barrera del tiempo acuática”, imposible de quebrar y que permite a Kunlun hurgar por su pasado, en una antigua raza de “guerreros voladores”.

Visualmente el filme llega a ser disparejo, ya que si bien hay escenas logradas y espectaculares, como la de los toros y el muro acuático, hay otras (las tomas aéreas del palacio, por ejemplo) en las que los efectos se notan de baja calidad y acartonados. Lo malo, como decía, es que la película es caótica en todo lo que intenta contar. A Kaige se le notan problemas para poder desarrollar con mayor profundidad y amplitud a los personajes y sus pequeñas historias que va colando.

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