martes, 27 de noviembre de 2007

CINESPAÑA: AMOR IDIOTA * *

De algo está seguro el protagonista de Amor Idiota (España, 2004), Pére-Lluc (Santi Millán), y es que, según él, es un idiota, porque siempre ha hecho, pensado y dicho cosas idiotas. Lo peor, es que Pére parece sentirse algo cómodo con esta condición, ya que a lo largo de todo el filme lo vemos actuar impulsiva y alocadamente con conocimiento de causa, en su propósito de conquistar a una vulgarzona mujer casada, Sandra (Cayetana Guillén Cuervo), dueña, junto a su marido, de una empresa dedicada a gestionar, imprimir y colocar anuncios en los postes de las calles de Barcelona.

El décimo sexto largometraje del realizador catalán Ventura Pons, de los pocos directores catalanes que filman sus cintas totalmente (o casi) en catalán, fue un fracaso de crítica en España, y no es para menos. La película, adaptación de la novela homónima de Lluís Anton Baulenas, es una grisácea, verborreica, monótona y desencantada historia de amor fou (es decir, amor loco), fallida por donde quiera que se le vea, a pesar de las esforzadas actuaciones de Santi Millán y la siempre efectiva Cayetana Guillén Cuervo.

Pére-Lluc es un patético y pobrediablezco treintañero, que trabaja impartiendo cursos en el gobierno, y que se encuentra pasando por una etapa difícil, debido a que uno de sus mejores amigos, quien vive en Buenos Aires, ha muerto. En el cumpleaños de su padrino, Pére protagoniza ebrio una vergonzosa escena de pésimo gusto (¿Cuál es la justificación para mostrarnos, en un estricto primer plano, el pene del personaje puesto encima de un plato de comida?), para ser regañado luego por su mejor amiga, Jordina (Mercé Pons). Pére conocerá esa misma noche a Sandra, mientras esta coloca anuncios en la calle, de la cual quedará prendado, y su estrategia para llamar su atención y conquistarla será seguirla para todos lados, observarla de lejos colocar anuncios, espiarla fuera de su casa, abordarla en bares, en resumen, no dejarla ni a sol ni a sombra, en una obsesión que irá creciendo hasta que ella empiece a ceder y sentir cierta simpatía por Pére, y de ahí seguir a lo inevitable: iniciar una aventura amorosa, basada en el sexo.

En efecto, durante un tercio y poco más de la película, no veremos más que a Pére y a Sandra tener sexo, sexo y....más sexo, en los lugares más insólitos (¡Ese manoseo en el bar, o esas escenas de sexo en pasillos y escaleras de edificios! ¡Por favor!). El asunto, además de inverosímil, es más bien rutinario.

Aparte del rutinario sexo que sostiene la hueca relación de Pére y Sandra, la narración en off de Pére acaba siendo muy cansada, llena de frases que jamás nos creemos que puedan ser dichas, pensadas o escritas por este personaje. Nunca pude creerme el hecho de que, mientras el Pére narrador está diciendo en off unas líneas tan profundamente “filosóficas” y “poéticas”, el Pére que vemos en pantalla es un tipo que trabajosamente puede decirle algo a Sandra, o expresar un sentimiento por su amigo fallecido.

La historia no nos dice ni revela nada nuevo sobre el amor: es loco, apasionado, irracional e impulsivo. Y que Ventura Pons nos lo trate de decir a través de unos personajes fallidos como Sandra y Pére, no ayuda mucho ni con ese happy-end tan poco creíble.

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