viernes, 7 de septiembre de 2007

CINE ANIMADO: AKIRA * * * * *

Con seguridad Akira (Japón, 1988) es una de las obras maestras del director y guionista Katsuhiro Otomo, de los más grandes representantes del moderno ánime, junto a Hayao Miyazaki, Mamoru Oshii, Toyoo Ashida, y algunos más. Su más reciente filme animado, Steamboy (Suchimoboi, 2004), es una delirante historia fantástica a lo Julio Verne o H.G. Wells, ambientada a mediados de la revolución industrial en el siglo XIX, y que en mucho sigue la línea temática de la mayoría de sus trabajos: la paranoia por la tecnología y sus avances.

Akira está basada en la novela gráfica escrita y dibujada por el mismo Otomo, publicada un año antes del estreno, una historia futurista ambientada en el Tokio del año 2019, treinta años después de haber ocurrido un cataclismo de proporciones nucleares. Los habitantes de la ciudad le atribuyen orígenes divinos, bautizando al fenómeno como “Akira”, un enigmático nombre que a lo largo de la cinta irá adquiriendo numerosas interpretaciones y significados, hasta que al final se revele su verdadero origen.

El logro artístico de Otomo, se encuentra en la forma de haber creado atmósferas pesadas, destructivas y densas, en esa imaginaria Tokio del futuro (conocida como la Neo-Tokio), una metrópoli que a los ojos del realizador está sostenida por inmensos rascacielos, bajo los cuales, en las calles, se vive una inestabilidad social, como huelgas y manifestaciones por los altos impuestos, la delincuencia y la violencia. La visión de Otomo está en deuda con la ochentera de Blade Runner (Scott, 1982), muy realista visualmente hablando, imitando efectos fotográficos (planos comprimidos, efectos de luces barridas, etc) y de edición (algunos ralentis durante la persecución en motocicletas).

Akira es un relato retorcidamente surrealista, una inquietante metáfora sobre la infancia, la amistad y el crecimiento. Los primeros minutos de la película parecen introducirnos en una emocionante película de acción. La pandilla del rebelde chico Kaneda (voz de Mitsuo Iwata), se enfrenta con otras pandillas rivales de motociclistas. Tetsuo (voz de Nozomu Sasaki), el mejor amigo de Kaneda, vive bajo la sombra de éste, anhelando conducir una motocicleta como la de él y valerse por sí mismo a la hora de tener que enfrentar el peligro.

Durante una persecución, Tetsuo acaba secuestrado por las fuerzas militares, luego de accidentarse por culpa de un extraño niño, que se atraviesa en su camino al huir de una emboscada policíaca. Los militares están realizando experimentos, apoyados por el consejo que gobierna Neo-Tokio, para estudiar la extraña fuerza de Akira, usando a tres misteriosos niños (uno de ellos el causante del accidente de Tetsuo) con apariencia de ancianos y la piel gris, en quienes esperan encontrar al elegido que traerá el equilibrio de esa fuerza, de la que esperan un nuevo cataclismo.

Por momentos un ultra violento thriller de acción, otros una verdadera alegoría terrorífica sobre los peligros de la energía nuclear, para acabar como una obscura pero entrañable reflexión, digamos, fanta-científica sobre la amistad, Akira goza también de una alucinante banda sonora a cargo de Shoji Yamashiro, compositor que al parecer no volvió a realizar un trabajo dentro del cine. El final (una sucesión abstracta de figuras geométricas), puede verse como un homenaje a 2001: Odisea del Espacio (Kubrick, 1968), por parte de un director que ha logrado grandes obras del ánime, instaladas en el género de la ciencia ficción y la fantasía.

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