viernes, 10 de agosto de 2007

EN CARTELERA: SYMPATHY FOR LADY VENGEANCE * * * * *

La tercera y última película de la “trilogía de la venganza”, Lady Vengeance (Chinjeolhan geumjassi, Corea del Sur, 2006), del talentoso realizador surcoreano Park Chan-wook, al que alguna vez en el festival de Cannes le endilgaron el mote de “alumno de Tarantino”, es otra muestra de la visión particular del director asiático, una laberíntica fragmentación de numerosos sucesos, narrados en tan sólo 2 horas.

Al igual que en sus anteriores filmes, Simpathy for Mr. Vengeance (2002) y Old boy (2003), Chan-wook narra en Sra. Venganza una surrealista y violenta historia de venganza, cargada de humor negro, cuyos niveles cinematográficos ya quisiera haber alcanzado Tarantino en su disparejo díptico Kill Bill. Podrá ser algo cómica y con un sutil manejo del absurdo, pero en realidad, el filme apunta hacia el castigador dilema ético y moral en el que se ve envuelta su protagonista principal, una atractiva joven, Geum-ja (Lee Yeong-ae), que ha salido de la cárcel luego de cumplir una condena de 13 años, acusada de asfixiar a un niño que cuidaba.

Geum-ja se encuentra tras la pista del verdadero asesino, libre y sin haber pagado por su crimen, para hacer justicia y buscar venganza. El sospechoso es un esposo violento y golpeador (Choi Min-sik, de Old Boy), maestro de inglés, más cercano a un capo de la mafia. Esto apenas es una muestra de lo que se narra en Sra. Venganza, llena de subtramas que enriquecen al personaje de Geum-ja, quien sufrió de todo en la cárcel, junto a mujeres que padecieron maltratos de los hombres.

Lady Vengeance es la aventura que Geum-ja emprende para vengar a sus compañeras de la cárcel, que no nada más contiene un mensaje cargado de feminismo, sino que el corazón de la cinta estará en el dilema de la justicia por mano propia, cuando las investigaciones de Geum-ja la lleven a descubrir una serie de secuestros de niños en distintas escuelas. Padres dolidos con deseos de venganza, instados por Geum-ja a cobrarse las pérdidas de sus hijos, suena al final un discurso a favor del “ojo por ojo, diente por diente”. Sin embargo, en esa magnífica secuencia final, una suerte de “Última Cena” en la pastelería, es indudable que hasta la misma Geum-ja ha salido perdiendo, al menos, espiritualmente hablando, con más vacío y más sufrimiento en su interior. Mientras, los padres celebran cínicamente, más tristes que antes, la muerte y no otra cosa. Tal vez la venganza no lleva a nada bueno.

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