martes, 14 de agosto de 2007

DVD: THE ASSASSINATION OF RICHARD NIXON * * * 1/2

El título podría ser un poco engañoso. Contrario a lo que uno pueda imaginar, El Asesinato de Richard Nixon (The Assassination of Richard Nixon, E.U.-México, 2004) no es el típico thriller político hollywoodense, de producción descomunal. En realidad, este primer largometraje del realizador Niels Mueller, producido por los mexicanos Alfonso y Carlos Cuarón, así como por Leonardo DiCaprio y Alexander Payne por la parte norteamericana, nos enfrenta con una magnífica actuación de Sean Penn.

En este pequeño drama psicológico, Richard Nixon, presidente número 37 de los E.U., se convertirá en un personaje más a través de sus apariciones en imágenes de archivo, que darán cuenta del que fuera su último y más desastroso año en el gobierno, visto desde la depresiva mirada de un obsesivo, impaciente y mediocre vendedor, Sam Bicke (Sean Penn, adelgazado y con pupilentes marrones).

Basada en hechos reales, en la película observamos la magistral construcción que hace Sean Penn de su personaje, al que dota de un sinfín de estupendos detalles físicos y emocionales, hablándonos así del deterioro emocional que va sufriendo este sujeto megalómano, que nos recordará al explosivo y antisocial oficinista interpretado por Michael Douglas en Falling Down (Schumacher, 1993).

Separado de su esposa (Naomi Watts), con tres hijos y el sueño de montar algún día su negocio de venta de llantas, junto a su único amigo (Don Cheadle), el inestable Sam toma por necesidad, y para demostrarle su ex esposa que todavía sirve para algo, un trabajo de vendedor de muebles de oficina, que odia porque, según él, es un empleo en el que nada más triunfan los mentirosos.

“Al nuevo esclavo se le llama empleado”, dirá Sam con cierta actitud revolucionaria, desafiando al sistema de una manera inocente y algo patética, especialmente en aquella divertida escena en que le proponga a un jefe de los Panteras Negras que cambien su nombre por el de “cebras”, implicando la aceptación de blancos para así incrementar su alcance político. Mientras, en su mente delirante, irá maquinando el asesinato perfecto del presidente Nixon, dejando toda la crónica en una cinta grabada, que planea enviar al compositor Leonard Bernstein. Es decir, estamos ante un tipo que no se conforma con cualquier cosa.

¿Una feroz crítica hacia el sistema político-económico de Nixon? ¿Bicke fue una de sus víctimas, o lo fue de su propia locura y hastío existencial? Son algunas preguntas que plantea este notable filme debut de Mueller, fotografiado magníficamente por el mexicano Emmanuel “Chivo” Lubezki, exhibiendo una gran destreza en la cámara portátil al filmar la torturante cotidianeidad de Bicke.

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