jueves, 26 de enero de 2012

J. EDGAR * * * *


Leonardo DiCaprio como J. Edgar Hoover,
el "inmortal" fundador del FBI. 


Leonardo DiCaprio no ha sido nominado al Oscar como Mejor Actor. Luego de ver su, más que actuación, impresionante transformación como J. Edgar Hoover, el legendario fundador y director del FBI, en J. Edgar (2011), DiCaprio fue pasado por alto por los miembros de la Academia de Hollywood. Injusticias ha habido muchas en la historia de los Oscares, y esta es una de las primeras del año a un mes de la próxima ceremonia. Como sea, la actuación de DiCaprio está ahí, en la más reciente película de Clint Eastwood, una biopic sobre quien fue considerado  por muchos políticos norteamericanos en su momento, como el “americano más importante en la presente historia del país”. Hoover presidió el Buró Federal de Investigaciones por un cuarto de la historia de los E.U. Puso todo en sus manos, no nada más su probada eficiencia laboral, sino muchas maniobras políticas y un dudoso uso de la información que recopiló por medio del espionaje, para permanecer en la dirección del puesto. La más “paternalista” en el gobierno de los E.U.

Sin duda, es una película más para informados y/o especializados en el tema. Hay muchos eventos en la película que se dejan sin mucha explicación, como por ejemplo, el por qué era difícil la relación político-laboral entre Hoover y Robert Kennedy (Jeffrey Donovan), su jefe inmediato como Procurador de Justicia durante el mandato de JFK; el por qué de la rabia de Hoover al ver el ascenso y  prestigio de Martin Luther King Jr.; o por qué el entusiasmo al ver, desde el balcón de su oficina, desfilar a Richard Nixon al ser electo presidente. Hoover ayudó a Nixon a llegar al poder, con quien siempre estuvo en buenos términos, gracias a  su mutua colaboración cazando comunistas en décadas previas. Es una película más para interesados en el tema “Hoover”, “FBI” o, por lo menos, en el trabajo de DiCaprio.

La transformación del actor es completa, una actuación que recuerda su magistral trabajo interpretando al obsesivo-compulsivo Howard Hughes en “The Aviator”. Entre otras cosas, Hoover también era un obsesivo-compulsivo, hipocondríaco y, según se cree, homosexual. DiCaprio se pone debajo de un increíble trabajo de maquillaje, que lo envejece gradualmente conforme la historia avanza. He aquí otra injusticia: el maquillaje tampoco ha obtenido una nominación al Oscar.

Lo que parece haber interesado más a Clint Eastwood, no es tanto una historia cargada de política, sino hacer un minucioso estudio de personaje y desmitificar  a Hoover. Un hombre de suma inteligencia, tartamudo que luchó por superar esa condición, nunca se casó y, además, usó su obsesión por el orden a su favor, reorganización y limpiando completamente el viejo Buró de Investigaciones. La película tiene una atractiva envoltura de film noir. Cuando no se encuentra haciendo un análisis del personaje, es un entretenido filme de policías y gángsters; un buen thriller policíaco y político de época, el cual brilla por su excelente ambientación y sus actuaciones.

Junto a DiCaprio, cabe destacar la también magnífica actuación de Naomi Watts como Helen Gandy, la fiel secretaria de Hoover, con quien trabajó hasta la muerte de este en 1972. Watts sabe transmitir la eficiencia e imperturbabilidad emocional que seguramente la caracterizó en vida. Compartía cosas en común con Hoover. La más importante para él, fue que Helen no tenía interés en casarse. Leal a Hoover incluso después de su muerte, Helen llevó a cabo la mayor y más importante tarea que le encargó: destruir sus “archivos más secretos”, en caso de que “algo le pasara”.   

Con una fotografía densamente obscura en sus escenas nocturnas, de clásico film-noir, la película hace una crónica de los eventos más importantes en la carrera de Hoover en su propia voz, mientras le dicta sus memorias a varios  “escritores fantasma” (quienes se dice escribieron todos sus libros). Se narra desde la fundación del FBI en 1924, empezando con su feroz persecución de comunistas, pasando por el famoso secuestro de la hija de Charles Lindbergh (Josh Lucas), en el que J. Edgar invirtió todos los recursos posibles para resolverlo, con tal de ganar popularidad y credibilidad en la institución; así como la captura que hizo del “enemigo público número uno” de los 1930, John Dillinger. J. Edgar (siempre usó la inicial de su primer nombre, John, para evitar la asociación con un homónimo de dudosa reputación), buscó construir una imagen muy alejada de la realidad ante los medios y el congreso, una de héroe cinematográfico. Buscó borrar, sin mucho éxito, esa imagen de burócrata de escritorio, incluyendo las afirmaciones de que nunca realizó los arrestos que presumía haber hecho.

Dos relaciones son las que construyen el eje de Hoover como personaje en la película: la muy cercana que tuvo con su madre (Judi Dench, estupenda) y la en extremo cercana relación laboral que tuvo con Clyde Tolson (Armie Hammer), su amigo íntimo, protegido y, se rumora, su amante. Curiosamente, Hoover heredó todas sus posesiones a Tolson al morir. La película no se aventura mucho a explotar la teoría de que Hoover y Tolson sí tuvieron una relación homosexual, más abiertamente por parte del segundo. Hoover es retratado más como un homosexual enclosetado, reprimido, y que jamás pudo aceptar sus verdaderas preferencias sexuales (en parte debido a la presión de su madre). Hay tensión sexual entre Hoover y Tolson casi todo el tiempo, viniendo la catarsis en esa emocionalmente explosiva escena del cuarto de hotel. Eastwood dirige con mucho cuidado la escena, dejando, eso sí, todo abierto a la especulación. No por nada el guión fue escrito por Dustin Lance Black, autor del guión de “Milk”.

En resumen, una película que hace un balance equilibrado en el panorama biográfico de Hoover. La desmitificación no es muy completa, ya que se pasa por alto la  conocida corrupción, malversación de fondos y evasión de impuestos que hizo como director. La broma entre sus agentes era: “el director del FBI, dedicado a atrapar ladrones, es él mismo un ladrón”. No es un retrato documental del personaje, sino uno en parte ficticio, y en parte basado en la vida real. El primero, el de Hoover como personaje cinematográfico, es el más interesante en el filme. 

martes, 24 de enero de 2012

THE GIRL WITH THE DRAGON TATTOO * * * * *


Rooney Mara como Lisbeth, en la versión americana de
"The Girl With the Dragon Tattoo".


Todavía tengo que leer el libro de Stieg Larsson, en el que están basadas las dos versiones fílmicas de “The Girl with the Dragon Tattoo”, la sueca y la más reciente hollywoodense, dirigida por David Fincher (producida en conjunto con Yellow Bird, la misma que produjo la primer película).  ¿Cuál es más fiel al libro del escritor sueco, fallecido en 2004? Me gustaría mucho saberlo. Mientras, puedo decir que la versión de David Fincher me gustó más. La película de Niels Arden Oplev es magnífica, pero la de David Fincher me emocionó mucho más. Lo interesante es que entre una película y otra hay cambios mínimos, al menos, en cuanto a historia se refiere. El que sentí más substancial de todos, fue que Lisbeth, en la película de Oplev, tiene una historia de fondo más intrigante, un toque psicológico que ayuda a que nos involucremos más con ella, que simpaticemos con sus conflictos. Algo que el filme de Fincher no tiene, y por ello, me costó simpatizar más con ella en este caso, interpretada  estupendamente por Rooney Mara. Comparado con el de Noomi Rapace, el look dark y gótico de Lisbeth en esta versión es menos “amigable”, más freak. Es como si estuviéramos viendo a la novia hacker de Brandon Lee en “The Crow”.

Con quien empaticé más fue con Mikael, interpretado aquí por Daniel Craig, una más que acertada elección de casting. Craig es casi la versión británica del actor sueco Michael Nyqvist, quien encarnó a Mikael en la primer película. Tienen la misma mirada azul y fría, mismo tipo de facciones duras y piel rugosa. Un cambio igualmente significativo, es el acento más humano que Fincher le da a Mikael en su película. Su problema en la trama es el mismo: Mikael se encuentra sentenciado a prisión debido a un artículo difamatorio que escribió sobre un millonario hombre de negocios. La información de su artículo la obtuvo de una fuente no muy confiable, la cual lo hizo con toda intención de perjudicar a Mikael. Aquí, Mikael no está divorciado, pero sí pasando por una crisis marital con su mujer (Robin Wright Penn), con quien  trabaja en el diario “Millenium”. Aquí también nos enteramos de que Mikael tiene una hija de unos veintitantos años (Josefin Asplund), con quien lleva una buena relación.

Los que ya vieron la primer película –y leído el libro- sabrán la historia: Mientras espera su sentencia definitiva, Mikael acepta un trabajo de detective ofrecido por un millonario solitario, Henrik Vanger (Christopher Plummer, pequeña pero genial actuación). Vanger, y el resto del clan, viven en una isla, conectada con Suecia por un puente. Henrik le encarga retomar una investigación, para saber qué ocurrió, en 1966, con su sobrina, Harriet, la cual desapareció misteriosamente y creen muerta, ya que nunca se encontró su cuerpo.  El día de su desaparición, hubo un aparatoso accidente en el puente y fue cerrado, por lo que Henrik cree que el responsable de la desaparición de Harriet se encuentra en la misma familia (en efecto, muy Agatha Christie). Lisbeth, por su parte, sufre el abuso sexual de su nuevo guardián y custodio, quien la chantajea cada vez que esta necesita dinero. Nadie mejor que Fincher para  dirigir la escena de la venganza de Lisbeth, para darle la crudeza sexual, violencia y opresión que vemos en la escena, más larga y explícita que en el filme de Oplev.

Lisbeth contacta a Mikael gracias al espionaje virtual que esta se encuentra haciendo sobre él, su trabajo, su vida personal, todo. Así se entera sobre su investigación sobre la chica desaparecida y decide ayudarlo a descifrar ciertas números anexos a una lista de nombres, que Mikael encuentra en el diario de Harriet. La mancuerna de Mikael y Lisbeth comienza. La  investigación los lleva por vericuetos relacionados con el nazismo, antisemitismo, misoginia y  abuso sexual infantil. Martin, uno de los sobrinos de Henrik y hermano de Harriet, es aquí interpretado por el sueco Stellan Skarsgard. Su presencia aquí es más ambigua,  emocionalmente hablando, más fría. De inmediato, se siente que hay algo -o mucho- que oculta, en comparación con la actuación de Peter Haber en el filme sueco. Si algo sabe transmitir un gran actor como Skarsgard, es esa sensación ambigua, de no saber si se esta frente a un personaje bueno o malo, con una sonrisa que en el fondo parece ocultar cierta maldad.

En resumen, la visión de Fincher es una más escalofriante, opresivamente atmosférica. La  dirección fotográfica es magistral. No por nada Jeff Cronenweth acaba de recibir una nominación al Oscar en ese rubro. Su paleta es fría, completamente neutra la mayor parte del tiempo, que aprovecha lo más que puede la luz fría de la isla nublada, que de las luces artificiales. Sí, muy al estilo del movimiento “Dogma”. Es un gran trabajo el de Cronenweth. Por otro lado, la casa donde Mikael se queda está lejos de ser el más acogedor lugar de la película sueca, y su única compañía será un gato. Fincher, con su antecedente como director de The Fight Club y Seven, le da a la película el tono que seguramente el libro merece más.  Uno de violencia más gráfica y que, sorprendentemente, tiene algo de humor. 

lunes, 23 de enero de 2012

MÄN SOM HATAR KVINNOR * * * *


Noomi Rapace como "The Girl With the Dragon Tattoo".


Esta es la primera adaptación cinematográfica de la exitosa trilogía de libros “Millenium”, best sellers escritos por el novelista sueco Stieg Larsson. Tan exitosa es, que ya se produjo en Suecia una teleserie basada en las novelas (2010), y Hollywood ya produjo su propia adaptación de “Män som hatar kvinnor” (“Los hombres que no amaban a las mujeres”),  conocida internacionalmente como “The Girl With the Dragon Tattoo”. El realizador danés Niels Arden Oplev dirige este sorprendente thriller, cuyo principal tema es el abuso sexual infantil, del cual fue víctima su protagonista femenina, Lisbeth (Noomi Rapace, quien interpreta al personaje en toda la trilogía),  una hacker con look dark. A pesar de su gran talento técnico, Lisbeth es de personalidad dura y sin mucha sensibilidad para las relaciones sociales. La chica trabaja haciendo “investigaciones” (léase  espionaje virtual) para una empresa, y su principal objetivo es un periodista, Mikael Blomkvist (el ahora internacional Michael Nyqvist), el cual se encuentra enfrentando cargos por difamación en contra de un poderoso hombre de negocios.

La película está ambientada tanto en Estocolmo como en las afueras de la ciudad, en específico, en una isla, en donde vive la adinerada pero obscura familia Vanger. Alguno de sus miembros, incluso, fue simpatizante de los nazis. Henrik (Sven-Bertil Taube), uno de los miembros veteranos -y el más agradable- del clan Vanger, decide contratar a Mikael para que investigue la misteriosa desaparición, en 1966, de su sobrina, Harriet, la cual la familia cree fallecida. Por una antigua conexión con la familia, Mikael acepta el trabajo, el cual consiste en, al menos, intentar saber qué pudo haber pasado con Harriet, después de 40 años de no saber nada. Así, el caso vuelve a estar abierto. En tanto, Lisbeth, quien pasó una temporada en un hospital psiquiátrico, se encuentra reviviendo el infierno del abuso sexual  en manos de su nuevo guardián (la venganza que tramará es un bien urdido, casi suicida pero liberador, chantaje), siendo atormentada por una pesadilla en la que se ve a sí misma, de niña, prendiendo fuego a un hombre.  Por el espionaje que mantiene sobre Mikael, Lisbeth se entera de su nuevo trabajo de detective, y decidirá compartir sus   respuestas a las claves secretas que el periodista va encontrando en el caso Harriet.

Es una mancuerna improbable pero atractiva la que acaban formando Mikael y Lisbeth. Al menos en el filme, es ella quien acaba robándose la historia, gracias a su explosiva combinación de rudeza, habilidades físicas, fuerza, un look que no pasa desapercibido y, lo mejor, su inteligencia. Ah, claro, y ese impresionante dragón que lleva tatuado en su espalda. En ese sentido, Lisbeth tiene un trasfondo psicológico, el cual hace todavía más interesante la trama (que si bien me gustó más el filme de Fincher, su versión adolece el no tenerlo o, al menos, el haberlo “suavizado” un poco). Además, la investigación, en la que se incluyen las últimas fotos tomadas de Harriet en un desfile y citas de la Biblia, es bastante entretenida y nada tediosa, gracias a la ágil narración. En medio de paisajes gélidos (puntos a favor para la buena dirección fotográfica), los aficionados a las  historias de crimen y misterio “whodunit”, en la mejor tradición de Agatha Christie, sentirán que la película (de 2 horas y media de duración) se va como agua.       

viernes, 20 de enero de 2012

VICKY CRISTINA BARCELONA * * 1/2


Rebeca Hall y Scarlett Johansson.


Woody Allen llega a España por primera vez, al menos como realizador, en Vicky Cristina Barcelona (2010). Ha pasado ya por Londres  y Paris, y para ser sincero esperaba mucho más de su primer película ambientada en Barcelona. Esperaba uno más inspirado, más ingenioso y cómico, y, en especial, sin tantos clichés. Javier Bardem, por ejemplo, interpreta el obligado cliché exótico del “latin lover”, conquistador de mujeres anglosajonas, en su personaje de moderno “Picasso” con amantes de sobra. De hecho, uno de los atractivos es ver a dos estrellas hispanas internacionales juntas, como Bardem y Penélope Cruz, quienes trabajaron juntos en “Jamón Jamón” (1992), de Bigas Luna. El reparto tiene un buen desempeño, las actuaciones son disfrutables, aunque siento que Woody acabó desperdiciando muchas oportunidades de utilizar más lugares icónicos de la ciudad condal. Y hacerlo con la fotogenia que lo caracteriza. Se centrá tan sólo en la Sagrada Familia y el Parc Güell, y todo se siente muy “de paso”.

Dos atractivas amigas norteamericanas, Vicky (Rebeca Hall) y Cristina (Scarlett Johansson, en su tercera colaboración con Woody) llegan a Barcelona. Vicky, la más tranquila, centrada y con un prometido esperándola en Nueva York (Chris Messina), llega para hacer su tesis sobre la “identidad catalana” (ambicioso el tema, por cierto). En tanto, Cristina, el cliché de la rubia fogosa y sexualmente intensa, es una poetisa esperando encontrarse a sí misma en el viaje, así como inspiración. Su viaje toma un giro inesperado cuando ambas conocen a Juan Antonio (Javier Bardem), un pintor que las aborda sin mayores preámbulos y les propone tener una aventura sexual en Toledo. Vicky, por supuesto, acaba indignada por la propuesta, mientras Cristina no lo piensa dos veces y acepta. Al final, Vicky también la acaba acompañando y lo gracioso –y muy predecible- será ver el camino que tomarán las cosas, en especial, cuando la desequilibrada e inestable ex esposa de Juan (Penélope Cruz) aparezca en el escenario.

La película no es fallida, pero si es un trabajo menor de Woody Allen. Soy un ferviente seguidor de su cine y libros, pero debo admitir que su primer película ambientada en España me dejó esperando más. Hay ocasiones en que no parece un filme de Allen, en especial en las escenas románticas. Qué interesante hubiera sido ver que Allen jugara más con el choque cultural, con un enfoque más hacia el bilingüismo catalán y que, cómo lo hizo en la más reciente Midnight in Paris, explotara más el lado bohemio de Barcelona de una manera divertida. Me gustó cómo Rebeca Hall interpreta una especie de “alter ego” femenino de Woody Allen, y Patricia Clarkson actúa como anfitriona en la que casa donde Vicky y Cristina se hospedan, como siempre con una buena actuación. Aunque el filme tiene algunos momentos divertidos, es el que menos me ha hecho reír en la filmografía de Allen.

domingo, 15 de enero de 2012

BEGINNERS * * * * *


Mélanie Laurent, Ewan McGregor y "Cosmo".


Con seguridad, la película más personal y madura de Mike Mills. En Beginners (2011) Mills hace un conmovedor recuento -en buena parte autobiográfico- de la vida de un joven diseñador gráfico y los recuerdos de su vida junto a su padre. El mismo Mike Mills es, de hecho, un diseñador gráfico, que antes de su salto al cine se dedico a la dirección de videos musicales. Beginners es una película realizada con el alma y visión de un artista gráfico. No es una narrativa estrictamente lineal, sino una en la que existen caprichosos saltos entre sus dos narrativas paralelas. En ocasiones, sin dudarlo mucho, Mills inserta ilustraciones o imágenes fotográficas (algunas de ellas son fotos familiares del realizador), queriendo hacer una parte de la película algo parecido a un “minidocumental”, sobre la historia de la intolerancia hacia la homosexualidad y la lucha de los homosexuales por sus derechos. Mención especial en la película merece el activista Harvey Milk, a quien el entrañable padre protagonista, encarnado con gran valentía y maestría por Christopher Plummer, admira.

Ewan McGregor es el “alter ego” de Mike Mills, un artista gráfico pasando por una profunda depresión luego de la muerte de su padre. Al morir su madre (Mary Page Keller), Oliver, el artista en cuestión, se entera que su padre es homosexual y que, además, tiene un cáncer terminal en los pulmones. A lo largo del filme, recordaremos junto a Oliver cómo fueron esos últimos años junto a su padre, un historiador del arte quien compartió esos años junto a su mucho más joven pareja (el actor croata Goran Visnjic). Mientras, en el presente, Oliver, quien siempre ha rehuido al compromiso en sus relaciones sentimentales, probablemente haya encontrado el verdadero amor en una bella y frágil actriz francesa (Mélanie Laurent).

Mills acaba ofreciendo en Beginners un visualmente interesante relato sobre el amor entre un padre y su hijo. Hay una verdadera química entre Ewan McGregor y Christopher Plummer, cosa que le da a la película una gran autenticidad. Plummer es un gran actor y para comprobarlo he aquí una muestra de ello. Sabe cómo interpretar a su personaje sin necesidad de exageraciones histriónicas, ni alardes físicos. Se siente cómodo interpretando a Hal, y lo mismo puede decirse del filme en general: resulta entrañable, casi hasta las lágrimas, sin llegar a los arrebatos melodramáticos. El encantador perro Jack Russell, “Arthur” (Cosmo en la vida real) que perteneció a Hal en vida, es la mejor compañía de Oliver y tiene una participación muy especial. El perro tiene algunas líneas, claro, en la mente de Oliver, pero es genial cómo esto, en lugar de verse ridículo, es por el contrario  gracioso en manos de un realizador inteligente.  

lunes, 9 de enero de 2012

SHERLOCK HOLMES: A GAME OF SHADOWS * * * *


EL DÚO DINÁMICO
Watson -muy a su pesar- y Holmes regresan para enfrentar
una nueva amenaza terrorista.

Una cosa es cierta. Si uno disfrutó la primera entrega de “Sherlock Holmes” (2009), disfrutará igual -o mucho más- la secuela, “Sherlock Holmes: A Game of Shadows” (2011). Guy Ritchie vuelve a repetir en la realización, explotando todavía más la química entre Robert Downey Jr, como el  adrenalínico Sherlock, visualizado como un héroe de acción; y Jude Law, como un no muy pasivo Dr. Watson, quien también se da tiempo para participar en las peleas y escenas de acción. Suena a repetir una fórmula segura, que probó funcionar como maquinaria de precisión anteriormente, pero el caso es que Ritchie sabe cómo darle la vuelta a los personajes, sus conflictos y situaciones. Es cierto, nuevamente es el terrorismo instalado en la Inglaterra victoriana del siglo XIX, con atentados con bombas en toda Londres. Sólo que, a diferencia de la primer película (que a pesar de que me gustó mucho, tomaba prestado de “From Hell”), la secuela se siente fresca, renovada, con mucho sentido del humor y, además, no requiere ver la primer película para que su trama sea comprendida.

Robert Downey Jr. sigue estando en su elemento, como pez en el agua, irradiando confianza y comodidad en su interpretación de Sherlock Holmes. Este Holmes es más juvenil, casi totalmente alejado del personaje literario original creado por Sir. Arthur Conan Doyle (más educado, más “británico” y refinado), es experto en complejas técnicas de combate (se siguen explicando paso por paso, en cámara lenta), un preciso observador, maestro del disfraz, mordaz y a un paso de estar en el manicomio. Parte de la fórmula consiste en retomar los dos personajes literarios e instalarlos en el universo de una buddy movie (películas de parejas disparejas, de amigos inseparables, que se odian pero complementan). Así, desde la anterior película resultó interesante la interacción de un Sherlock Holmes con una genialidad sorprendente pero de personalidad alienada, del genio incomprendido pero con impresionante fuerza física, con un Dr. Watson tranquilo, educado, inteligente y con tiempo para pelear y el amor.

En esta secuela, vemos la boda de Watson (muy graciosa escena) y cómo le será imposible tomarse un retiro (¿temporal?) de su colaboración con Holmes. Otra escena graciosa, es la del viaje de luna de miel, que se nota inspirada en “Some Like it Hot” (el viaje en tren, Holmes vestido de mujer, etc.). La combinación de comicidad y escenas de acción, de trepidante edición y  cargadas con mucho suspenso y emoción, resulta estupenda. El villano es el famoso profesor James Moriarty (Jared “Mad Men” Harris”), quien es como el alter ego maligno de Holmes. Es decir, un genio pero con planes de acabar con el mundo, queriendo provocar la Primera Guerra Mundial causando discordia entre Francia y Alemania con atentados bomba. Se agregan también el hermano de Holmes (Stephen Fry), un diplomático con tendencias exhibicionistas (otra escena muy cómica) y la parte femenina está encarnada en una gitana (Noomi Rapace, la chica de “The Girl with the Dragon Tatoo), quien se unirá a Holmes y a Watson para perseguir a Moriarty.

Si en la primer película una de las mejores escenas de acción era aquella del puerto, con el enorme trasatlántico cayendo al agua y la avalancha de troncos, en la secuela (además de la mencionada del ferrocarril) de las mejores escenas es aquella de la persecución y balacera en el bosque. El uso que hace Guy Ritchie de la cámara Phantom de alta definición, que filma a una gran velocidad permitiendo un mayor detalle en la cámara lenta, es inteligente. Aunque a veces está en peligro de caer en el abuso, te hace disfrutar las escenas al doble (o triple), y te da la sensación de estar en medio de la acción. En general, cada pieza y engranaje de esta producción funciona excelentemente. Su diseño de producción sigue siendo magistral, incluyendo su ambientación. Espero que la tercer película (seguro la habrá) continúe por el buen camino.     

viernes, 30 de diciembre de 2011

MIDNIGHT IN PARIS * * * *


Marion Cotillard y Owen Wilson.


Quienes seguimos de cerca la filmografía de Woody Allen, sabemos que cuando  se encuentra exclusivamente detrás de la cámara dirigiendo, deja a otro la responsabilidad de interpretar a su “alter ego”. Midnight in Paris (2011) pone a Owen Wilson en los zapatos de Allen interpretando ese “alter ego”. Wilson me ha sorprendido con una buena actuación. Aunque hace una imitación de la voz y algunos movimientos característicos de Allen, Owen Wilson logra conservar mucho de su propia personalidad en pantalla, de su propio estilo. Es un Owen Wilson en pleno control de sí mismo, en una faceta distinta, en otro universo humorístico: el de Woody Allen. Sólo él podía sacarle a Wilson una actuación así.

Midnight in Paris es un regreso a los delirios intelectuales de Allen, en donde mezcla fantasía con realidad, al estilo de The Purple Rose of Cairo (1985). Es una visión romántica y bohemia de Paris, donde Woody Allen filma por primera vez una película, con el mismo amor y cariño con que lo ha hecho en Nueva York. La “Ciudad Luz” es el escenario de una nostálgica galería de personajes, pertenecientes a la crema y nata de la intelectualidad parisina de los años 1920. Gil (Owen Wilson), un guionista de cine, se encuentra de vacaciones en Paris con su prometida, Inez (Rachel McAdams), incluidos sus futuros suegros (Kurt Fuller y Mimi Kennedy). Gil e Inez son como el agua y el aceite, el día y la noche. El primero, con problemas para seguir dando forma a su primera novela, sueña con vivir en el Paris romántico plasmado por Degas en sus cuadros o imaginado por Hemingway en “A Moveable Feast”. Inez, con un aire más frívolo, prefiere vivir en Malibu, e idolatra a un pedante tipo que se cree experto en todo (Michael Sheen), decidido a darles un muy instructivo tour por la ciudad.

El cuento de hadas comienza para Gil cuando, justo a la media noche, perdido en alguna calle, un auto antiguo pasa a recogerlo para llevarlo en un viaje al pasado, a la década de los 1920. Ahí revivirá, con total incredulidad al principio, la música de Cole Porter, y conocerá a escritores como F. Scott Fitzgerald (Tom Hiddleston) y Ernest Hemingway (Corey Stoll); a pintores como Dalí (cameo de Adrien Brody) y Picasso; a Buñuel y Man Ray, así como a la más grande mecenas e intelectual de la época, Gertrude Stein (Kathy Bates). Pero el gran encuentro para Gil será con Adriana (Marion Cotillard), amante de Picasso y diseñadora de modas, de la cual quedará prendado. Adriana, por su parte, compartirá su propia visión anhelada, nostálgica e idealizada de Paris, la de la Belle Époque.

Me gustó la idea del auto como el medio de transporte de Gil hacia el pasado. Sin embargo, creo que Woody Allen tuvo algunos problemas imaginando la manera en que Gil regresa de los 1920 al 2010. Con caminar unas calles, Gil ya está de vuelta al presente, sin que sepamos muy bien cómo. La idea de todas formas me pareció muy buena, sin alcanzar la genialidad de The Purpure Rose of Cairo. ¿Todo es producto de la imaginación de Gil? ¿Se sueña a sí mismo dentro de la novela que escribe? Lo más interesante, es cuando este aparente sueño se convierte en un “sueño dentro del sueño”, justo durante ese corto viaje a la Belle Époque. Prefiero pensar que todo es producto de una magia inexplicable (hay un personaje que acaba viajando también al pasado, uno más lejano, en cierto momento del filme), y es mejor que permanezca así: inexplicable.



miércoles, 28 de diciembre de 2011

MISSION: IMPOSSIBLE - GHOST PROTOCOL * * * *


Tom Cruise en otra acrofóbica escena
en "Mission: Impossible - Ghost Protocol".


La franquicia “Mission Impossible” (empezada en el ya lejano 1996 por Brian de Palma), tal vez sea una de las más estables a la fecha. Prácticamente las 4 películas que la conforman han sido éxitos de taquilla, gracias a que son thrillers de espionaje sumamente efectivos, cargados de impresionantes y adrenalínicas escenas de acción, muchas de ellas vertiginosas. Su poderosa estrella protagonista, Tom Cruise, es capaz de atraer audiencias de manera masiva desde su primer día del estreno. En la cuarta película, Mission: Impossible -  Ghost Protocol (2011), a pesar de su título poco imaginativo y algo ridículo, Tom Cruise sigue demostrando que tiene energía de sobra, condición física (a pesar de un constante gesto de cansancio que no lo deja en casi toda la película) y que es capaz de seguir haciendo que nuestra respiración se detenga por algunos minutos en otra escena acrofóbica. Dicha escena está situada en el que es considerado el edificio más alto del mundo, el Burj, en la ciudad de Dubai (2,000 pies de altura).

Lo más curioso, es que ahora el mando en la dirección está a cargo del realizador menos esperado, Brad Bird (J J Abrams, director de la anterior película, así como Tom Cruise, son productores), curtido mucho más en el mundo de la animación que otra cosa. Bird puede presumir de haber dirigido joyas como “The Iron Giant”, y películas para la Pixar, como “The Incredibles”, “Ratatuille” y “Up”. Ahora puede presumir de haber dirigido una película “Mission Impossible”, y lo hace de una manera admirable. Bird no sólo ofrece escenas de acción emocionantes (al menos nadie puede quejarse de que el filme no tiene acción), sino también un sentido del humor que no se había visto en las 3 películas anteriores. Esto es, en mayor medida, gracias al actor británico especializado en comedia Simmon Pegg, quien regresa como el nerd pero gracioso especialista en tecnología de punta, Benji. Además, el toque femenino viene ahora en la curvilínea forma de Paula “Precious” Patton.

La historia es muy al estilo de las películas de espionaje de la “Guerra Fría”, sólo que ahora los terroristas son suecos. Los rusos y americanos puede ser que unan fuerzas para detenerlos. Luego de escapar de una prisión en Rusia, Ethan Hunt (Cruise) y su equipo, tienen la misión –si deciden aceptarla- de detener a un terrorista sueco, Hendricks (Michel Nyqvist), quien quiere conseguir los códigos ultrasecretos de unas armas nucleares rusas para atacar E.U. La escena en la que Ethan y Benji logran infiltrarse en el Kremlin es graciosa y muy original (el dispositivo del pasillo para crear la ilusión de perspectiva). Una parte del famoso edificio de Moscú es destruido y colapsa majestuosamente, gracias a la tecnología digital.

El equipo de Ethan es culpado por el hecho, por el que este y sus colegas decidirán probar su inocencia yendo tras Hendricks, desde Dubai hasta Bombay. En tanto, una asesina sumamente letal, Sabina (Léa Seydoux), responsable de la muerte de un agente americano en Budapest, está en medio de la operación, y le  dará varios dolores de cabeza a nuestro equipo. Así, “Ghost Protocol” es puesto en marcha por el presidente, en donde no dará apoyo alguno al equipo IMF.

Ghost Protocol, la película, funciona en muchos niveles. No tiene el toque romántico de las anteriores películas. Ethan no se da mucho tiempo para aquello. Es frío, rápido en la toma de decisiones, border y se siente a cada momento la pesadez emocional por la pérdida -¿o simple ausencia?- de su esposa. Su gesto casi nunca cambia, serio y de mirada concentrada. Jeremy Renner se agrega también al reparto, como un jefe analista del gobierno con un par de ases bajo la manga (su escena suspendido en un túnel de ventilación es también de tenerte  pegado a la butaca). La música es buena y con un sonido muy “The Incredibles” (nada de extrañarse), y el final tiene un par de sorpresas, interesantes, aunque inverosímiles, clásicas de final feliz (Cameo de Ving Rhames incluído). Esto, de todas formas, no demerita el producto en total: una intensa película de acción y espionaje que no se toma en serio a sí misma. ¿Habrá quinta película?

viernes, 23 de diciembre de 2011

JOURNEY TO SHILOH * * *


James Caan y sus amigos buscan unirse al ejército confederado
en "Journey to Shiloh".


Si se quiere ver a James Caan en una extraña faceta de vaquero, entonces hay que verlo en Journey to Shiloh (1969). Con botas, chaleco, sombrero y una no muy favorecedora melena, James Caan es el líder de un grupo de amigos texanos, dispuestos a enrolarse como soldados durante la Guerra Civil. Harrison Ford lo acompaña, en uno de sus primeros papeles en cine de su época “pre-Han-Solo”. Su jornada los lleva por distintas aventuras, en la que descubrirán tanto la crudeza de la esclavitud como la discriminación social. Ah, claro, y el amor, al menos nada más para Buck (James Caan), cuando lleve a cabo el romántico deber de defender a una bella camarera en un casino, nada menos que de unos soldados confederados. Y será bien recompensado por ello.

Cuando consigan enlistarse en el primer batallón que pueden, los problemas comienzan cuando los manden a infantería en lugar de caballería, justo como deseaban. No será más que el comienzo de una serie de desilusiones y tragedias, donde descubrirán que la guerra está lejos de ser la aventura épica que pensaban. Aunque está más cercano a un western televisivo de matineé (nada extraño, al estar dirigido por el realizador televisivo William Hale), la película es muy visible y entretenida, el tema musical es pegajoso y el tercer acto, durante las batallas, llega a ser conmovedor. 

jueves, 22 de diciembre de 2011

LA PIEL QUE HABITO * * 1/2


Antonio Banderas y Elena Anaya.


Pedro Almodóvar sigue siendo uno de mis favoritos. No importa que su más reciente película, La piel que habito (2011) no me haya gustado tanto como su anterior trabajo, Los abrazos rotos (2010). El director manchego sigue teniendo el poder de llevarme al cine a ver sus películas, a no perderme una sola. No importa lo predecible que pueda ser el casting de sus actores, que sus “chicas almódovar” siempre estén presentes, ahí estaré para dejar que mi pupila se deleite con el explosivo colorido de su diseño de producción y que mis oídos se dejen acariciar con la música de su eterno colaborador, Alberto Iglesias. Es más, un par de excusas por las cuales vale la pena ver La piel que habito, es Antonio Banderas, antiguo colaborador del director manchego en filmes como Matador, La Ley del deseo, Mujeres al borde de un ataque de nervios y Átame, quien vuelve a ponerse a sus órdenes frente a las cámaras luego de 20 años. Además, una nueva “chica almodóvar” se agrega a la lista, Elena Anaya, en una actuación demandante y notable, casi todo el tiempo vestida en trajes ajustados color carne.

Escrita en colaboración con su hermano, Agustín Almodóvar, basada en la novela “Tarántula” de Thierry Jonquet, el guión fue uno de los mayores problemas de la película. No me creí el enfermizo relato transexual, cargado del erotismo típico de Almodóvar, obsesiones y venganzas. Pedro sigue tomando como fuente de inspiración géneros clásicos de Hollywood, ahora en películas de horror serie B, con todo y científico loco incluido. Antonio Banderas es Robert Ledgard, un prestigiado cirujano plástico, que se percibe muy cercano a una especie de Doctor Frankenstein,  o al doctor loco interpretado por Bela Lugosi en “The Body Snatcher”. Uno de los atractivos del filme, además del -como siempre- buen diseño de arte (sinceramente no tan bueno como en anteriores películas), es la engañosa narrativa. Al principio, Almodóvar nos va contando la historia de Robert y el cautiverio en el que mantiene a una bella chica, de nombre Vera Cruz (buen nombre, peculiarmente gracioso si vives en México). Empezamos en Toledo, año 2012. Lo que sabemos, es que Robert se encuentra realizando experimentos en Vera, en lo que pueden ser injertos de piel creada artificialmente, más resistente y fuerte que la piel humana. La piel es capaz de soportar incluso altas temperaturas. A los ojos de la comunidad científica, puede ser polémico e ilegal, por el simple hecho de estar experimentando en un humano.

El detonante de la historia, es la llegada a la residencia de Robert del hijo de su ama de llaves (Marisa Paredes, quién mejor que ella), brasileño, disfrazado de tigre y buscando un escondite. Todo se complicará a un grado inimaginable, lo que conducirá a varios flashbacks para contarnos los antecedentes. ¿Cómo llegó Vera a la casa de Robert? ¿Quién es realmente la chica? ¿Por qué Robert experimenta con ella? Robert, como el protagonista de “Vertigo”, parece estar construyendo una mujer a imagen y semejanza de un ser de su pasado. También será una suerte de mirón, constantemente vigilando a Vera a través de cámaras, encarnando el clásico tema del vouyerismo en las películas de Almodóvar.

El problema, es que la historia acaba siendo un “culebrón” (vamos, una historia más telenovelera que otra cosa), fantasioso e inverosímil. Me creí más el personaje transexual de “Transamerica”, interpretado por Felicity Huffman, que el de “La piel que habito”, que debe ser el trabajo de cirugía plástica  más perfecto del mundo y llevado a cabo en un quirófano doméstico. Los diálogos a ratos parecen, igualmente, de telenovela de la tarde (o de radionovela o novela de bolsillo barata, da lo mismo) y buena parte del filme Marisa Paredes luce sobreactuada. La resolución es de esos finales en puntos suspensivos, que más bien me dejó con la idea de que a Pedro, justo aquí, se le acabó el combustible. 

miércoles, 21 de diciembre de 2011

IMMORTALS * * 1/2


Teseo, el mítico fundador de Atenas, es el protagonista en "Immortals".


Una película como Immortals (2011), a pesar de estar publicitada como “de los productores de ‘300’ ”, está más cerca de ser una consecuencia de “Clash of the Titans”, el remake. Su historia está basada en la mitología griega, específicamente en la leyenda de Teseo, fundador de Atenas y considerado como un semidios, al tener tanto un padre humano (Aegeus), como uno divino, Poseidón. Teseo es interpretado por el atlético pero verdaderamente desconocido y no muy buen actor Henry Cavill. El filme es dirigido por otro nombre relativamente desconocido, Tarsem Singh, realizador de origen indio. Si “Mirror, mirror”, su adaptación del clásico cuento de Blancanieves, tiene éxito el próximo año, su nombre empezará a sonar más. Ya vi el trailer y no me entusiasmó mucho.

Singh es un realizador preocupado más por la estética y diseño de sus películas. Immortals no es la excepción.  Acabé considerando el filme un trabajo con muchas contradicciones. Es decir, mientras su diseño de producción es atractivo, rozando lo kitsh y haciendo una mezcla de elementos modernos (muy teatrales, a lo Julie Taymor) con otros más griegos, la mayor parte del vestuario luce fatal. El vestuario de los dioses parece de 3 dólares y casi risible. Por otro lado, tiene un diseño conceptual atractivo, que está entre lo surrealista y algo próximo a la novela gráfica. Lo malo, es que a pesar de sus raíces mitológicas, la historia se queda corta. El villano, el rey Hyperion, interpretado por un risible Mickey Rourke, luce acartonado, por no decir, caricaturizado. Es difícil seguir tomando en serio a Mickey Rourke como actor, si sigue haciendo esta clase de personajes. Es una lástima, ya que por un momento pensé que en “The Wrestler” ya había vuelto a sus cabales.

En ese sentido, la película es un desbalance total. Si por algo la disfruté un poco,  fue por sus momentos de verdadera inspiración visual, su espíritu de película antigua de matineé y aventuras. Hay dos presencias rescatables: John Hurt, como el viejo mentor de Teseo, Frieda Pinto, como una bella pitonisa, y Luke Evans, como un juvenil y enérgico Zeus, el cual prohíbe a los dioses dar cualquier ayuda a los mortales. Los dioses están vestidos como para el carnaval de Río de Janeiro, lejos de verse como viejos barbados y apostando más por una imagen juvenil. Teseo se dispone a pelear por su pueblo contra Hyperion, quien tiene sitiada Grecia para encontrar el  poderoso arco Epiro. El arco es como un arma de alta precisión, capaz de disparar un número infinito de flechas mágicas sin necesidad de apuntar.

Las peleas están coreografiadas y fotografiadas con el mismo estilo de las peleas vistas en 300. Tracking shots en cámara lenta, con la cámara siguiendo a Teseo mientras este elimina a sus oponentes sistemáticamente con la espada. La batalla final es una decepción, toda dentro de un largo pasillo, un desastre. En tanto, esa pelea final de los dioses contra los titanes, que son como dioses caídos, salvajes y primitivos, prisioneros en una jaula dentro del Monte Tartaros, es mucho mejor. Sigue el mismo estilo “300”, con una inspiración “Matrix”. Los dioses y los titanes flotan, vuelan y pelean suspendidos, en gravedad cero prácticamente. De no ser por sus defectos, Immortals bien hubiera podido pasar como un redondo entretenimiento palomero.  

THE AMERICAN * * * 1/2


George Clooney interpreta a un obscuro y silencioso personaje en
"The American".


El segundo largometraje del director holandés Anton Corbijn, es un thriller hollywoodense con un toque artístico y de autor en extremo marcado. Tiene como protagonista a George Clooney, una estrella de Hollywood, en un obscuro papel, totalmente alejado de sus personajes dentro del mainstream comercial. Esta película sigue hablando mucho del interés de Clooney por el cine independiente, a través de “Smoke House”, su casa productora. El resultado, es una película que podría calificarse como un thriller, pero que irónicamente, no tiene mucha acción. Se puede calificar como una película de suspenso, que aunque bien establecido, se toma su tiempo necesario, sin prisas. En resumidas cuentas, no es una película palomera, sino una más preocupada por su estética y dirección fotográfica. En “Control”, primer largometraje de Corbijn, sucedía lo mismo, un recordatorio de la antigua profesión de fotógrafo del realizador. Martin Ruhe es el director de fotografía en ambas, aunque puede adivinarse una colaboración mutua, profunda, entre ambos.

Basada en la novela “A Very Private Gentleman”, de Martin Booth, The American (2010) es como un western ambientado en un pueblito italiano. Ahí llega el asesino a sueldo interpretado por George Clooney, para ocultarse de un grupo de asesinos suecos que le han dado un “susto” mientras descansaba con su novia en una cabaña. No sabemos si su nombre es Jack o Edward. Es de pocas palabras (Clooney tiene la oportunidad de presumir unas 4 o 5 palabras en italiano), un agudo observador, desconfía hasta de su propia sombra (casi al borde de un delirio de persecución), tiene una peculiar fascinación por las mariposas (incluso tiene una tatuada en la espalda)  y es un hábil constructor de armas. Todos lo miran como un forastero en el laberíntico pueblito, en donde conocerá a un curioso y preguntón sacerdote (Paolo Bonacelli) y a una guapa prostituta (Violante Placido), con la cual trata de llenar sus momentos de soledad. Además, otra mujer atractiva y misteriosa entra en su vida (Thekla Reuten), quien le encarga construir una arma de alta precisión.

No es una película con muchas sorpresas. Quienes hayan visto suficientes thrillers y películas de espionaje, no tardarán en ir adivinando los eventos que se irán sucediendo. Es la clásica historia del matón a sueldo que encuentra, sin esperarlo, tranquilidad y redención en el amor, pero que descubrirá –si no es que ya lo sospechaba- lo difícil que es huir del submundo de la mafia. El pueblito, con su enredijo de callejuelas en el que se pierde Jack, puede verse como un símbolo de ello. Es una telaraña en la que para Jack será difícil ocultarse de sus enemigos. Hay un homenaje a Sergio Leone (en un restaurante Jack observa “Once Upon a Time in the West”) y el inevitable duelo final. El filme de Corbijn es visualmente atractivo, con paisajes bellos y cuidadosamente compuestos. En otras tomas, sabe cómo fotografiar muy estéticamente la espera e inactividad de su personaje (las escenas en el restaurante), enmarcándolo en grandes ventanas. No es para un público buscando el entretenimiento de fin de semana, sino para uno más preocupado en la psicología y estado emocional de sus personajes. En este sentido, George Clooney sabe cómo conseguirlo con una buena actuación, basada más en gestos, semblantes y silencios. 

lunes, 19 de diciembre de 2011

TOWER HEIST * * * 1/2


¿Cómo sacarías un Ferrari rojo de un rascacielos? Este grupo
de inexpertos ladrones tendrá la respuesta.


¿La mejor película de Brett Ratner a la fecha? Un crítico así lo afirma. He visto la mayoría de sus películas, y me parece un realizador irregular. Si bien lo peor de sus películas es “After the Sunset” y la saga de “Rush Hour” (entretenidas gracias a las acrobacias de Jackie Chan, pero insoportables debido al insoportable Chris Tucker), por otro lado, me gustaron “The Family Man”, “Red Dragon” y “X Men: Last Stand”. Aún tengo que ver “Horrible Bosses”, que en general he escuchado   está “pasable”. Tower Heist (2011) es una buena comedia, redonda, con humor bien dosificado, así como una ridícula y vertiginosa escena de un robo a miles de pies de altura. Lo más sorprendente, es que trae de vuelta (como en una cápsula de tiempo) al mejor Eddie Murphy. No al de los churros que empezó con su remake de “The Nutty Professor”, sino al Murphy que fue gracioso en los 1980. Cómico, verborreíco sin ser insufrible y en plena forma, para mantener su humor intacto de principio a fin. Eddie Murphy casi acaba robándose la película.

Como el título indica, tenemos una “heist movie” (es decir, película de grandes-y-casi-imposibles robos) en clave de comedia. Puede verse como una especie de parodia de la trilogía de “Ocean’s Eleven”, con todo y música jazzy-groovy-funky. No por nada Casey Affleck, protagonista de todas las películas “Ocean’s”, actúa en la película. Un grupo ecléctico, pero con una cosa en común, planea llevar a cabo un gran robo. Casi todos han sido estafados por un millonario hombre de negocios (Alan Alda), por lo que buscan venganza planeando el robo de su caja fuerte, en donde creen oculta una cuantiosa suma de dinero.

El grupo está encabezado por Josh (Ben Stiller), gerente de “The Tower”, un lujoso edificio en Nueva York, en donde vive lo más selecto, incluyendo nuestro estafador. Un pobre tipo al que ha dejado su esposa (Matthew Broderick, genial en toda la inocencia y habilidad numérica de su personaje), también residente del edificio, se unirá a ellos. El grupo se completa con el recepcionista de la torre (Affleck), un elevadorista latino (Michael Peña) y un ladrón de cuarta (Eddie Murphy), vecino de Josh y reclutado por éste como principal asesor.

Sería un crimen revelar aquí los giros inesperados que toma la historia. Basta decir que en el robo acaba involucrado un valioso Ferrari rojo, que según se afirma, perteneció a Steve McQueen. ¿Cómo sacarías un Ferrari rojo de un rascacielos, en pleno desfile de “Día de Acción de Gracias”, sin que nadie se de cuenta de ello? Esa será una de las aventuras en la película, por las que vale la pena la entrada. Ben Stiller actúa bien en su personaje habitual del tipo torpe al que las cosas no le salen como espera, aquí con un aire inesperado de importancia y grandeza, que va acorde con la misión. Es decir, su Josh está decidido a ser una especie de “Robin Hood” de la “Gran Manzana”, dispuesto a hacer justicia por su cuenta y en favor de su staff. Tea Leoni luce guapa de morena ojiverde, en su personaje de agente de FBI, seria la mayor parte del tiempo, pero con un logrado tono de suma autoridad. Mientras, otra de las sorpresas es ver de vuelta a Gabourey “Precious” Sidibe, como una empleada de limpieza jamaiquina (su acento es de lo más convincente). Un poquitín más de romance entre Josh y la agente, no le hubiera venido mal a la historia.
 

miércoles, 14 de diciembre de 2011

WINNING * * 1/2


Paul Newman, apasionado de los autos de carreras.


La pasión de Paul Newman, hasta el día de su muerte, fueron los autos de carreras. Winning (1969) es una película –quizás la única- en donde expresó dicha pasión con toda clase de emociones: alegría, frustración, miedo, etc. Y tal vez nadie (con excepción de Steve Moqueen), se veía mejor en cine conduciendo  en la pista de carreras que Paul Newman. Por eso, lo mejor y más rescatable del filme son las carrera. James Goldstone, el realizador, hace un gran trabajo editándolas, con una sensibilidad casi documental y una buena dosis de realismo. Hay una escena impresionante de un accidente en plena pista, la cual es difícil saber si son imágenes de archivo, si fue recreada, o una combinación de ambas. La historia es lo de menos. Frank Capua (Newman), un espíritu libre y conductor profesional de autos de carrera, decide sentar cabeza y casarse con una madre soltera (muy guapa Joanne Woodward), convirtiéndose además en el padre que el hijo de ésta (Richard Thomas) nunca tuvo. Todo va bien hasta que la mujer le pone el cuerno al pobre de Frank. El problema es el guión, muy flojo y con  diálogos muy sosos. 

martes, 13 de diciembre de 2011

EVAN ALMIGHTY * *


Steve Carell, un moderno "Noe" y Morgan Freeman como Dios.


En esta secuela se rescata el personaje muy secundario de Evan Baxter, (interpretado por Steve Carell), presentado en Bruce Almighty (2003). Es una secuela que se siente por demás inútil y sin mucho sentido. Para empezar, el personaje de Evan en la primera película no era muy carismático que digamos.  Estaba ahí para hacerle la competencia a Bruce (Jim Carrey) dentro del canal de noticias en el que ambos trabajan. Para ser honestos, fuera de las caras locas y rutinas de comedia física de Carrey, tampoco fue muy graciosa Bruce Almighty.  La única sorpresa fue ver un Dios negro, encarnado por el siempre efectivo Morgan Freeman, con su acostumbrada facilidad para este tipo de personajes. De hecho, la única cosa realmente graciosa que hacia Steve Carell en aquella lejana película, era cuando, estando al aire en su programa, se ponía a hacer caras locas a lo Jim Carrey, poniéndose en ridículo frente a todos los televidentes.

Freeman vuelve a interpretar a Dios, y Tom Shadyac repite en la dirección. Dios ha vuelto y le tiene una tarea a Evan, quien está tratando de iniciar una carrera política como congresista en Washington. La idea aquí es adaptar la historia bíblica del arca de Noe a la era moderna, y darle un giro político que no funciona en absoluto. No funciona ni como parodia política, ni como nada en absoluto. Evan quiere “cambiar al mundo”. Que empiece construyendo un arca. Las pocas risas que me sacó el filme, fue ver cómo el pobre Evan padece su transformación física en Noe. Su barba y cabello crecen, y se tornan canoso. Dios le proveerá con sus bíblicos ropajes y nada más le falta hablar en arameo o algo así.

Se lo que está pensando: es la idea de The Santa Clause (1994) pero versión Arca de Noe, más un toque Jumanji.  El problema es que, mientras en The Santa Clause sí funciona la idea, en Evan Almighty no mucho, ya que hay cosas sin lógica. ¿Quién puede creer que Evan, con la ayuda de su familia, construirá una titánica arca en escasos 3 meses antes de que venga el nuevo diluvio? Por cierto, cuando llega el famoso diluvio es tan frustrante que uno piensa ¡¿Tanto para esto?! 

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