martes, 24 de enero de 2012

THE GIRL WITH THE DRAGON TATTOO * * * * *


Rooney Mara como Lisbeth, en la versión americana de
"The Girl With the Dragon Tattoo".


Todavía tengo que leer el libro de Stieg Larsson, en el que están basadas las dos versiones fílmicas de “The Girl with the Dragon Tattoo”, la sueca y la más reciente hollywoodense, dirigida por David Fincher (producida en conjunto con Yellow Bird, la misma que produjo la primer película).  ¿Cuál es más fiel al libro del escritor sueco, fallecido en 2004? Me gustaría mucho saberlo. Mientras, puedo decir que la versión de David Fincher me gustó más. La película de Niels Arden Oplev es magnífica, pero la de David Fincher me emocionó mucho más. Lo interesante es que entre una película y otra hay cambios mínimos, al menos, en cuanto a historia se refiere. El que sentí más substancial de todos, fue que Lisbeth, en la película de Oplev, tiene una historia de fondo más intrigante, un toque psicológico que ayuda a que nos involucremos más con ella, que simpaticemos con sus conflictos. Algo que el filme de Fincher no tiene, y por ello, me costó simpatizar más con ella en este caso, interpretada  estupendamente por Rooney Mara. Comparado con el de Noomi Rapace, el look dark y gótico de Lisbeth en esta versión es menos “amigable”, más freak. Es como si estuviéramos viendo a la novia hacker de Brandon Lee en “The Crow”.

Con quien empaticé más fue con Mikael, interpretado aquí por Daniel Craig, una más que acertada elección de casting. Craig es casi la versión británica del actor sueco Michael Nyqvist, quien encarnó a Mikael en la primer película. Tienen la misma mirada azul y fría, mismo tipo de facciones duras y piel rugosa. Un cambio igualmente significativo, es el acento más humano que Fincher le da a Mikael en su película. Su problema en la trama es el mismo: Mikael se encuentra sentenciado a prisión debido a un artículo difamatorio que escribió sobre un millonario hombre de negocios. La información de su artículo la obtuvo de una fuente no muy confiable, la cual lo hizo con toda intención de perjudicar a Mikael. Aquí, Mikael no está divorciado, pero sí pasando por una crisis marital con su mujer (Robin Wright Penn), con quien  trabaja en el diario “Millenium”. Aquí también nos enteramos de que Mikael tiene una hija de unos veintitantos años (Josefin Asplund), con quien lleva una buena relación.

Los que ya vieron la primer película –y leído el libro- sabrán la historia: Mientras espera su sentencia definitiva, Mikael acepta un trabajo de detective ofrecido por un millonario solitario, Henrik Vanger (Christopher Plummer, pequeña pero genial actuación). Vanger, y el resto del clan, viven en una isla, conectada con Suecia por un puente. Henrik le encarga retomar una investigación, para saber qué ocurrió, en 1966, con su sobrina, Harriet, la cual desapareció misteriosamente y creen muerta, ya que nunca se encontró su cuerpo.  El día de su desaparición, hubo un aparatoso accidente en el puente y fue cerrado, por lo que Henrik cree que el responsable de la desaparición de Harriet se encuentra en la misma familia (en efecto, muy Agatha Christie). Lisbeth, por su parte, sufre el abuso sexual de su nuevo guardián y custodio, quien la chantajea cada vez que esta necesita dinero. Nadie mejor que Fincher para  dirigir la escena de la venganza de Lisbeth, para darle la crudeza sexual, violencia y opresión que vemos en la escena, más larga y explícita que en el filme de Oplev.

Lisbeth contacta a Mikael gracias al espionaje virtual que esta se encuentra haciendo sobre él, su trabajo, su vida personal, todo. Así se entera sobre su investigación sobre la chica desaparecida y decide ayudarlo a descifrar ciertas números anexos a una lista de nombres, que Mikael encuentra en el diario de Harriet. La mancuerna de Mikael y Lisbeth comienza. La  investigación los lleva por vericuetos relacionados con el nazismo, antisemitismo, misoginia y  abuso sexual infantil. Martin, uno de los sobrinos de Henrik y hermano de Harriet, es aquí interpretado por el sueco Stellan Skarsgard. Su presencia aquí es más ambigua,  emocionalmente hablando, más fría. De inmediato, se siente que hay algo -o mucho- que oculta, en comparación con la actuación de Peter Haber en el filme sueco. Si algo sabe transmitir un gran actor como Skarsgard, es esa sensación ambigua, de no saber si se esta frente a un personaje bueno o malo, con una sonrisa que en el fondo parece ocultar cierta maldad.

En resumen, la visión de Fincher es una más escalofriante, opresivamente atmosférica. La  dirección fotográfica es magistral. No por nada Jeff Cronenweth acaba de recibir una nominación al Oscar en ese rubro. Su paleta es fría, completamente neutra la mayor parte del tiempo, que aprovecha lo más que puede la luz fría de la isla nublada, que de las luces artificiales. Sí, muy al estilo del movimiento “Dogma”. Es un gran trabajo el de Cronenweth. Por otro lado, la casa donde Mikael se queda está lejos de ser el más acogedor lugar de la película sueca, y su única compañía será un gato. Fincher, con su antecedente como director de The Fight Club y Seven, le da a la película el tono que seguramente el libro merece más.  Uno de violencia más gráfica y que, sorprendentemente, tiene algo de humor. 

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