jueves, 16 de julio de 2009

DETRAS DE LAS CÁMARAS

Para mí, Salomé es la metáfora del amor despechado; además de haberse convertido en un mito que simboliza un determinado tipo de mujer. Yo retomo la Salomé de Oscar Wilde -no la de los Evangelios- que refleja una adolescente que se venga del desprecio del hombre al que ama, Juan el Bautista, pidiendo su cabeza. Una castración metafórica de fuertes connotaciones sexuales, porque Salomé es, fundamentalmente, la pasión; la pasión llevada al límite. [...]

[...] La música, evidentemente, es muy importante. En esta película, he utilizado una composición original de Roque Baños con la colaboración de Tomatito, inspirada en fuentes árabes y en piezas religiosas, con instrumentos orientales; música que, en realidad, es la que crea los diálogos. En ese sentido, España es un país privilegiado por todas las influencias orientales que posee, aunque el flamenco siempre aparece como base. No un flamenco ortodoxo, sino mezclado con toda la cultura mediterránea.

La luz y el color también son muy importantes. Antes, mi educación iba más por tonos pardos, negros y blancos; colores que simbolizan gran parte de la pintura española, y dentro de ella a mi hermano, Antonio Saura. Pero ahora he incorporado la iluminación mediterránea, con amarillos, verdes y azules; tonos que aportan una gran fuerza a la imagen.

Extractos de una entrevista al realizador Carlos Saura, hecha por la periodista Emilia Lanzas, con motivo del estreno de su película musical Salomé (2002) para la revista universitaria Generación XXI.

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