viernes, 14 de diciembre de 2007

EN CARTELERA: 1408 * * * *

Una considerable cantidad de relatos de Stephen King está protagonizada por un escritor, en búsqueda de su pasado, de sus inquietudes, de nuevas emociones, vamos, de sí mismo en resumen. 1408 (E.U., 2007) no es la excepción y desde el principio queda claro que tenemos a otro de sus alteregos, en el personaje encarnado por un eficaz John Cusack, dentro de un sencillo relato en su forma, pero intrigante en el fondo, cuando el arrogante autor de novelas paranormales, Mike Enslin (Cusack), que gusta de romper con mitos y creencias en este campo, se ubique cuando vea sus traumas materializados dentro de un cuarto de hotel.

El trauma de Mike es la muerte de su hija, con la imagen de sus últimos minutos clavados en la mente. Mike se encuentra escribiendo su nueva novela, y para inspirarse decide hospedarse en un hotel, donde se cree que la habitación 1408 está maldita y ocurren fenómenos paranormales, por lo que ningún huésped desea ocuparla. Tal información le es proporcionada por el mefistofélico recepcionista en turno (Samuel L. Jackson), y a pesar de la advertencia, el escritor decide tomar la llave de la habitación para probar que no son más que habladurías.

El realizador sueco Mikael Hafström, en su segundo largometraje en Hollywood, demuestra una gran habilidad para mantener el filme intacto en el suspenso que va creando, en una trama que transcurre la mayor parte del tiempo dentro de la mentada habitación, que pronto se convertirá en una trampa en la que Mike se quedará encerrado. El tiempo para el escéptico Mike parecerá ser eterno dentro de la habitación, de horas y horas, en las que intentará salir por dónde pueda. Incluso tratará de pedir ayuda a su esposa, de quien se encuentra separado desde la muerte de su hija, a través de su laptop y una cámara web.

El asunto parecerá como un relato alargado de la teleserie The Twilight Zone, pero si algo demuestra Hafström es cómo se puede crear un ambiente escalofriante con pocos recursos, un mínimo de personajes y la construcción de un buen suspenso psicológico, en el que no sabemos si todo es obra de la delirante mente de Mike, o si en verdad es atacado por espíritus chocarreros dentro de la habitación embrujada.

Es evidente que por encima de los sustos que se llevará Mike, nos encontramos frente a un personaje en camino a reconciliarse consigo mismo y con su pasado, luego de pasar por duras pruebasm en las que o casi se ahoga, o casi acaba congelado. En ese sentido, el desempeño de John Cusack, un actor casi siempre desperdiciado, es notable en la desesperación que sabe transmitir, como el conejillo de indias de una fuerza obscura que busca darle una lección.

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