lunes, 8 de octubre de 2007

LOS LUNES AL SOL * * * *


Luis Tosar y Javier Bardem.

La secuencia de créditos que abre Los Lunes al Sol (2002), sirve para señalar el ambiente conflictivo que rodea a cada uno de sus desesperanzados personajes. Seis hombres encarnan una situación distinta, pero representativa de su complicada realidad en común: los españoles en paro laboral. Fernando León de Aranoa (con una vasta trayectoria como guionista en Cha Cha Cha, Barrio, Faustus 5.0, etc.), logra un retrato moderno y realista sobre la sobrevivencia de la gente de clase baja y media baja en la España gobernada por Aznar, en un melodrama social al estilo Ken Loach.

La trama tiene su epicentro dentro de un modesto bar, en donde fluyen las acaloradas discusiones de un grupo de amigos: Santa (un gordo y rapado Javier Bardem), que sueña con mudarse a Australia; José (Luis Tosar), Lino (José Ángel Egido), esposo de una mujer empaquetadora de pescado; Amador (Celso Bugallo) y Reina (Enrique Villen), el dueño del local. En dichas reuniones, una serie de diálogos en torno a lo injusto del sistema burocrático español, las leyes laborales, el desempleo y, además, sus propias vicisitudes, imprimen un toque de cotidianeidad a su, aparentemente, pasiva existencia. La estructura del filme está conformada por las vidas privadas de cada uno de los personajes. Su punto en común, es el desempleo, la soledad y la falta de identidad, en medio de las largas filas para pedir empleo, con una severa crítica a los problemas sociales que los agobian.

Una madre se prostituye mientras su bebé la espera en su carriola, la discriminación por pasar de la edad “activa” laboral, la burocracia bancaria, entre otros problemas, tienen su escenario en la ciudad portuaria de Vigo. Aunque, más bien, parece extenderse al resto de España. El argumento, a pesar de no ser fuerte y original en ideas, trasciende por la forma en que Aranoa narra y enlaza las cinco historias. El realizador apuesta por incluir algo de la sobrevivencia femenina, en un mundo laboral dominado por los hombres.  La subtrama de la esposa de Lino, por ejemplo. La mujer sufre, silenciosamente, por no poder quitarse de encima el hedor a pescado.

El filme, en muchas secuencias, tiene un tono de falso documental (las largas esperas de José en las oficinas de ubicación laboral, por ejemplo), en especial, por los diálogos de los personajes en el bar, que parecen estar narrándonos directamente sucesos reales. Santa (esa manera de cobrarse una multa de 48,000 pesetas por haber destruido una lámpara) encarna ideales de protesta, idealismo y liberalismo de los españoles en paro. Los grandes momentos de Los Lunes al Sol, están en esos instantes en que Aranoa permite a sus actores expresarse hasta por los codos. Javier Bardem se roba la película en sus múltiples improvisaciones (su particular manera de leer un cuento a un niño). El resultado es un conmovedor relato sobre la cotidianeidad, la camaradería, los sueños irrealizables, metaforizados en los rutinarios viajes de ida y vuelta en barco que hacen Santa y José, cada lunes al sol.

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