miércoles, 3 de junio de 2009

TARZAN ESCAPES * * *

Era entretenido ver al campeón olímpico de natación Johnny Weissmuller (medallas de oro en los juegos de 1924 y 1928), enfrentarse con leones, cocodrilos, panteras, matar búfalos para llevar “el pan” a su amada Jane, sin que un solo cabello se le despeinara, o recibiera algún rasguño. Tarzan Scapes (1936), era la tercera parte de una saga iniciada con la película Tarzan The Ape Man (1932), dirigida por Richard Thorpe, quien en el futuro se encargaría de dirigir otras películas del héroe en cuestión, como Tarzan Finds a Son! y Tarzan’s Secret Treasure.

Tiene una especie de exótica curiosidad apreciar las películas de Tarzan. La actuación de Weismuller (en realidad, de origen rumano), era físicamente demandante y apenas pronunciaba unas cuantas palabras. Tarzan Escapes, escrita por Ciryl Hume y basada en las historias escritas por Edgar Rice Borroughs, arranca con la llegada de los familiares británicos de Jane (Maureen O’ Sullivan, esposa de John Farrow, codirector de la cinta), para intentar encontrarla en alguna jungla africana. Sus familiares quieren comunicarle a Jane que será beneficiaría de una herencia dejada por un familiar recién fallecido.

Rita (Benita Hume, hermana de Ciryl Hume) y Eric Parker (William Henry), primos de Jane, son guiados por el capitán Fry (John Buckler), propietario y explotador de un grupo de nativos dirigidos a su vez por Bomba (Darby Jones). A todos les tendrá aterrados la leyenda del “simio blanco” (es decir, Tarzan) y que se les pueda aparecer para darles el susto de sus vidas. El peligro no será tanto Tarzán, sino la tribu de los gaboris, sádicos caníbales que gustan de partir a sus víctimas en dos amarrándolos a los árboles.

Los animales serán los que se roben la película, empezando por Chita, la simpática y escandalosa chimpancé amiga fiel de Tarzán; los elefantes que provocarán una embestida a los gaboris en una de las mejores escenas del filme, así como felinos, iguanas y un cocodrilo (en realidad, un convincente muñeco con el que Weissmuller se enfrenta bajo el agua).

Tarzan Escapes era una película con muchos efectos visuales, para hacer más creíbles los peligros a los que se enfrentaba Tarzan, como back projections, montajes frenéticos para hacer más ágil la acción, sets para escenas peligrosas (los peñascos y el pantano), o esa ingeniosa casa-refugio de Jane y Tarzan, construida con bambú y con un elevador que funcionaba al ser jalado por un elefante. Además, la casa tenía un molino hidráulico, un ventilador que funcionaba con energía “simiesca” (vamos, un monito lo hacia girar), etc., en un gran trabajo realizado por el director de arte Elmer Sheeley.

Weissmuller seguirá siendo el mejor Tarzán del cine. Nadie como él para dotar al personaje de inocencia y sentimentalismo, en combinación con su agilidad y fuerza, un héroe romántico que sufría cada vez que su Jane desaparecía. Cabe mencionar que Tarzan Escapes tuvo que ser reeditada para hacerla menos “salvaje” y sangrienta, quitando a unos pigmeos peligrosos y sus ritos caníbales. Además, a Weissmuller tuvieron que aumentarle el tamaño de su diminuto vestuario con respecto al anterior filme, Tarzan and His Mate. Viendo la edición definitiva, el erotismo de la película quedó bien sugerido por Thorpe, en la escena de la flor que suelta Jane en el lago, antes de “premiar” a Tarzan por la proeza de haber rescatado a una cría de gacela de ser devorada por un cocodrilo.

1 comentario:

Joel Meza dijo...

Genial, Alex. Por cierto, de niño, cuando la ví en una matiné, el cocodirlo me convenció totalmente... de verdad creí que alguien vestido de Tarzán peleó con un cocodrilo.
Voy a tratar de conseguir la serie en DVD para ponerlas a mis hijos, estoy seguro que van a brincar en sus asientos.

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