lunes, 20 de abril de 2009

SLEEPING BEAUTY * * * 1/2

Hacía tanto tiempo que la había visto, que apenas y recordaba algo de Sleeping Beauty (1959). Aprovechando una de sus retransmisiones por televisión, en una aceptable versión restaurada, me reencontré con un clásico cuento de hadas que, para quien tenga mucha disposición, puede seguir siendo disfrutable en este siglo XXI. Por cierto, este año se cumplen 50 años de esta producción de la Disney, realizada por el italiano Clyde Geromini, el mismo que dirigió años antes Peter Pan (1953), Lady and the Tramp (1955), y posteriormente One Hundred and One Dalmatians (1961).

Como sucede con Cinderella (1950), también dirigida por Geromini, Sleeping Beauty es un cuento pensado y escrito específicamente para las niñas. Lo mejor de la película era la música, en especial ese número musical que la princesa Aurora (voz de Mary Acosta) cantaba en medio del bosque, en compañía de los animales de rigor (búho, ardillas, pájaros, etc), y que en realidad era una adaptación del ballet de “La Bella Durmiente” de Tchaikovsky, el leit motiv musical.

No creo que Sleeping Beauty, basada en el cuento de Charles Perrault, sea uno de los mejores largometrajes de la Disney. En la película, todos los personajes eran opacados por la villana, la bruja Maléfica (Eleanor Audley). Maléfica se roba la película cuando se transforma en dragón en el clímax final, cuando se enfrenta con el principe Phillip (voz de Bill Shirley). La bruja quiere evitar que Phillip llegue a la parte más alta del castillo donde se encuentra Aurora, en un estado inconsciente y de sueño permanente, debido a la maldición que aquella le arrojó el día de su nacimiento: cuando Aurora cumpla los 16 años, se pinchará el dedo con una aguja y morirá. Sin embargo, una de sus 3 hadas madrinas, como regalo, se encarga de contrarrestar la maldición, haciendo que Aurora no muera ese día, sino que sólo caiga en un profundo sueño, del cual despertará con el beso de un príncipe. Como decía, un cuento de hadas pensado para las pequeñas lectoras y/o espectadoras.

Maléfica era el mejor personaje, no nada más porque comúnmente los villanos siempre son los mejores y más complejos personajes, sino porque en la adaptación (hecha por Erdman Pender) no había otros personajes que nos engancharan tanto. Es verdad que las 3 hadas madrinas, Flora, Merryweather y Fauna (voces de Verna Felton, Barbara Luddy y Barbara Jo Allen respectivamente) eran simpáticas y graciosas, aunque también algo despistadas y torpes, mientras que los ayudantes de Maléfica eran unos cerdos torpes, dedicados simplemente a servir lo mejor que podían a su ama y señora. El más inteligente era su fiel cuervo. Durante su retiro en el bosque para ocultarse de Maléfica, la guapa Aurora solamente se dedica a ser feliz, encantadora y a cantar, para luego caer dormida. Tampoco podía faltar el caballo gracioso. En la mayor parte de las películas animadas de la Disney, si aparece un caballo, este siempre es fiel, valiente, pero también gracioso.

No nada más la escena de la lucha entre el dragón y el príncipe era gótica y delirante, también hay toques de delirio surrealista, por ejemplo, en la escena cuando Maléfica arroja la maldición a Aurora en su cuna. Además, tiene un par de secuencias simpáticas, como aquella de la reunión entre los dos reyes con el sirviente que acaba borracho, o la escena mágica de rigor, donde el caos se vuelve orden por obra y gracia de la magia blanca, que las hadas madrinas llevan a cabo en el interior de la cabaña. Ahí hay un poco del musical Fantasía (1940), en esas escobas y cubetas que cobran vida.

Gracias a esto, la película, de apenas 1 hora y 20 minutos de duración, sigue manteniendo su encanto, principalmente por esa dulce y romántica tragedia que le ocurría a la joven princesa, y por la música de Tchaicovsky, que le agregó personalidad a una, más bien, convencional técnica de animación.

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