viernes, 26 de octubre de 2007

EN CARTELERA: STARDUST * * * 1/2

Celebro siempre que aparezca en el panorama fílmico actual una película del género fantástico como Stardust (Reino Unido-E.U., 2007), del realizador Matthew Vaughn (responsable del estupendo thriller gangsteril Layer Cake/2004). Me declaro aficionado al género, en especial el que se desarrolló en los 1980, y marcó mi infancia de manera especial. Por ejemplo, me encantó The Adventures of Baron Munchausen (1988), del ex Monthy Pithon Terry Gilliam (quien tuvo un flojo regreso con The Brothers Grimm/2005 y al parecer también con Tideland/2005). Si hubo alguien a quien Vaughn quiso emular en Stardust, evidentemente ha sido a Gilliam, en esa mezcla de fantasía y comedia que el director y animador estadounidense ha sabido desarrollar a lo largo de su filmografía.

Por supuesto, Vaughn está muy lejos de alcanzar los niveles de Gilliam, y aunque consigue en Stardust una película disfrutable y graciosa a ratos, con aceptables efectos especiales, la película también corre a veces el peligro de ponerse aburrida, divagante, además de sentirse saturada de personajes. Basada en la novela escrita por Neil Gaiman y Charles Vess, la historia narra cómo cierta noche Tristan (Charlie Cox), joven aldeano del siglo XIX, se atreve a cruzar la frontera que conduce a una región amurallada y mágica, habitada por brujas, gitanas y fantasmas, (cosa que también hizo su padre en su niñez), luego de ver a una estrella fugaz caer del cielo. La estrella es una guapa chica, Yvaine (Claire Daines), quien empezará a ser perseguida por una bruja (estupenda Michelle Pfeiffer) y un futuro príncipe (Mark Strong), para apoderarse de una joya que lleva consigo.

Tristan e Yvaine emprenderán la huida y vivirán un sin fin de aventuras, por tierra y aire, encontrándose con personajes que, desafortunadamente, se van perdiendo en el camino o no aportan gran cosa a la historia, siendo algunos detalles que impiden a la película de Vaughn rozar la genialidad, imaginación e ingenio del Terry Gilliam del Baron Munchausen, Jabberwocky (1977) o Time Bandits (1981).

Pero bueno, tal vez sea demasiado exigirle a Vaughn, en apenas su segundo largometraje. Al final, la película es para pasar una tarde agradable de fin de semana, y si hay dos cosas por las cuales vale la pena revisar esta película, esas son la muy graciosa participación de Robert De Niro, como el capitán de un barco pirata con un lado afeminado, reprimido y oculto (la escena del baile del “Can Can” es bastante cómica y rescatable), así como la magnífica actuación de Michelle Pfeiffer como la bruja malvada del cuento, bellísima y monstruosa por igual. Vale mencionar también el buen clímax que consigue el realizador al final, tal vez la única parte por la que vale la entrada al cine.

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