lunes, 22 de octubre de 2007

CLÁSICOS DE CLÁSICOS: VIRIDIANA * * * *

Con seguridad, una de las secuencias más memorables de Viridiana (México-España, 1961), es aquella cena que el montón de ingratos vagabundos tienen a sus anchas, todos ellos protegidos de Viridiana (la actriz mexicana Silvia Pinal), bella y vulnerable chica aspirante a convertirse en monja, representando así uno de los temas favoritos del realizador aragonés Luis Buñuel: la burla cruel y mordaz a la burguesía y a la iglesia. Es un tono subversivo máximo al que llega Don Luis en esta secuencia, en la que permite a sus vagabundos darse un festín en la elegante residencia campirana de Don Jaime (el gran actor Fernando Rey), melancólico tío de Viridiana, que lucha contra sus deseos al ver en su sobrina la viva imagen de su fallecida esposa, a la manera del obsesionado Scottie Ferguson de Vertigo (Hitchcock, 1958), pidiéndole incluso usar el vestido de novia que perteneciera a la difunta, para luego tratar de tener relaciones con ella, narcotizándola ante la mirada indiferente y cómplice de su ama de llaves, Ramona (Margarita Lozano).

Aquella es otra de las imágenes famosas de una película que causó no poca controversia al momento de su estreno, como casi toda la obra de Buñuel. “Prohibida, blasfema, aborrecible, antirreligiosa. Crueldad y desdén con los pobres...” fueron palabras de los censores en la época. Producida por Gustavo Alatriste, esposo de Silvia Pinal y suerte de mecenas de Buñuel (produjo además El Ángel Exterminador/1962 y Simón del Desierto/1965), quien le permitía total libertad en la dirección de sus filmes. Viridiana es uno más de los trabajos de Buñuel inspirados en el realismo italiano (como otra de sus obras maestras, Los Olvidados/1950), con todas las constantes de su filmografía: el fetichismo hacia los pies desnudos (incluido el clásico ritual de lavado de pies), el humor negro, la mujer que sufre por el acoso de un hombre (como en Él/1953), la confrontación hacia la iglesia católica, sus dogmas y símbolos sagrados; alusiones de clara connotación sexual (la vaca ordeñada), etc., en el relato iniciatico de una chica, de apariencia virginal y pura, que antes de iniciar su vida como religiosa será enviada por la madre superiora a pasar un tiempo con su tío viudo, en donde llevará a cabo un proyecto ambicioso, aunque no menos bondadoso e inocente: recoger a todos los vagabundos de un pueblo en Castilla-La Mancha, para darles techo y comida, a cambio de trabajar en alguna labor en la granja.

El tormento por haber querido tener relaciones con Viridiana, llevará a Don Jaime a cometer suicidio, por lo que la residencia quedará a cargo de su hijo, Jorge (Francisco Rabal), quien llegará con su arrogante novia a vivir al lugar y comenzará a sentirse atraído por Viridiana. Sin embargo, no se dejarán esperar los enfrentamientos y choques de Jorge con los vagabundos, quienes tendrán las líneas más humorísticas y sarcásticas de la película, en especial el ciego, clásico personaje de Buñuel, inteligente, cáustico, provocador y lascivo (al igual que el ciego de Los Olvidados). Tampoco gustarán las ideas de Viridiana a los antiguos empleados, que no verán con buenos ojos su excesiva bondad.

Ni tardos ni perezosos, los vagabundos dejarán salir lo peor de ellos, en una noche de excesos, gula y sexo, que Buñuel representa como si de una “Última Cena” se tratará, dándole al ciego el privilegiado lugar de Cristo, que escucha todo divertido desde su lugar .

Adaptación de la novela “Halma”, de Benito Pérez Galdós, Viridiana es una de las obras maestras de Don Luis, de las más provocadoras y sugerentes, no nada más por confrontar -como casi siempre- al catolicismo y subvertir sus simbolismos, sino también por su crítica burlona a sus bondades con los desposeídos y por un intrigante subtexto político, como el hecho de ver cómo aprovechan unos pobres e ignorantes vagabundos el poder y muchas libertades, si se les van dejando poco a poco.

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