jueves, 26 de julio de 2007

EN CARTELERA: EL VIOLÍN * * * * 1/2

El caso de El Violín (México, 2005), primer largometraje de ficción del realizador Francisco Vargas, fue complicado en su camino a poder ser distribuida en México. Recientemente pudo ver su estreno comercial en salas mexicanas, luego de que países de Europa como Francia (donde tuvo un gran éxito de crítica luego de su exhibición en el Festival de Cannes 2006), y Polonia, ya habían podido verla. Luego de ser estrenada en México, por fin llegó a España, mientras el realizador tuvo la presión por ver cómo sería recibida una película que deja una dudosa imagen del ejército mexicano.

Fotografiada en blanco y negro, la película narra una historia atemporal, ambientada en alguna época que no se puede definir del todo, pero que toca un tema espinoso: la invasión del ejército en comunidades rurales y los abusos cometidos a sus habitantes indígenas. El Violín es un relato de suspenso muy bien tramado, que sorprende por su gran sencillez, sin dejar de ser por ello un conmovedor relato sobre cómo Plutarco, humilde anciano violinista interpretado por Ángel Tavira, actor no profesional, termina involucrado en la rebelión organizada por su propio hijo (Gerardo Taracena).

Don Plutarco se dedica a tocar el violín en las calles junto a su nieto, a pesar de no tener la mano derecha. Si algo atrapa desde el primer momento, es la naturalidad de Ángel Tavira para encarnar a su personaje, trabajo que le mereció el premio Un Certain Regard a la Mejor Actuación en Cannes. Su rostro será en muchos sentidos el hilo conductor/dramático de la película, cuya fotografía no huye de la influencia del más clásico Gabriel Figueroa y su famoso preciosismo, en su manera de retratar los paisajes rurales mexicanos.

Del guión, escrito por el mismo Vargas, es destacable también cómo transforma al que pudo ser un típico soldado duro y frío, en un personaje interesante. Me refiero al que simplemente conoceremos como el Capitán (Dagoberto Gama, notable), quien quitará a Plutarco su violín para así poder pedirle que vuelva a visitarlo y tocar un poco de música. El físico de Ángel Távira vuelve a ser importante para el buen desarrollo dramático del relato. Su frágil e indefensa figura, su rostro lastimado por el tiempo y sus ojos entristecidos, ayudan a que quedemos enganchados en el suspenso por saber el destino de él y su violín.

Tal vez El Violín vuelva a insistir en los habituales ambientes rurales del más clásico cine mexicano de su llamada “Época de Oro”, pero resulta inusual la carga política que ha dejado caer en este escenario, con tal sensibilidad y maestría visual.

++ Guillermo del Toro dio su apoyo incondicional al filme desde su primera proyección en el Festival de Cine de Guadalajara 2006, admirando sobretodo su magistral uso del sonido.
++ La película surgió de un cortometraje homónimo de Vargas, en el que también actuaba Ángel Tavira.

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