viernes, 1 de marzo de 2013

SEVEN PSYCHOPATHS * * 1/2

Colin Farrell, Christopher Walken y Sam Rockwell.

Seven Psycopaths (2012) está lejos de ser tan buena como In Bruges (2008). Martin McDonagh, director de ambos filmes, mostró en In Bruges una habilidad sorprendente para dirigir un thriller de manera sensible y emocionante al mismo tiempo, mostrando una actuación vibrante y temible por parte de Ralph Fiennes. Seven Psycopaths es otro thriller sobre ajustes de cuenta emocionales entre sus personajes, rescatable únicamente por su eficiente reparto. Colin Farrell ofrece una buena actuación como lo hizo en In Bruges, interpretando en esta ocasión a un guionista en proceso de escribir la que puede ser su gran obra, titulada precisamente "Seven Psycopaths". Su problema, es que se encuentra estancado en simples ideas sueltas. Tiene claro -o casi- cómo serán los 7 psicópatas de su guión, pero no la substancia ni la forma de la historia, por lo que tiene que depender de las sugerencias de su más alocadamente creativo amigo (Sam Rockwell, en un papel confeccionado a la medida para él). El amigo, además de proveer  ideas, es un secuestrador de perros junto a un hombre sin oficio ni beneficio (Christopher Walken, supremo como siempre), para luego regresarlos a los dueños y aceptar la  recompensa.

Quizás la falla de McDonagh fue haber querido emular un estilo tarantinesco en los diálogos, que beneficia poco o nada a la película. El guión no es tan sólido, ni la historia lo suficientemente interesante. El contraste de la dupla de personajes es interesante. El personaje pacifista, tranquilo y con una filosofia de no a la violencia de Farrell, junto al psicopático secuestra-perros interpretado por Rockwell, es nada más un buen punto de partida, una idea que provee de humor negro y algunos gags rescatables ("¿Qué es lo que estamos escribiendo? ¿Una película francesa o qué?", pregunta este último). Además, Woody Harrelson está aquí para ampliar la excentricidad del reparto, como el irritado dueño de un shi-tzu secuestrado por Rockwell. En general, un thriller pasable, de momentos rescatables y otros olvidables, cómico a ratos, pero plano en muchos otros.

miércoles, 6 de febrero de 2013

FROM PARIS WITH LOVE * * 1/2

Otro thriller de gusto xenofóbico más del montón, instalado en Paris. La "Ciudad Luz", de alguna manera, tiene algo de atrayente para realizadores hambrientos por instalar esta clase de historias ahí. Pierre Morel ya nos dio una probada de esto en Banlieu 13 y Taken, dos entretenimientos culposos a pesar de todo. From Paris with Love (2010) pone a un John Travolta pelón, con barba de candado (se ve igual que en The Taking of Pelham 1,2,3), y una actitud antisocial muy engañosa al principio, junto a Jonathan Rhys Meyers. Ambos forman la improbable pareja que tiene que seguir la pista, primero, de unos narcotraficantes chinos (la escena de la "lluvia" de cocaina dentro del restaurante chino es divertida en toda su ridícula implausibilidad), lo que lleva a un gag que se basa en la incómoda situación en que el personaje de Rhys Meyers se ve a sí mismo, teniendo que llevar por media ciudad un florero lleno de la preciada droga. Luego, deben impedir un atentado terrorista planeado por un grupo musulmán. Meyers es un empleado de la embajada de EU en Francia, deseoso de convertirse en agente secreto de la CIA. Travolta será su mentor, interpretando al clásico espía yankee rompe-reglas en Europa, con un look de tipo duro ex presidiario. De entrada, uno apostaria que será el villano en la historia. La combinación es interesante, tiene sus momentos de comicidad y tensión (el personaje de Travolta revelando un lado más perspicaz de lo que podría suponerse), en especial cuando la novia de nuestro aprendiz entre en la ecuación, sin entender que es lo que pasa en la vida de su prometido. Es entretenida, con efectivas escenas de acción, aunque no importa lo evocador que sea homenajeando el título de una película de James Bond (From Russia with Love); creo que el filme será más memorable por el look de Travolta que por otra cosa. 

Jonathan Rhys Meyers y John Travolta en una incómoda situación.




sábado, 2 de febrero de 2013

DJANGO UNCHAINED * * * 1/2

EL DÚO DINÁMICO. Christophe Waltz y Jammie Foxx. 

Quentin Tarantino sigue tan transgresor como siempre en Django Unchained (2012), su más reciente revisión del spaguetti western. Aquí rescata un personaje iconico del género, Django, inmortalizado por el italiano Franco Nero en la película original de 1966, casi al grado de encasillarlo para siempre en el papel. Algún crítico calificó de racista a Django Unchained sin mucho fundamento (la palabra "nigger" se usa decenas de veces), así como de ofrecer una visión reduccionista de la historia esclavista en E.U. Es rasgarse las vestiduras sin sentido. Tarantino rinde homenaje a los maestros del género, como Sergio Leone y al mismo Sergio Corbucci, quien es creador del personaje, en donde la "provocación"y toque maestro de originalidad consiste en la mezcla genérica que ofrece, en la fórmula spaguetti western y blaxplotation movie.

La fórmula no podría ser más interesante y tentadora. La historia no está instalada en el "lejano oeste", sino en el esclavista y racista estado de Mississippi, previo a la guerra de Secesión en los 1860. No tiene mucho que ver con la película original, mucho menos con el primer Django de los 1960. De las pocas cosas que Tarantino rescata de la historia de la primera película, es la secta racista de encapuchados (hay una escena muy cómica, inmersa en la tradición tarantinesca de poner a los personajes a discutir y dialogar interminablemente sobre las incómodas capuchas). Además, Django (Jamie Foxx), no lleva consigo un ataúd. Lo que lleva consigo, además de pesadas cadenas y un gran "afro" a la Jimmie Hendrix, son deseos de venganza. Django es rescatado de unos comerciantes de esclavos por un dentista alemán convertido en caza recompensas (Christoph Waltz, genial), el cual se convertirá en su guía y mentor, enseñándole a ser el gran tirador que Django siempre ha sido desde sus orígenes. Nuestro "esclavo liberado" busca localizar y rescatar a su esposa, Broomhilda (Kerry Washington), quien prontro sabremos es propiedad de un adinerado industrial, Calvin Candie (Leonardo DiCaprio, divirtiéndose y pasándola bomba), en una plantación de algodón.

La película es un disfrutable pastiche, musicalizado por una anacrónica pero bien seleccionada -como es costumbre- banda sonora. El reparto es completamente funcional. Hay una escena antológica, justo cuando se nos presenta al personaje de Calvin. En dicha escena, teniendo como fondo una pelea "Mandingo" con dos esclavos luchando a muerte (pasatiempo cultivado por el mórbido Calvin), Franco Nero y Jamie Foxx intercambian pocas pero reveladoras palabras. El primero le deletrea su nombre al misterioso italiano, especificando que la primera D es muda. Nero, seguro de lo que le hablan, le dice simplemente "Lo sé."

Pudo haber durado menos. Hay partes que se sienten alargadas forzadamente. En general, a la película le falta más estructura en su construcción; en su edición y narración. Sin embargo, esta épica esclavista, sangrienta y violenta (la escena de los perros salvajemente desmembrando a un esclavo es perturbadora), con sangre generada digitalmente brotando a borbotones, es muy entretenida en su mayor parte. Revela la habilidad de Tarantino para distraernos de sus ocasionales indisciplinas cinematográficas. Por ejemplo, la actuación paródica y estereotípica de Samuel L. Jackson como el fiel y sumiso mayordomo (el clásico personaje negro shakespereano, malévolo y de doble cara), es divertida y cómica. Pero hay un momento en el filme, que de tener un indescifrable acento sureño, cambia a uno de gángster como sacado del Bronx. Al final, Django es buena, una simple pero explosivamente entretenida historia de venganza.   



lunes, 28 de enero de 2013

DJANGO * * * 1/2

¿QUE CÓMO ME LLAMO? Franco Nero como Django.

La película que vio nacer a uno de los grandes iconos del spaguetti western. Django (1966) es la respuesta italiana del hombre-sin-nombre que Clint Eastwood inmortalizó en The Good the Bad and the Ugly. Franco Nero da vida a este forastero de nombre casi impronunciable; de mirada azul celeste, rostro curtido, enigmático, nada amistoso y que siempre va arrastrando un ataúd de madera (en caso de morir a mitad de camino puede ser enterrado cristianamente). En su primera aventura, Django se ve envuelto en una batalla campal con una secta racista de encapuchados (totalmente al estilo del KuKuxKlan), justo después de haber rescatado a una mujer (Loredana Nusciak) de ser asesinada por un grupo de bandoleros mexicanos. 

No por nada el nombre de Django se convirtió instantáneamente en sinónimo de lo cool en Europa; la encarnación del prototípico personaje del western a la italiana. Es el defensor del desprotegido, el lobo solitario sin amigos y especialista en hacer enemigos al instante. Django parece haber sido extraído de alguna novela amarillenta pulp de bolsillo, de algún semanario o serial en la forma de cómic (como el francés "Blueberry"), creación de Sergio Corbucci, director de la película, y su hermano Bruno.

Django podrá ser lo que sea, pero está cargado de sorpresas (incluyendo lo que tiene escondido en su ataúd). Puede descontar, de una sola vez, a cinco o seis contrincantes con su pistola. Su aliado en la película -o lo más parecido a ello- será el dueño del bar (Ángel Álvarez) donde se refugia y declara la guerra al gobernador (Eduardo Fajardo), a su vez el líder de la secta racista. Su pasatiempo es cazar mexicanos desamparados, jugando al tiro al blanco. Django es un tipo que no toma partido por nada ni nadie, excepto el suyo. El romance está en último plano. Se verá envuelto en alguna batalla de la Revolución Mexicana, pero al final no tendrá más reclamo que un cuantioso botín de oro. El tema principal, cantado por Rocky Roberts (casi parece interpretado por Elvis), es igualmente icónico, que abre y cierra una película clave del género, con mucho acento italiano, entretenida y con un diseño de producción de admirable calidad.     

martes, 22 de enero de 2013

THE MEN WHO STARE AT GOATS * * 1/2

CAPRINO TERAPIA. George Clooney en sesión hipnótica con una cabra.

Su título suena algo espanta-audiencias, pero no deja de despertar cierta curiosidad sobre lo que esconde la historia de esta película. No todo en ella es sobre "hombres que miran fijamente cabras", aunque desafortunadamente el resto tampoco es mucho mejor. Como sátira militar, The Men Who Stare at Goats (2009) no acaba siendo lo suficientemente graciosa, y siendo sincero su premisa cae en lo ridículamente estúpido. Ligeramente inspirada en el libro de Jon Ronson, el reparto del filme es tentador, encabezado por Ewan McGregor y George Clonney, con Jeff Bridges y Kevin Spacey en papeles secundarios. Y si bien la película tiene algunos momentos cómicos, en la travesía desértica que emprenden McGregor, interpretando a un desafortunado periodista, en aventura por Kuwait para demostrarle a su esposa que tiene agallas, y Clooney, como un militar retirado en una misión secreta (nunca me quedó claro cuál era exactamente dicha misión), en general, el intento de farsa se queda a una nariz de ser funcionalmente aceptable.

Tal vez esta sea la primera película protagonizada por Jeff Bridges que no me dejó del todo satisfecho. No niego que el actor está muy bien como un gurú hippie con ideas new age y pacifistas, fundador de un proyecto secreto en los 1970s: un cuerpo de élite llamado el Ejército de la Nueva Tierra, con la creencia de que la mejor arma para combatir al enemigo es con las capacidades psíquicas. Los tipos se entrenan para causar infartos a animales con el poder de la mente, entre otras idioteces. Mi problema fue sentir a Bridges en la película inadecuada. Grant Heslov, dirigiendo su segundo largo, no es del todo capaz de sacar algo más divertido e hilarante de la insanidad y locura que envuelven la premisa. Hay una buddy movie escondida en la química que logran McGregor y Clooney, el primero muy bien como el personaje involucrado en situaciones inesperadas y fuera de su alcance; el segundo, sabiendo cómo explotar su vena cómica (se ve casi como en Three Kings pero en clave de comedia) cuando se debe. Lo malo, es que esto se ve totalmente desplazado por demasiados flash backs y distracciones hacia personajes secundarios que no aportan mucho.    


viernes, 18 de enero de 2013

OKURIBITO * * * * *

EL ARTE DEL ÚLTIMO ADIÓS.  Tsutomo Yamazaki y Masahiro Motoki.

La película ganadora del Oscar a Mejor Película extranjera en 2009, es un relato que revela, de una manera sensible al mundo occidental, lo que podría calificarse como el arte de morir en Japón. O mejor dicho, el arte de preparar a un difunto para el viaje a su otra vida. La muerte es un tema tabú en ese país oriental, pero Okuribito (2008) no podría ser más interesante. Basada ligeramente en el libro autobiográfico de Aoki Shinmon, a través de la historia de un cellista (Masahiro Motoki), forzado a hacer un drástico cambio en su vida profesional para convertirse en aprendiz del arte de embalsamar a un difunto, se nos presenta lo que es el verdadero ritual del embellecimiento de la muerte; haciendo presentable al difunto en el último adiós que le darán sus seres queridos.

No es el trabajo por el que todo mundo hace fila para ser contratado. Daigo, nuestro cellista, regresa al pueblito que lo vio nacer, justo después de que le es anunciado el quiebre de la orquesta para la que trabaja. Sin embargo, con el avance de la historia, el realizador Yojiro Takita nos va introduciendo en un mundo que, de ser algo repulsivo (como en el primer enfrentamiento que tiene el personaje con el cadáver en descomposición de una anciana), se revela como algo completamente fascinante. Nada más un alma sensible y artística como la de Daigo puede comprender inmediatamente el significado de estas ceremonias funerarias. Su esposa (Ryoko Kirosue), junto a media población de la villa, no aprueban mucho la nueva profesión de su marido. En resumen, según le explica, es un trabajo que alguien tiene que hacer, y que ella, él y todos los demás algún día moriremos.

La precisión con la que Daigo acaba dominando este delicado arte, que incluye el vestir a los difuntos, la precisión de mover y posicionar sus manos; ceremoniosamente limpiar sus rostros, maquillarlos y arreglarles el cabello, es prácticamente la misma con la que toca su cello (por cierto, la banda sonora es bella dentro de su misma sencillez). Es casi el trabajo de un artesano, que se extiende al diseño de los ataúdes. Daigo tiene detrás traumas y conflictos existenciales, como el haber sido abandonado por su padre siendo un niño. En medio de personajes que no podrían ser más disímiles, como el de su jefe (magnífico Tsutomo Yamazaki) y su secretaria (Kimiko Yo), Daigo encontrará el impulso exacto para encontrar la paz interna, a través de un final tremenda y desafiantemente conmovedor.


lunes, 14 de enero de 2013

A FANTASTIC FEAR OF EVERYTHING * * *


CON MUCHA LAVANDERI-FOBIA.
Simon Pegg como un atormentado y paranoico escritor.

Puede verse esta película como una cruza entre Michel Gondry, Spike Jonze y Charlie Kauffman. Aunque no alcanza los niveles de aquellos, esta aventura esquizo-paranoide nos lleva dentro de la perturbada mente de un frustrado escritor. Es una película inclasificable, un puro ejercicio de estilo, visualmente provocadora, y sin temor a exhibir una comicidad que raya el humor negro. A Fantastic Fear of Everything (2012) es una de esas art house movies susceptibles de ser pasadas por alto, y que   quizás dependa de un rostro conocido y un nombre de peso como el de Simon Pegg para darle una oportunidad. 

La actuación de Simon Pegg es valiente. El actor, especialista en comedia, toma el reto de meterse en la piel de un patético personaje por el cual, al final, no podemos evitar sentir un poco de compasión y sincera simpatía. En este primer largometraje del británico Crispian Mills, Simon Pegg da vida a nuestro atormentado escritor, Jack, la encarnación de todas las obsesiones, demonios y fantasmas de escritores que acaban atrapados en sus propios temas y obsesiones literarias. Es una clara demostración del talento y versatilidad de Pegg, en una brillante actuación que es un  estudio de personaje, minucioso tanto en su nivel físico como emocional. 

En su narración en primera persona, casi en la forma de un monólogo en su primera parte, la película no tiene como base un equilibrado guión, y se siente de lo más indisciplinada en su narración. Sin embargo, es la actuación de Simon Pegg la que salva y acaba por darle identidad al trabajo. El torturado Jack busca salir de su trastorno paranoide, que incluye ataques de pánico y un miedo irracional a salir de su casa. Su agente le da la oportunidad de su carrera, cuando le consiga una cita con un poderoso productor de Hollywood. En un giro freudiano, su psiquiatra y asesor le ayudará a ir superando sus trastornos, llevándolo a que explore en su niñez para que recuerde su primer trauma, cuando Jack fue abandonado por su madre en una lavandería. 

La secuencia de la lavandería es de lo mejor, dentro de toda su irreverencia, franca comicidad y un ingenioso uso de encuadre. Pero si la película tiene otro punto fuerte, ese es su diseño de producción. Es genial en la manera de expresar la desastroza psiqué del personaje (un especialista en asesinos seriales, de hecho), con el tema del ojo como punto central, y que incluye animaciones en stop motion, edición frenética estilo videoclip, todo con un sabor surrealista.

viernes, 11 de enero de 2013

JACK REACHER * * 1/2

Producida y protagonizada por Tom Cruise, Jack Reacher (2012) es una exploitation movie muy funcional, que sabe enganchar a la audiencia tanto con escenas de acción como con una historia que mantiene un aceptable nivel de interés y suspenso. En su interpretación del Jack Reacher del título (basada en la novela escrita por Lee Child) Cruise no ofrece absolutamente nada nuevo como actor (los fans del libro se quejaron de su elección para el papel principal), fuera de un par de escenas en donde exhibe habilidades para pelear y descontar villanos al nivel de un Jason Bourne. Quien sí me sorprendió fue la británica Rosamund Pike, ofreciendo una decente actuación y con un convincente acento, en su encarnación de una  abogada en busca de llegar al fondo de la verdad sobre quién es el verdadero asesino de cinco personas. Las víctimas fueron ejecutadas por un tirador oculto, a decenas de metros de distancia, justo en la escena que abre la película.

Reacher y Helen, el personaje de Pike, forman una mancuerna durante la investigación extra oficial que llevan a cabo, siendo el primero su valioso asesor gracias a su experiencia previa como ex marine en Irak. Alrededor de su investigación, se encuentra un detective trabajando en el caso, interpretado por David Oyelowo. Desde el primer segundo, el actor recuerda a Sidney Poitier -al menos físicamente- en sus mejores años y su detective interpretado en In the Heat of the Night. De hecho, la película tiene un tratamiento visual a la film noir, tal y como el de aquella gran obra de Norman Jewison. Helen y Jack, a pesar de cierta tensión sexual que existe entre ellos (con la que juega en un par de escenas el realizador, Christopher McQuarrie), prefieren concentrarse más en la investigación, así como en buscar forzadamente una química que, desafortunadamente, nunca toma forma completamente. 

Aunque no depara muchas sorpresas, la trama se encuentra bien hilvanada. Robert Duvall, en la segunda mitad, amenaza con robarse la película, siendo simple y sencillamente el gran actor que es. Mientras, Werner Herzog sabe hacer lo suyo irradiando su temible aura germánica, en un pequeño papel como mafioso transiberiano.

ROBÁNDOSE EL FILME CON UN GUIÑO. Tom Cruise y Robert Duvall.


miércoles, 9 de enero de 2013

INTOUCHABLES * * * *

AMISTAD A RITMO DE BOOGIE WONDERLAND. Omar Sy y François Cluzet.

El éxito internacional de Intouchables (2011) radica, más que nada, en la acertada elección de su casting. El gran Francois Cluzet (Janis et John), interpretando a un millonario cuadrapléjico, melancólico y sensible; y Omar Sy (Micmacs), como el inmigrante senegalés proveniente de un típico banlieu pobre, quien es contratado como su asistente de tiempo completo. El resultado ¡bingo!, es una química instantánea, una relación cinematográfica funcional en todos los niveles. Lo mejor, es cómo los realizadores, Olivier Nakache y Eric Toledano (también autores del guión) hacen de esta improbable relación una entrañable amistad, la cual se va formando gradualmente, de manera natural, y sin forzar mucho la maquinaria interna que mueve los engranajes emocionales entre los personajes. Nuestro millonario, Phillipe, incapacitado no nada más físicamente del cuello a los pies, sino de un amor por la vida perdido, es un amante del arte, la poesía, la lectura, y la música clásica. Necesita de Driss y de su chispa, su vitalidad y el encanto que ha venido a transmitirle.

La historia está basada en una amistad de la vida real, y aunque la película se sienta formulaica, con todo estratégicamente cálculado para ser la más taquillera y exitosa feel good movie del 2012 (no dudo que Hollywood ya esté preparando el guión para el remake; Dustin Hoffman puede irse preparando para ser la versión americana de Phillipe), y dar en el blanco con las audiencias americanas, el resultado es un entretenido y humorístico relato con mucho encanto, en el que dos visiones de la vida, dos personalidades dispares se contraponen para, simplemente, conseguir magia en la pantalla. Mucha de esa magia se debe a la gran actuación de Omar Sy, quien en cuestión de minutos tiene a todos los personajes -y a nosotros- en su bolsillo. Sy (algo así como un rejuvenecido y revitalizado Eddy Murphy transportado a Francia), sacude todo espacio que habita en la residencia. Es humorístico, carismático, coqueto, impertinente, amante de Earth, Wind & Fire y, además, es un misterio que nos invita a desentrañar hasta la última escena del filme.  

martes, 8 de enero de 2013

FRANKENWEENIE * * * * *

VIVO Y COLEANDO. Victor Frankenstein y su adorado Sparky.

Todo empezó como un cortometraje, en el que Tim Burton, nostálgica y paródicamente, miraba hacia  su niñez para dar fe de su amor por el cine de horror y de monstruos. Frankenweenie (1984) es la historia de Victor Frankenstein, un niño solitario cuyo perro muere atropellado. El joven Frankenstein, tal y como sucede -más o menos- en la clásica novela de Mary Shelley, se decide a revivir a Sparky, el perro en cuestión, a través del inimaginable e impredecible poder de la electricidad. Casi 30 años después, Tim Burton ha decidido adaptar su corto e idea original en la forma de un largometraje animado, electrizante y conmovedor (no pude evitar la lágrima un par de veces), que confirma una vez más cómo la clásica animación en stop-motion sigue siendo lo suyo; el medio en el que el realizador se muestra siempre más inspirado, su herramienta ideal de expresión artística.

Frankenweenie (2012) conserva el mismo espíritu de su antecesora, en la forma en que rinde un homenaje al cine de monstruos, especialmente el de los años 1930s y 1940s de la Universal, a través de  un relato infantil sobre el incondicional amor de un niño por su perro. Victor (voz de Charlie Tahan) es como la versión infantil del Victor Van Dort de Corpse Bride (2005), el anterior filme animado de Burton. En esta nueva aventura animada burtoniana, el personaje principal es como una radiografía en la que han quedado registradas las inquietudes cinematográficas del realizador, en su manera de recordar las experiencias que tuvo de niño con su perro. 

Es una película que puede interesar a niños que, para variar un poco, se animen a salir un poco de la rutina de la animación 100 por ciento digital y echar un ojo a otras opciones, quizás más artísticas en la animación cuadro por cuadro. La historia es un relato de regusto gótico, divertido, así como un sensible manifiesto procientífico. Esto encarnado en el maestro de ciencias, uno más de los homenajes de Burton a su admirado Vincent Price (el personaje es como una versión caricaturizada del actor), rematado con  el magistral trabajo vocal de Martin Landau. El maestro podrá lucir tétrico, pero muestra que razón y sentimiento pueden ir de la mano sin mayor problema.

Frankenweenie es para niños y adultos que estén dispuestos a no rehuir al blanco y negro en un filme animado. El trabajo de fotografía es genial, y acaba por darle ese acabado final de cine antiguo (la historia está ambientada en los 1960s). Los cinéfilos disfrutarán enormidades con la infinidad de guiños al cine clásico de horror, en esa galeria de niños que son como mini-homenajes a personajes icónicos del cine de monstruos, como Edgar E. Gore (voz del genial Atticos Shaffer, un niño que hace una impresionante imitación de Peter Lorre), inspirado en Igor, y hay otro por ahí que está diseñado a imagen y semejanza de Boris Karloff (intérprete del primer monstruo Frankenstein en cine).

Catherine O' Hara, quien da voz a la mamá de Victor, y Winona Ryder, quien da voz a su amiga y vecina, colaboran nuevamente con Burton. Puede verse esta joya animada como una introducción del relato de Frankenstein para niños y adolescentes de la generación "Twilight". Aunque puede que estén lejos de identificar otras referencias cinéfilas, como el molino extraído directamente del Frankenstein de la Universal, o el cómico homenaje a Godzilla en la forma de una tortuga gigante, seguro la experiencia de ver este filme les será inolvidable. 

viernes, 4 de enero de 2013

AMERICAN GANGSTER * * * * *

GANGSTER PARADISE.
Denzel Washington como el poderoso narcotraficante Frank Lucas.

Denzel Washington está en plena forma y en todo su potencial en American Gangster (2007), una de las mejores películas de Ridley Scott. El film está basado en la historia real de Frank Lucas, quien de ser el simple asistente de un poderoso "padrino" en el Barrio de Harlem, se convirtió en el mayor traficante de drogas negro de ese barrio a finales de los 1960. Lucas es interpretado por Denzel Washington con poder histriónico, con esa seguridad, personalidad y presencia que le caracteriza. Es  una historia épica, de poco más de dos horas y media de duración, sobre el ascenso y caída de un hombre que puso a temblar a las mafias de Nueva York debido al rápido ascenso al poder que tuvo. Un hombre de mente fría y calculadora, Lucas trató de actuar con la mayor discreción posible, sabiendo pasar desapercibido por la policía durante un considerable tiempo.

Scott consigue una especie de blaxploitation movie, tomando elementos clave de dicho género (banda sonora, escenarios, etc.) combinándolos en un thriller policiaco narrado con intensidad.  Es el primer filme de este género que Scott dirige en su carrera, y lo hace ver como un experto a nivel scorsesiano (la herencia de Mean Streets y Goodfellas es notoria). A través de historias paralelas, la película cuenta también la historia de Ricchie Roberts, el detective de policia que se dedicó a fondo a investigar a Lucas y su red de narcotráfico, interpretado magníficamente por Russell Crowe, actor fetiche de Scott.  Roberts es la total encarnación del policia honesto e incorrumpitble, al cual se le dificulta transferir esa impecabilidad y limpieza profesional a su fragmentada vida personal.

Ninguno de los dos actores comparten escena alguna sino hasta la última parte de la película. Cuando llega dicho momento, es uno casi catártico para ambos, luego de haber construido dos horas de suspenso. Ricchie arma una meticulosa investigación, en donde habrá giros tan cruciales como el involucramiento de miembros del ejército estadounidense en el tráfico de heroína desde Macao, justo durante la guerra de Vietnam. Ricchie, justo cuando vaya atando cabos, pone en jaque a Lucas y le hará cometer errores que jamás había imaginado.

La ambientación nos transporta fácilmente a aquella época. Es magistral, cuidada en todo detalle incluyendo la selección y producción musical. La fotografía emula el proceso de color de películas de aquella época, y la mayoría del tiempo parece que tenemos en frente una película producida a principios de los 1970. Ricchie es la fuerza motora, pero si hay un personaje fascinante ese es Lucas. Un hombre que alcanzó un nivel de poder que ni siquiera su jefe y mentor pudo, un tipo mentalmente controlado que no consumía la droga que traficaba, que se sabía desenvolver impecablemente como todo un empresario, que arrastró a su numerosa y humilde familia al negocio, y que al final llegó a cooperar con la policía para que las cabezas de policias corruptos cayeran. Al respecto, no recomiendo el final del director's cut. 

viernes, 28 de diciembre de 2012

TRUE GRIT * * * * *

WILD WILD DUDE. Jeff Bridges y Hailee Steinfield. 

Para unos directores tan pan-genéricos como los hermanos Ethan y Joel Coen, estaba pendiente dirigir un western en toda la extensión de la palabra. Escogieron dirigir el remake de un clásico del género, True Grit (1969), protagonizado por una de las leyendas del lejano oeste, John Wayne. Sin embargo,  los Coen van más allá en las vertientes estilísticas que buscan explorar en esta su más reciente película. Lo que consiguen es un western artístico y bello, un sensible relato sobre la pérdida de la inocencia en un territorio inóspito y violento, sin traicionar con ello las convenciones más genéricas que son marca de agua en una película de cowboys, bandidos y forasteros.

Puede argumentarse que muchos de sus filmes son westerns ambientados en otro tiempo y lugar (Blood Simple, por ejemplo) y que sólo les faltaba situarse (cronológicamente al menos) donde casi todo western debe estar, a finales del siglo 19. Hay dos sorpresas en esta nueva versión. Primero, el regreso de Jeff Bridges bajo las órdenes de los Coen, luego de su colaboración en The Big Lebowsky  (1998), que le dio a Bridges el inolvidable y legendario sobrenombre de The Dude, el borracho y decadente personaje de aquella película. Jeff Bridges interpreta el personaje de Wayne en la película original, Rooster Cogburn, el marshall con un piratesco parche en el ojo, que en corto podría simplemente calificarse como The Dude en el lejano Oeste.

Y no es crítica, sino únicamente la manera de establecer esa gran dimensión que Bridges ofrece al personaje, un borracho sheriff convertido en caza recompensas, lleno de anécdotas que cuenta con una añejada y rasposa voz. Su balbuciente estilo es apenas entendible gracias a los efectos del whisky, pero acaba siendo inevitablemente atrayente. Cogburn busca demostrar que todavía tiene gran puntería y  "verdadero temple". Aquí viene la segunda sorpresa, con la joven revelación Hailee Stanfield, interpretando con suma efectividad y profesionalismo a la impaciente pero decidida chica que busca  vengar a su padre, asesinado por uno de sus ex trabajadores (Josh Brolin), profugo en territorio apache.

La película, desafortunadamente, no está musicalizada por T-Bone Burnett (recordando el grandioso trabajo que hizo con los Coen en O Brother Where Art Thou), pero la banda sonora compuesta por Carter Burwell tiene el toque clásico de las viejas películas del oeste. Además, si hay algo en verdad magnífico, es la fina dirección fotográfica de Roger Deakins, brillante e inconfundible en cada toma. Mientras, Matt Damon cierra el grupo de aventureros como el extravagante ranger LaBoeuf, que asistirá a Coburn en la búsqueda del asesino. LaBoeuf sirve en cada momento como perfecto contrapunto entre la metódica y pulcra disciplina que representa, junto a la derruída, alcohólica y maltrecha imagen de nuestro tuerto héroe.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

2012 * *

Otra película sobre destrucciones apocalíptico-cataclísmicas (¿Necesitábamos una más?), que basa su premisa -o excusa, más bien- en la falsa predicción de los antiguos mayas sobre el fin del mundo el 21 de diciembre del año 2012. Hasta ahora, todo bien, seguimos aquí, el mundo no se ha acabado. Más que una película dominguera sobre el fin del mundo, 2012 (2009) es una película sobre paternidades frustradas. El fin del mundo como lo conocemos no es más que un pretexto para que padres e hijos, a través de historias paralelas, tengan un ajuste de cuentas emocional. En medio de terremotos, maremotos que traen consigo el segundo diluvio universal y volcanes arrojando toda su furia volcánica, padres e hijos se dirán el que tal vez sea el último adiós.

John Cusack interpreta a Jackson Curtis, uno de estos padres, un escritor frustrado con tan sólo un libro publicado, y que tiene que ganarse la vida como el chófer de un millonario ruso. Su mayor lucha no será sobrevivir el fin del mundo, sino ganarse el cariño y respeto de sus niños, y con un poco de suerte, el de su esposa (Amanda Peet), de quien se encuentra separado. A pesar de estar saturada de personajes e historias alternas, que casi se sienta como un refrito de Independence Day (sin amenazas alienígenas de por medio), cruzado con Poseidon y la historia del Arca de Noé versión siglo XXI, y de tener que ver a Woody Harrelson interpretando una parodia sobre la excentricidad que a veces gusta llevar a la pantalla en mejores películas, siendo honestos, jamás el fin del mundo se había visto tan escalofriantemente espectacular como aquí. Nada más aguanté las 2 horas y media por los impresionantes efectos especiales y por querer saber cómo nuestros héroes se salvarían de la ira de nuestra madre Tierra.   

Y EL MUNDO NO SE ACABÓ.  John Cusack intentando escapar
del posible fin del mundo


viernes, 21 de diciembre de 2012

JONAH HEX * *

Un personaje interesante que tal vez merecía una mejor película. Jonah Hex (2010) tiene lo que puede esperarse en cualquier película medianamente entretenida: acción, una trama que combina elementos paranormales y elementos de cualquier western genérico, así como un reparto decente. La película es una adaptación de una serie de cómics de la DC. De hecho, lo que consigue el realizador y también animador Jimmy Hayward (Horton Hears a Who!) es darle a la película un look de cómic y/o novela gráfica, de tonalidades góticas en ciertos momentos. 

La secuencia animada que abre la historia, nos cuenta que Jonah Hex (un balbuceante Josh Brolin, caracterizando bien al personaje original del cómic) es un caza recompensas y ex soldado confederado de la Guerra Civil, quien junto a su familia fue torturado y asesinado por el villano en turno, Quentin Turnbull (John Malkovich, en su perversa y maléfica forma acostumbrada en estos personajes). Hex logra regresar de entre los muertos a través de un ritual indio, y busca ajustar cuentas con Turnbull y sus secuaces.

Jonah Hex es esa clase de antihéroes que no irradian precisamente carisma ni mucha simpatía. Hex vaga por el mundo con la mitad del rostro deformado, con algunos pedazos de piel en donde alguna vez hubo una mejilla. Más que hablar balbucea sus diálogos, y tiene la capacidad de resucitar a los muertos con tan sólo tocarlos para extraer de ellos información valiosa. En general, la historia es un desastroso conglomerado de episodios, sin mucho congruencia entre los mismos y que está lejos de ser mínimamente interesante. Gustará a los amantes de los western por sus escenas genéricas de tiroteos,  peleas, trenes saboteados por explosiones y por la infaltable bella prostituta (Megan Fox). También gustará a los aficionados a las novelas gráficas de corte gótico y paranormal.

El problema, como decía, es que dentro de esta mezcla genérica, los realizadores no supieron embonar  una historia coherente ni atractiva. El filme se torna estúpido al final, con el predecible giro de los villanos buscando, durante el 4 de julio, asestar un pirotécnico acto terrorista en Washington, en contra del gobierno del presidente Grant (Aidan Quinn). El arma de destrucción masiva en cuestión luce tan caricaturesca (un cañón de circo lanzando pelotas luminosas), que si su concepción es poco creíble cuando nos es explicada, sin muchos pies ni cabeza, al final la gran amenaza nuclear es más paródica que nada. Supongo que es mejor echarle una hojeada al cómic original.

Josh Brolin y Megan Fox.



lunes, 17 de diciembre de 2012

THE HOBBIT: AN UNEXPECTED JOURNEY * * * * *

"ASÍ QUE ESTE ES MI CONTRATO HASTA EL 2014".
Martin Freeman como el joven Bilbo Baggins.

"En un hoyo en el suelo vivía un hobbit", así empieza "The Hobbit", una de las novelas de fantasía más influyentes de todos los tiempos, escrita por J.R.R. Tolkien. La novela es la introducción a la serie de novelas de "Lord of the Rings". Un anciano Bilbo Baggins (Ian Holm) comienza sus memorias con esta frase en las primeras escenas de The Hobbit (2012), adaptación al cine de la novela, quizás la película más esperada de este año. 

Muchas dudas se tuvieron respecto a su realización. Primero, Guillermo del Toro estuvo contemplado como director, hasta que el realizador mexicano abandonó el proyecto por haber estado estancado durante la crisis económica de la MGM. Peter Jackson fungiría como productor. Finalmente, el neozelandés acabó tomando completamente las riendas en la dirección, en medio de huelgas del sindicato de actores en Nueva Zelanda (donde se rodó la película), anunciando, más tarde, que el proyecto se dividiría en una nueva trilogía. Es decir, puede esperarse una fiel adaptación de la novela original de Tolkien.

Peter Jackson nos lleva de la mano nuevamente a la Tierra Media, y su capacidad para sorprendernos sigue intacta. El retorno al universo tolkeniano, en esta ocasión, trata sobre los orígenes de la saga del anillo, cuando un joven Bilbo Baggins (Martin Freeman), accidentalmente, encuentra el poderoso anillo. Esto durante la aventura que emprende junto al mago Gandalf (Sir Ian McKellen, retomando el papel con gran facilidad) y un grupo de 13 enanos, para intentar recuperar un cuantioso tesoro que un dragón de nombre Smaug les robó mucho tiempo atrás.

Con una duración de casi 3 horas, Peter Jackson decidíó filmar la película con una avanzada tecnología, HFR48x, en donde en lugar de filmar a la velocidad tradicional de 24 cuadros por segundo, se filma a 48 cuadros por segundo. El resultado, es una imagen con mayor definición, que podría ser interesante apreciar en cine. De todas maneras, la película se aprecia con una gran calidad de imagen en su formato convencional. 

Tenemos otra expedición, y un personaje que debe cumplir con un destino. La espectacular introducción cuenta la guerra que el rey de los enanos emprendió contra el dragón. Su hijo, el principe Thorin (Richard Armitage), pierde la batalla, luego de que el ejército de los elfos retiran su ayuda. Son unos cuantos minutos colosales, en donde la identidad del dragón se reserva estratégicamente (vemos nada más la punta de la cola). Una noche, el tranquilo y pacífico Bilbo, luego de una caótica y musical cena con los enanos, decíde irse de aventura como el elegido para "negociar" con el dragón.

Es comprensible que, siendo la primera de una trilogía, la película se haya estirado con secuencias que se sienten algo largas. Sale sobrando el cameo de Elijah Wood como Frodo durante los primeros minutos, y no sé por qué pero siempre las secuencias en Rivendell, la luminosa ciudad de los civilizados y tiesos elfos, se sienten, perdonando la ironía, apagadas. Pero en general, The Hobbit es una extraordinaria experiencia cinematográfica, una impresionante aventura que no tiene límites; un testimonio sobre la maestría visual de Peter Jackson y su amor irredento por estos libros.

Es un mundo lleno de personajes fascinantes y terribles, como esos orcos cabalgando enormes lobos,  comandados por un demoniaco y gigantesco orco pálido; repulsivos, como los tres divertidos trolls que sorprenden a nuestros aventureros en medio del bosque; y otros grotescos, como ese rey Duende de papada colgante. Esto incluye toda la subterránea ciudad duende y sus rastreros habitantes. El par de gigantes de piedra (no recuerdo que aparezcan en la novela), peleando y creando una avalancha enmedio de la expedición, son simplemente majestuosos y claustrofóbicos. En tanto, Radagast (Silvester McCoy), ese mago hippioso habitante del bosque, quien parece sacado de alguna novela de The Chronicles of Narnia, es un protector de los animales del bosque. Viaja en un trineo arrastrado por conejos, y se encuentra terriblemente preocupado porque una fuerza obscura, un Nigromante, ha llegado a los alrededores.

Los enanos son personajes interesantes también, muy a su manera. Bilbo se encuentra durante la expedición en un continuo conflicto con Thorin, líder de los enanos. Este último no cree que el hobbit sea digno de acompañarlos en la expedición, en pocas palabras, lo ve como un estorbo. Mientras, Gandalf sigue siendo el sabio consejero, con sus momentos de tensión en su papel de paternal protector de los enanos, y que, como siempre, aparece de último momento para salvar cualquier peligrosa situación.

El mejor de todos, Gollum (Andy Serkis, dando nuevamente voz y movimientos al personaje por el motion capture), sigue robándose todo el número como la obsesiva criatura de doble personalidad. Aquí, reta a Bilbo a un juego de acertijos, durante el cual el anillo mágico cambiará de dueño.

La gran capacidad artesanal, así como los notables avances tecnológicos que los estudios Beta (pertenecientes a Peter Jackson) han tenido desde The Return of the King (producida en el ya lejano 2003) quedan patentes en esta nueva película. Los personajes fantásticos tienen un intrigante y palpable realismo, tanto en su animación como en su modelado y acabado. 

La gran galería de personajes me acabó impresionando más que los pandorianos de Avatar. Mientras el Avatar de James Cameron, si bien entretendida, fue filmada con poca o nula inspiración, en The Hobbit tenemos un sensibilidad visual más marcada en muchos aspectos, superior a la artificialidad técnica de Avatar. Los efectos especiales son más sorprendentes en The Hobbit, y terminé más sumergido y cercano a este mundo.



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