martes, 25 de agosto de 2009

G.I. JOE: THE RISE OF COBRA * *

Una ruidosa pirotecnia visual, mediocres efectos especiales y un guión basado en monótonos flashbacks, son algunas de las características de "G.I. Joe: The Rise of Cobra".

Nunca tuve un juguete o algún muñeco de G.I. Joe. Nunca llamaron mi atención. Lo que sí pude ver algunas veces, fueron algunos episodios de la serie animada en los 1980, y debo confesar que era algo entretenida. Apenas y puedo recordar que el nombre del villano era Cobra y nada más. Viendo ahora la primera adaptación al cine de esta línea de juguetes, creada por Hasbro en los 1960, debo confesar que lo único que consiguió esta pésima película, fue hacerme recordar lo mejor que era la serie animada.

Aunque me declaro un ignorante del universo G.I. Joe, creo que estos juguetes merecían una mejor adaptación al cine. Una adaptación con efectos especiales más creíbles y mejor acabado, y lo principal, un guión que no pareciera la fantasia mariguana de un adolescente fanático de los juguetes.

Sinceramente, G.I. Joe no es una decepción del calibre de The Spirit. Después de todo, uno entra al cine sabiendo a lo que se enfrenta: una estúpida película veraniega, plagada de situaciones inverosímiles, ruidosas escenas de acción donde todo acaba destruido y casi todos muertos (la larga secuencia de persecución en París, por ejemplo), y con un reparto femenino despampanante, físicamente hablando.

Estamos en un universo con mujeres militares hermosas, en el que incluso la rubia y escotada secretaria de un comandante (Dennis Quaid), luce más como una top model que otra cosa. O también, en el que la más bella de todas (al menos para mi gusto), Rachel Nichols, en un momento muy crítico durante el clímax del filme, de pronto saca a relucir un poco creíble conocimiento de la lengua gaélica. Además, Stephen Sommers, realizador de la película, quien ha metido a la mitad del reparto principal de The Mummy (que también dirigió) en forma de cameos inútiles de Brendan Fraser y Arnold Vosloo, nos querrá hacer creer el forzoso y predecible enamoramiento de Shana Scarlett (Rachel Nichols) con el personaje que interpreta Marlon Wayans.

Apenas y vale la pena hablar de la trama, tan esquemática como sus mismos personajes. Ya mencioné a Cobra (Grégory Fitoussi), el villano en cuestión, que tiene intención de apoderarse del mundo. Su plan es hacer uso de la nanotecnología, desarrollada por un escocés (Christoher ”Doctor Who” Eccleston), que consiste en millones y millones de micro robots, altamente destructivos, capaces incluso de viajar por el torrente sanguíneo. Incluso, esta tecnología hará que caiga un icono arquitectónico, pero no será esta vez de Estados Unidos.

La película estará llena de esta clase de gadgets, por demás inverosímiles, como unos trajes sofisticados que convierten a los G.I. Joe en una suerte de máquinas, capaces de correr a gran velocidad y saltar grandes distancias, como se puede ver en la persecución de París, la única secuencia por la que vale la pena la entrada.

Hay una secuencia al inicio que parece no tener nada que ver con la trama, que nos remonta al siglo XVI en Escocia, donde un personaje es torturado al colocarle una máscara ardiendo. En realidad, sí tiene que ver con algo, y es con el hecho de que al final tendremos material para una secuela. No creo que esta primera película, armada como un melodrama predecible a base de flashbacks, de aquellos en donde un triángulo emocional está involucrado, sea un buen comienzo.

++Lo mejor: su bello reparto femenino, Christopher Eccleston (a pesar de su criticado acento escocés), ah, y Snake Eyes, el personaje enmascarado (afortunadamente no dice nada en toda la película).

++Lo peor: Los efectos especiales (el avión de los G.I. Joe parecía de videojuego) y que el final anuncia una secuela.

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