miércoles, 10 de junio de 2009

THE LIFE AND DEATH OF PETER SELLERS * * * 1/2

En "The Life and Death of Peter Sellers", Geoffrey Rush ofrece una de sus mejores actuaciones, encarnando a un Sellers emocionalmente complejo.




Al acabar de ver una extravagancia biográfica como The Life and Death of Peter Sellers (2004), apurada y un poco saturada revisión de la vida de Peter Sellers, uno de los mejores comediantes británicos que haya existido, uno acaba con ganas de revisar buena parte de su filmografía para redescubrir su versatilidad y talento.

La película nos enfrenta con un ser lleno de traumas, problemas emocionales y muchos lados obscuros. Noveno largometraje del realizador jamaiquino Stephen Hopkins, estamos frente a una de las mejores actuaciones de Geoffrey Rush, quien interpreta magistralmente al camaleónico Sellers, sin caer en la sobreactuación. Rush imita la voz, gestos y demás manierismos de Sellers, a tal grado que se adivina el cuidadoso y completo estudio que hizo el actor australiano del comediante, abarcando desde su primera etapa en el programa de radio The Goon Show en la BBC durante los 1950, hasta la actuación que le dio su única nominación al Oscar, Being There (1979), de las actuaciones más serias de su carrera. Being There fue una perfecta representación de lo que sería este actor vaciado emocionalmente y despojado de sus múltiples personalidades.

Para Hopkins Sellers terminó así poco antes de morir, y la cinta es ambiciosa en su intento de aglomerar, en escasas 2 horas, la vida y filmografía de Sellers. Una impecable ambientación y recreación de los escenarios en los que el actor puso pie, siendo delicia y terror de directores como Blake Edwards (John Lithgow), quien conoció lo mejor y lo peor del comediante durante la filmación de su más importante saga fílmica, The Pink Panther, que lo catapultó a la fama internacional con su personaje del inspector Closeau.

De amoroso hijo y padre de familia, la fama y riqueza fueron cegando a Sellers, sacando a relucir tremendos problemas psicológicos, como el distanciamiento de sus padres, la relación edípica que tenía con su madre; las infidelidades, el cinismo y los desplantes violentos hacia su familia que lo llevaron al divorcio de su primera esposa, Anne (Emily Watson) y al final de su matrimonio con la actriz sueca Britt Ekland (Charlize Theron). Su adicción al alcohol y a las drogas lo tuvo siempre entre la vida y la muerte, por el padecimiento cardiaco que cegó su vida en 1980.

Si bien Hopkins peca de una excesiva estilización, la película destaca por su cuidado detalle en la reproducción de instantes memorables en la filmografía de Sellers, como su versátil trabajo en Dr. Strangelove, su primer trabajo junto a Stanley Kubrick, que representa la total caída de Sellers en la inestabilidad emocional. Resulta estupenda la delirante escena en la que Sellers, en un sueño, se enfrenta con sus otros “yo”, mientras lucha contra la muerte. Claro, lo mejor es la actuación de Geoffrey Rush y el cómo se mete en la piel de Sellers y en sus más famosos personajes. Rush narra la gloria y caída de un personaje que no fue víctima más que de sí mismo, y que fuera de cámaras, despojado de sus personajes, era un ser indefenso emocionalmente y propenso a la autodestrucción. Y la pregunta más importante de la película es ¿cuál era el real y auténtico Peter Sellers?, si es que alguna vez lo hubo.

++ El DVD incluye de extras filmografías y entrevistas con el reparto.

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