jueves, 17 de abril de 2008

EL HOLLYWOOD DE AYER: ANGEL AND THE BADMAN * * *

Este western es uno de los más tranquilos de John Wayne, aunque su sola presencia bastaba para dotar de fuerza a la trama. Su personaje, Quirt Evans, perturbaba y hacía temblar al resto del reparto con tan sólo decir su nombre.

En efecto, el enigmático Evans en Angel and the Badman (E.U., 1947), hacia el final, nos dejaba con más preguntas que respuestas. ¿De dónde salió? ¿Porqué todos se quedaban de plástico al escuchar su nombre? Evans había sido un ladrón y pistolero junto a su pandilla, encabezada por Laredo Stevens (Bruce Cabot); quien les quedó mal en cierto trabajito, y se enfrentó a sangre fría con algún alguacil. Pero en el mismo misterio que Quirt Evans transmitía como personaje, radica todo el encanto de este filme, dirigido por el también guionista y novelista James Edward Grant (también trabajó con Wayne en Sands of Iwo Jima y The Alamo).

Cierto día, Quirt Evans llega malherido a la propiedad de la familia Worth, cuáqueros pacifistas y sumamente creyentes, quienes lo auxilian y hospedan en su casa hasta que se recupera. Evans permanece inconsciente, bajo los cuidados de la guapa Penélope (Gail Russell), hija mayor de los Worth y, como es de esperar, se enamora de Quirt.

La estancia de Quirt con la familia Worth, lo volverá bondadoso y hará que auxilie a la comunidad cercana, regresándoles el agua que un tacaño anciano les quitó. Gracias a los Worth y a las soñadoras miradas que Penélope le arroja a cada momento, Quirt terminará siendo un hombre bienhechor y estará del lado de la justicia. Sin embargo, la pandilla de Stevens le está siguiendo la pista y perturbará la idílica paz de los Worth.

James Edward Grant fue un gran guionista de westerns. Este fue uno de sus pocos guiones que dirigió y en él ejecuta bien varias escenas de acción (la persecución cuando la carreta cae al río, el robo del ganado), aunque no le interesaban mucho los tiroteos y muertes violentas. Angel and The Badman es un western con cierto tono de comedia, bien escrito, enfocado más a las emociones y los sentimientos de sus personajes.

La química entre Wayne y la bella actriz Gail Russell (famosa por su alcoholismo y su misteriosa muerte en su apartamento) está conseguido, así como los graciosos diálogos entre Quirt y los Worth, quienes por ser excesivamente creyentes hablan con un estilo de texto bíblico.

De hecho, la esencia del guión de Grant fue el aspecto religioso, lo que significa ser creyente, tener fe y, por otro lado, ser ateo, racional. Como diría el doctor en uno de los mejores diálogos a la señora Worth (Irene Rocho): “¡Ay, ustedes los creyentes!”.

Pues como diría el Duque: “¡Adiós, amigos!”

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