miércoles, 15 de enero de 2020

MARRIAGE STORY



Scarlett Johansson y Adam Driver.
Marriage Story, el más reciente filme de Noah Baumbach, empieza contando los tiempos felices de un matrimonio al borde de la destrucción. Más adelante, descubrimos que las visitas de la pareja a un terapeuta matrimonial no están funcionando del todo bien. Y no pasará mucho tiempo antes de que queramos embarcarnos con ellos en este amargo viaje y hacer algo por ellos.
De lejos, parece que tenemos a la pareja perfecta, hechos el uno para el otro. Nicole (Scarlett Johansson), una actriz y mamá con todo el carisma del mundo, que irradia alegría hasta por los codos, y que es además una buena peluquera, se encuentra en un punto crucial de su carrera: la filmación de una serie de ciencia ficción; Charlie (Adam Driver), su marido, es un director de teatro con su propia compañía teatral con oficinas en Nueva York, por lo que todos sus proyectos tienen lugar en esa ciudad. El problema -al menos uno de ellos-, es que el trabajo de Nicole está en Los Angeles, por lo que las dificultades de su vida matrimonial, así como las decisiones que tengan que ver con la crianza de su único niño (Azhy Robertson), tendrán mucho que ver con el factor geográfico de "costa a costa".
Con Noah Baumbach sucede algo muy parecido como cuando uno ve una película de Woody Allen, adivinas inmediatamente que estás viendo una película de ellos. La dirección de fotografía (Robbie Ryan, director de fotografía en Marriage Story), de colores suaves y deslavados, es inconfundible en el cine de Baumbach. Su diseño de producción también es magnífico, y todo se conjunta para crear una película indie que te lleva de inmediato a recordar otra película, que toca también el tema del divorcio de forma devastadora y que destaca por su apabullante autenticidad, Kramer vs. Kramer (1979). No sería descabellado pensar que Baumbach pudo haberla tomado como principal fuente de inspiración. Adam Driver luce como un joven Dustin Hoffman, y además el peso en la trama de Marriage Story se centra principalmente en la historia de Charlie, en su lucha por llevar todo el proceso, junto a Nicole, lo más pacíficamente posible, sin afectarse mutuamente.
La película toma un sorpresivo giro cuando Nicole consiga a una excelente abogada (Laura Dern, genial) para llevar el caso, irradiando seguridad, fuerza, y total profesionalismo desde que aparece en pantalla. Mientras, para Charlie las cosas irán de un color algo más gris, debido a las dificultades económicas para poder pagar un buen abogado (Ray Liotta), teniendo que recurrir a uno más acorde a su bolsillo, interpretado por Alan Alda. El abogado encarnado por Alda, de más edad, y que en comparación parece más humano y terrenal al hablar de todo menos de números y tarifas, termina convirtiéndose más en una figura paterna para Charlie que otra cosa. Pero es una lástima que Alda desaparezca muy pronto de la historia en la segunda mitad, y no volvamos a saber de él.
El propósito de llevar todo de la manera más amistosa será algo imposible, acabando todo convertido en algo cercano a una guerra, llena de ataques mutuos, golpes bajos, lágrimas y dolor. La escena en la nueva casa de Charlie, en donde ambos tienen su mayor discusión, es excelente, tanto por su economía de medios y minimalismo (al tener lugar todo en un sólo espacio), como por las excelentes actuaciones de Driver y Johansson.
Lo curioso, es como Baumbach trata de que Marriage Story no termine siendo un drama tan amargo y doloroso al mismo nivel de Kramer vs. Kramer, a pesar de que su intención es, como en aquel filme, alcanzar un gran nivel de autenticidad y realismo. Hay tintes de comedia esparcidos aquí y allá (Julie Hagerty, como la mamá de Nicole, está fabulosa), y muy lejos, en el fondo, los abogados están llevando la verdadera guerra por Nicole y Charlie. Ellos, con todo y saber que su matrimonio es insalvable, siguen demostrándose afecto y cariño la mayor parte del tiempo. De los mejores filmes del año.
⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️

No hay comentarios:

Vistas de página en total