jueves, 15 de octubre de 2009

INGLOURIOUS BASTERDS * * * * *

En "Inglourious Basterds", Quentin Tarantino reescribe la historia del Tercer Reich, de una forma paródica, violenta y que homenajea al cine en su muy particular manera.

Después de un periodo letárgico luego del irregular díptico Kill Bill, en el que vimos películas experimentales y paródicas, como Death Proof y Grindhouse, Quentin Tarantino está de regreso con Inglourious Basterds (2009). Y lo hace -no podría ser de otra manera- nuevamente con intenciones experimentales y paródicas, sumergiéndose ahora en el subgénero de las películas “What if…?”, es decir, películas que, basándose en hechos históricos, proponen una versión alterna, el qué hubiera sucedido si ciertos hechos hubieran seguido otro camino.

Inglourious Basterds es la mirada de Tarantino a la Segunda Guerra Mundial, los Nazis y el Tercer Reich. No lo hace con el rigor histórico que uno podría esperar. Tarantino ha afirmado en entrevista, que odia las biopics y películas históricas. En Inglourious Basterds, Hitler no muere en su bunker, sino en un atentado exitoso junto a Goebbels. No está planeado con una operación llamada “Valkyrie”, sino la operación “Kino”, y todo ocurre dentro de un cine. Porque por difícil que pueda parecer, Inglourious Basterds es un homenaje al cine antiguo de los años 1930 y 1940, con menciones especiales a Leni Riefenstahl (la cineasta favorita de Hitler y el Tercer Reich), así como G. W. Pabst. Incluso, hay escenas con montones de posters de películas, unas reales y otras salidas de la imaginación de Tarantino.

La película, salida de un guión que Tarantino escribió en la década de los 1990, que se quedó estancado hasta que lo rescató hace un par de años, está formada por un par de historias paralelas, narradas con un vigor sorprendente. Aunque luce inspirada en The Dirty Dozen (de Robert Aldrich, producida en 1967), la película nunca pierde sentido ni fuerza, con una idea argumental de lo más políticamente incorrecta: un escuadrón formado por soldados judeo-americanos (los “Inglourious Basterds“, del título), comandados por Aldo “The Apache” Raine (Brad Pitt), se embarcan hacia la Francia invadida por Hitler, con un solo propósito: matar nazis y cortarles el cuero cabelludo. Es una suerte de resistencia “apache”, en el que no cabrá la piedad para todo nazi que caiga en sus manos.

Es la historia “oficial” contada por un Tarantino que juega mezclando géneros, usando de fondo una, como siempre, ecléctica banda sonora, con mucho Ennio Morricone. Si bien Tarantino deseaba que Morricone compusiera una banda sonora original, parece que el compositor italiano no pudo cumplirle y aquel tuvo que conformarse con buscar música del antiguo Morricone. La película abre con “The Green Leaves of Summer”, de Dimitri Tiomkin y Paul Francis Webster, en la secuencia de créditos, para luego iniciar con una escena que, a pesar de estar ambientada en la campiña francesa, no deja de sentirse como inspirada en un spaghetti western. Luego, la película se convierte en una mezcla de historia de espionaje, parodia política, con ese caricaturesco retrato de Hitler (Martin Wuttke) y melodrama. Este arranca con la historia de una niña francesa, Shosanna, que huye de morir asesinada, y acaba convertida en la guapa propietaria de un cine (Mélanie Laurent), donde para colmo, Goebbels quiere estrenar su primer largometraje, protagonizado por un supuesto héroe de guerra (Daniel Brühl, genial hablando un perfecto francés).

Lo mejor, es que Tarantino huye de los clichés. Sus nazis están interpretados por auténticos alemanes y el “villano” de la historia es un austriaco, Christoph Waltz. De hecho, la verdadera estrella no es Brad Pitt, sino Christoph Waltz, quien se roba la película como el coronel Hans Landa. No hay nazis interpretados por británicos, como siempre sucede en el cine de Hollywood. La película, apegándose a un paradójico realismo, está hablada en alemán, inglés, francés y algo de italiano.

Sin revelar mucho de la historia, diré nada más que, después de una larga escena dentro de una cantina (inspirada por igual en el western), con diálogos largos y entretenidos como sólo Tarantino sabe escribirlos, la mejor escena tiene lugar al final, dentro de un cine en llamas. El cine acaba convertido en un infierno, en donde vemos montones de celuloide quemándose. Uno puede preguntarse ¿Tarantino querrá decir con esto, simbólicamente, que el cine tradicional está muerto? ¿Su próxima película será en formato digital?

Lo mejor: Christoph Waltz, como un genial detective nazi, que gusta de beber leche y de los buenos postres.
Lo peor: Que nos faltó ver morir también al Dr. Josef Mengele, y quizás también a Heinrich Himmler.

2 comentarios:

Pandy dijo...

I liked it but the blood scenes were a bit too much for me! haha but i indeed give credit to that Nazi detective, he made me hate him so much!

Àlex Frias dijo...

Maybe you haven't seen Kill Bill Pandy, hahaha, there's even more blood in the first movie.

In fact, Christoph Watlz's performance is the best in the movie. A great villain!

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