miércoles, 27 de agosto de 2008

LOST IN TRANSLATION * * * *

El encanto que Sofía Coppola imprime a su película, proviene mucho de la escuela del Hollywood de antaño, de la fórmula de aquellas antiguas comedias románticas: juntar a dos personajes, que se encuentran pasando por una crisis emocional, en un escenario extraño, lejano y que parece pertenecer a otro mundo, es decir, la ciudad de Tokio. Es probable que estos dos personajes, provenientes de Norteamérica, jamás se hubieran conocido en los E.U.

Bill Murray, con seguridad, enfrenta uno de los papeles más demandantes de su carrera en Lost in Translation (2005), que es interpretarse a sí mismo en una versión deprimida, como un actor famoso que se encuentra filmando un comercial en Japón para una marca local de whisky, muy a su pesar. Lo gracioso del asunto, es verlo (como el título del filme indica) perdido entre un montón de gente a la que no entiende nada. La única traductora que tiene es pésima. Su salvación para el aburrimiento y el hartazgo vendrá cuando conozca a una atractiva chica (Johansson), no menos aburrida al tener que vivir encerrada en la habitación del mismo hotel, ya que su esposo (Giovanni Ribisi) se encuentra rodando un videoclip musical.

Coppola cuenta una historia de amor imposible entre dos seres que de todas maneras se entienden, se caen bien, se gustan, a pesar de que él tiene edad como para ser su padre. Junto con ellos descubriremos rincones de Tokio, en sesiones de karaoke y programas de televisión ridículos, restaurantes de sushi y otras suculencias raras, locales de videojuegos donde reina el ruido, calles con anuncios espectaculares de dinosaurios caminando, etc., pero también de parques y plazas donde reina la tranquilidad. Parece que estamos viendo un falso documental sobre Tokio, un personaje más en este filme.

Desde ese largo plano inicial de créditos, que muestra en todo su esplendor el derriére de la Johansson recostada en su cama, sospechamos que Sofia Coppola se encuentra realizando un ejercicio estético peculiar, evidente en la gran fotografía de Lance Acord. Scarlett no es una especie de “Lolita”, sólo un ser frágil que se encuentra buscando un poco de compañía, lo mismo que Bob, el personaje de Murray, quien dentro del mar de emociones y confusión en el que se encuentra, casado y con hijos, mantiene una respetuosa y casi paternal distancia frente a ella. El suspenso de la historia reside en ver si pasará o no algo entre ellos.

Ahí está la sutileza en el relato narrado por Coppola, en contar no una historia de amor físico, sino uno platónico, basado en la complicidad y amistad íntima que se va formando entre Bob y Charlotte, ambos bien interpretados por Johansson y Murray, este último robándose el filme gracias a su capacidad para improvisar.

++ Existe disponible una edición austera y otra especial con estuche metálico. Esta última contiene de extras: "Lost" en el lugar del rodaje, Matthew´s Best Hit TV, vídeo musical: City Girl de Kevin Shields, escenas inéditas, conversaciones con Bill Murray y Sofia Coppola, y un libro de 16 páginas

4 comentarios:

Ad Ayin dijo...

Esta fue una de las pocas películas de las que salí muy emocionado y esperanzado. Tal vez el momento cumbre es la platica que tienen cuando estan acostados en la cama (donde él le explica que todo lo que esta sufriendo, pasara... aunque no lo crea ni tantito, desea que al menos a ella le pase)

Excelente reseña, película, actores, todo. Jeje, soy bien fan (es que soy bien fan de un buen de cosas y películas)

Aunque no me queda claro porque mencionas que es un ejercicio estetico. Creo tener mi interpretación, pero ¿podrías profundizar en eso?

Àlex Frias dijo...

Coincido contigo Ad, es una de las mejores escenas, y claro, también me parece excelente la despedida que tienen en plena calle.

A mi modo de ver, el cine de Sofia Coppola es un ejercicio estético, como lo demostró en Maria Antonieta hace poco, un filme muy experimental por cierto. En Lost In Translation, el ejercicio estético está en su estilo de filmar y de ofrecernos un punto de vista de Tokio que no habíamos visto antes, en la manera en que aprovecha texturas, colores, sonidos e incluso la música. En muchos planos fijos también, inspirados en el cine japonés clásico (las escenas del bar, por ejemplo). Todo ello es un ejercicio estético, el efecto plástico de sus imágenes, como en Maria Antonieta.

En fin, profundizar más está fuera de este espacio, pero es básicamente a lo que me refiero en la reseña.

Bargalloneta dijo...

Buf! Sorry però se m'havia escapat aquesta crítica!!
A mi la filla Coppola ja em va sorprendre a Las vírgenes suicidas, on d'una manera magistral ens explicava una història terrible que no tothom va entendre.
Aquesta Lost in translation, em va aribar al cor, profunda en sentiments i en imatges, la tendresa que projecten els dos personatges entre si, em va semblar un exercici interpretatiu brillant i això que el Murray no el soporto i aquí em va encantar!

Àlex Frias dijo...

A mi no tot del Bill Murray m'agrada Mònica, pero no et va agradar a Groundhog day, amb la Andie MacDowell, és genial aquesta comedia. Crec que Murray, des de aquesta peli de Sofia Coppola, ja va per altres camins interpretatius, més dramátics i seriosos, i com comentas, va per bon camí.
Salut!!

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