miércoles, 28 de mayo de 2008

CLÁSICOS DE CLÁSICOS: LES DEMOISELLES DE ROCHEFORT * * * * 1/2

Les Demoiselles de Rochefort (Francia, 1967), es un viaje más al colorido y musical mundo de Jacques Demy, luego de su éxito con Les Parapluies de Cherbourg (1964). Demy trajo de regreso a su protagonista, la bella Catherine Deneuve, quien conservaba su aire inocente, triste y vulnerable, al interpretar a una maestra de música y baile.

La acción del filme tiene lugar en otra pequeña población de Francia, la ciudad portuaria de Rochefort, en una enorme plaza donde se ubica una cafetería. En la película, Rochefort es una explosión de color, y la inspiración de los musicales de Hollywood era clara. Participaban (doblados al francés) George Chakiris (protagonista unos años antes del emblemático musical West Side Story/1961) y, por si fuera poco, Gene Kelly, ya con un rostro que evidenciaba madurez, pero ejecutando impresionantes pasos de baile. El realizador muestra un gusto por los estilizados y majestuosos números musicales estilo Hollywood: espacios llenos de bailarines y extras, ambientados en estrechas calles o en espaciosas plazas. Sin embargo, ni Chakiris ni Kelly tenían un protagonismo de peso en la historia.

El personaje de Catherine Deneuve, Delphine, está en búsqueda del pintor que realizó su retrato de memoria, y que se encuentra colgado en la galería de su insufrible novio, el cual está decidida a dejar. A su alrededor, un conjunto de historias se iban desarrollando, dando forma a un grupo de personajes tocados por la música, la nostalgia de amores pasados y por una tristeza que no iba del todo acorde al espíritu festivo que se respira en cada espacio.

Una canción escrita por Solange (Francoise Dorléac), amiga de Delphine, abría la película de una forma intensa, con un plano secuencia que iniciaba con un baile en la plaza, hasta llevarnos a la ventana donde las chicas dan clases a un grupo de niñas. La canción será el romántico leit motiv, y el pretexto para el encuentro-desencuentro de su autora con el “hombre de su vida”. De ahí, conoceremos a la dueña de la cafetería (Danielle Darrieoux), una atractiva mujer madura y solitaria, madre de Solange; el dueño de una tienda de música (Michel Piccolli), triste por una mujer que lo dejó al irse a........ ¡Acapulco!; un par de chicos sin oficio ni beneficio más que el bailar y conquistar chicas (George Chakiris y Grover Dale); un famoso pianista de gira por Europa (Gene Kelly), y un romántico y confundido marino, Maxence (Jaques Perrin), añorando reencontrarse con Delphine,... la guapa rubia que pintó alguna vez.

Demy deja varias escenas antológicas, homenaje al musical hollywoodense, como aquella en la que Kelly se junta con otros dos marinos para recorrer una calle cantando y bailando, al estilo del clásico On The Town (Stanley Donen-Gene Kelly, 1949), o esos bailes que Chakiris y Dale llevan a cabo dentro de la cafetería, con un enorme dominio del espacio.

Dentro de esta encantadora e inocente historia romántica, entretenida y cómica, se alcanzaba a colar la historia de un asesino en serie, que mantenía a la población en estado de emergencia. En el equilibrio de cada historia y lo bien que se ligaba una con otra, quedaba patente la maestría de Jacques Demy en la dirección de sus actores, de su gran habilidad para los emplazamientos y movimientos de cámara, junto a una magnífica, versátil e irreprochable dirección musical: jazz orquestado, baladas románticas, etc. ¿Se puede pedir algo más?

2 comentarios:

Joel Meza dijo...

Ah, me vas a hacer que deje de posponer mi re-suscripción a netflix, Alex (de ahí saqué Los Paraguas de Cherburgo, hace algunos años). No la he visto y leyendo tu reseña, se me queman las habas.

Àlex Frias dijo...

Te la recomiendo Joel, no te arrepentirás si te gustó Los Paraguas de Cherbourgo. Catherine Deneuve...preciosa como era en esa época. Saludos!

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