lunes, 10 de marzo de 2008

DVD: CASSANDRA'S DREAM * * * *

En los últimos años, Woody Allen ha seguido una constante casi como maquinaria de reloj: a una película notable y que roza la maestría, por ejemplo, Match Point (2005), le sigue otra más relajada, cómica, sin muchas pretensiones más que entretener, por ejemplo, Scoop (2006), en la que él actuaba y traía de regreso a Scarlett Johansson (actriz de ambos filmes). La fórmula sigue en pie, con la reciente Cassandra’s Dream (E.U.-Reino Unido,2007), tercera película ambientada en Inglaterra, que sin llegar a rozar la maestría de Match Point, es de todas maneras una gran obra del cineasta judeo neoyorkino. Su próxima película, Vicky Cristina Barcelona, a estrenarse este 2008, dará continuidad a la fórmula con lo que parece ser una nueva comedia, entretenida y relajada, filmada en Barcelona y que traerá de regreso a Scarlett Johansson.

Por ahora, Cassandra’s Dream es, con seguridad, uno de los filmes de Allen, digamos, más “masculinos”, protagonizada por unos magníficos Ewan McGregor y Collin Farrell, interpretando a un par de hermanos pretenciosos, despilfarradores y deseosos de cumplir sus sueños. Es cierto, Woody regresa con los temas que siempre le han inquietado: el dinero, la riqueza y la muerte, en un melodrama cercano a la sobriedad de Match Point, dejando de lado como en esta el jazz por una orquestal banda sonora de Philip Glass, y coqueteando con una trama que toma prestados elementos del film noir y el thriller de suspenso.

Ian (Mc Gregor) y Terry (Farrell), deciden comprar entre los dos un barco, de manera impulsiva, que poco o nada necesitan y al que bautizarán como Cassandra’s Dream. El primero administra el negocio familiar, un restaurante, pero desea ir más allá e invertir en el negocio de la hotelería, con unos inversionistas californianos; mientras, el segundo y menor, trabaja en un taller de autos y tiene una debilidad por el juego y las apuestas. Cuando Ian conoce a una joven y atractiva actriz de teatro (Hayley Atwell) hará lo que sea para impresionarla, como pedirle prestado a Terry los lujosos coches deportivos que compone en el taller.

Los problemas llegarán para Terry, angustiado por una enorme deuda de juego, e Ian, tratando de conseguir dinero para su añorada inversión, cuando vendan literalmente su alma al diablo, un acaudalado tío (Tom Wilkinson) de California, dispuesto a ayudarles económicamente si estos matan a cierto productor de cine, que podría desprestigiarlo con unas declaraciones comprometedoras. La escena donde se lleva este “pacto”, debajo de un enorme árbol, en una tarde lluviosa y discurso del tío de por medio sobre el honor y deber familiar, es por igual dramática y cómica, de las más potentes del filme.

Los hermanos empezarán a revelarse sus caras ocultas, uno de ellos, Terry, representando el típico personaje alleniano, a punto del colapso nervioso, inestable emocionalmente. Ian y Terry llegan a parecer miembros de algún clan mafioso, manipulados a su antojo por el tío. En ese sentido, la realización de Allen tal vez no sea nada atractiva en su forma, pero sí en su admirable narración, con un suspenso creciente y un desempeño notable de su sólido reparto.

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