viernes, 29 de febrero de 2008

CLÁSICOS DE CLÁSICOS: LIMELIGHT * * * * *

“Si alguien vuelve a decir ‘como en los viejos tiempos’, lo arrojo por la ventana”, le dirá a Calvero su enfadado compañero de escena, mientras se maquillan en el camerino para salir en la que será la última actuación del anciano comediante. En realidad, quien pronuncia estas sugerentes líneas es Buster Keaton, y se las dice a quien fuera su más grande y sano contrincante cinematográfico, Sir Charles Chaplin, en una escena que, junto a su posterior número cómico, vale por todo el filme. Vemos a estos dos titanes del cine cómico interactuar amistosamente, sin que nada o nadie lo pueda impedir, cuestionar.

Keaton y Chaplin ofrecieron hacia al final de Limelight (Estados Unidos, 1952), una exquisita demostración de profesionalismo y virtuosismo histriónico, en un divertidísimo sketch homenaje de Chaplin a su más grande época en el cine mudo, donde dos torpes músicos intentan ejecutar, inútilmente, una pieza musical.
A la larga, Limelight, más que una oportunidad para ver a Keaton y Chaplin divertirse en su primera y única actuación juntos, fue ver también a Sir Charles en plena forma para seguir ejecutando sus rutinas de comedia física. Puede considerarse a Candilejas como uno de los filmes más importantes de Chaplin, junto a The Kid (1921), The Gold Rush (1924), City Lights (1931), Modern Times (1936) y The Great Dictator (1940), para ir gradualmente en declive hasta el que sería uno de sus mayores fracasos en A Countess from Hong Kong (1967).

Chaplin además dirigió, escribió, produjo, coreografió y compuso la banda sonora de Limelight, en la que destaca el tema principal del mismo nombre, que se hizo famoso con el paso del tiempo y llegó a ganar el Oscar a la Mejor Música. La historia gira en torno a Calvero (Chaplin), un retirado y avejentado comediante de teatro voudevil, atrapado en las redes del alcoholismo por la nostalgia de los viejos tiempos, cuando era uno de los favoritos del público. Calvero depende de la botella para ser realmente gracioso en escena. Siente que si no toma un par de tragos, no podrá ofrecer lo mejor de sí mismo a la hora de tener que enfrentarse al público.

Un buen día, en la casa de huéspedes donde vive, salva a su joven vecina de morir intoxicada con gas. Luego de enterarse que la chica, Terry (magnífica Claire Bloom), intentó quitarse la vida por no lograr sobresalir en su carrera de bailarina, decide tenerla a su cuidado hasta que, primero, las piernas de Terry vuelvan a responderle por el bloqueo mental que sufre, y segundo, retome exitosamente su carrera como bailarina.

Chaplin, a sus sesenta y tres años, demostraba que todavía era capaz de hacer comedia física, a través de un excelente guión, que era una suerte de apología personal en torno a su carrera como actor, a sus habilidades de comediante, especialmente en aquella escena en la que le cuenta a Terry sus triunfos del pasado y cómo la gente simplemente lo olvidó.

Junto a la gran fotografía de Karl Struss (que ya había colaborado con Chaplin en The Great Dictator), al magnífico diseño de arte (las escenografías del teatro), las coreografías y los arreglos musicales de Raymond Rasch, destacaba una compleja y arriesgada narración de Chaplin, con numerosos flash-backs, y efectos visuales como el back projection, para crear la ilusión de que la historia estaba ambientada en las calles de Londres.

Varios familiares de Chaplin, como su hijo Sydney (el pianista enamorado de Terry) y sus hijas Victoria y Geraldine (en la escena que abre el filme, cuando Calvero entra borracho al edificio), participaron en la película, que puede verse también como una retrospectiva confesionaria y semibiográfica de Chaplin, una inteligente reflexión en torno al cambiante y, la mayoría de las veces, ingrato mundo del espectáculo. Chaplin ofrece una de sus actuaciones más honestas, completas, íntegras; resulta conmovedor, de una dignidad avasallante y, por supuesto, sumamente divertido.

Además, Calvero es uno de sus personajes más poderosos, que a su edad todavía se daba el lujo de encontrar el amor (“ese viejo suertudo”, le dirá un rico productor teatral) en Terry, sacrificarse por ella y rechazarla por el bien de su talento, que no merecía desperdiciar su juventud en un “viejo payaso que ha pisado y conocido todos los escenarios del mundo”.

2 comentarios:

Joel Meza dijo...

Ah, la tengo que ver. Este fin de semana, si no pasa otra cosa, la saco en blockbuster.

Àlex Frias Haro dijo...

Joel, estás a punto de ver una de las obras maestras de mi admirado Chaplin. Ojalá, cuando la veas, regreses para comentarla.
Hasta pronto!

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