viernes, 25 de enero de 2008

CLÁSICOS DE CLÁSICOS: TO SIR, WITH LOVE * * * *

Sydney Poitier interpretó uno de los maestros más memorables del cine en To Sir with Love (Reino Unido, 1967). La importancia de esta película, es que sirvió como modelo para los melodramas escolares de las dos últimas décadas, como The Death Poets Society (Weir, 1989), Dangerous Minds (Smith, 1995), The Emperors Club (Hoffman, 2002), Los Coristas (2004), entre otras. Poitier llevó a cabo el reto de interpretar al maestro Mark Thackeray dignamente, en un trabajo que merecía, por lo menos, una nominación al Oscar, pero fue rotundamente ignorado, aunque no despreciado por la crítica. Incluso, en 1996 se produjo una secuela para televisión, también protagonizada por Poitier, que no he podido ver, pero que pasó sin pena ni gloria.

La trama de la primera película, dirigida por el australiano James Clavell, giraba en torno al desempleado Mark, un ingeniero negro proveniente de la Guyana Británica, que debe tomar por necesidad un puesto de maestro dentro de una escuela para estudiantes problema. Será mucho lo que Mark tenga que enfrentar, no nada más un grupo de jóvenes indisciplinados, groseros y rebeldes, sino comentarios racistas en torno al color de su piel, e indiscreciones de todo tipo. Sin embargo, lejos de usar la fuerza con sus conflictivos alumnos, el estoico Mark, sea por la necesidad de conservar su empleo, sea porque para él representa un reto tomar por las riendas al grupo, soportará todo apenas mostrando un gesto de incomodidad y enfado: ruidos, bromas escandalosas, faltas de respeto, etc. Hasta que Mark decide llevar a cabo un experimento.

Lejos de parecer que la novela de E.R. Braithwaite, libro en el que está basada la película, tenga un intencional discurso revolucionario, por el hecho de que Mark tire los libros a la basura y considere inútil la enseñanza académica a sus incorregibles estudiantes, el realizador intenta transmitir un mensaje de soberana paciencia, que la letra no entra con sangre, sino tratar de entender a fondo los problemas de cada uno de los chicos: hogares conflictivos, pobreza, el trabajo combinado con el estudio para ayudar a sus familias.

Así, Mark empezará por hacerse amigo de sus estudiantes, les propondrá que cada día se trate el tema que ellos quieran. Les hablará de la familia, del matrimonio, de sexo, de relaciones sentimentales. Mientras, los chicos bombardearán a Mark con preguntas sobre su vida personal y su pasado, armándose así una muy interesante interacción entre el improvisado maestro y su grupo. La actuación de los jóvenes actores resulta magnífica (la mayoría de ellos debutantes), y en ese sentido, destaca la actuación de Judy Geeson como la guapa rubia Pamela, que se enamora platónicamente de Mark, o Christopher Chittell como el “rebelde sin causa” Potter, que le pondrá las cosas difíciles a Mark desde el principio.

Después de titánicos esfuerzos para ganarse a sus estudiantes, Mark logra convertirse en su amigo, y lo más importante: enseñarles modales, darles bases para convertirse en adultos modelos en el futuro. La actuación de Poitier es de las mejores en su carrera, un papel interpretado con fuerza, en una película que, contrario a lo que pueda parecer, huye de los discursos moralizantes, aleccionadores y chantajistas, para ofrecer un sensible reflejo de problemáticas estudiantiles, que no cambian con el paso de los años.

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